El polemista francés Maurice Joly (1829-1878) debió pasar a la historia como un ingenioso autor de sátiras contra Napoleón III. Uno tiene el tamaño de los adversarios que elige. Muchos años más tarde, en la Rusia zarista sale publicado en 1903 algo llamado Los protocolos de los sabios de Sión. Allí se describe un plan de los judíos para tomar el mundo, con tal lujo de detalles que muchos -demasiados- lo toman como verdadero. Así en los años ’20 del siglo pasado, Henry Ford sostenía la existencia de ese complot global en base a las descripciones minuciosas que había -debe ser verdadero-, y por supuesto no podía faltar una referencia en el “Mein Kampf” de Adolf Hitler. Dos cosas son ciertas: la falsedad de Los protocolos… fue probada al constatar que eran una copia del Diálogo de Maquiavelo y Montesquieu en los infiernos, un panfleto antibonapartista autoría de Maurice Joly en 1864, y en segundo lugar que la práctica del antisemitismo necesitaba un marco teórico. Ya sabemos a donde llevó eso. Al día de hoy, ¿tiene uno el tamaño de las fake news que propaga? Después de todo, es la era del algoritmo.
Eso parece creer Marco Rubio, secretario de Estado de los Estados Unidos. En efecto, el 16 de Julio pasado reunió a una sesentena de setentones de diferentes países en una reunión ministerial sobre “la resurgencia del terrorismo político”, para explicar la gran conspiración que la izquierda prepara desde América Latina para asaltar al estilo de vida norteamericano. Es con mucho pesar que debemos comunicarle que ambas cosas no existen. La primera, porque jamás estuvo en la intención de ninguna revolución de Nuestra América intentar jamás modificar la que sea en los Estados Unidos, y la segunda porque el estilo de vida estadounidense ya no existe. Es mas un “estilo de muerte”, como lo muestran hoy en las ciudades donde cazan a los distintos hasta en los países que bombardean.
“Nuestra doctrina antiterrorista tiene un punto ciego”, dice Rubio. De esa falta de luz surge la amenaza de “la violencia extremista de la izquierda política”. La realidad de tal peligro está confirmada por quienes dicen que es una fantasía de la extrema derecha o una conspiración fascista, cuya inexistencia es subrayada “por la academia y las universidades” -que vendrían a ser lo mismo, pero vayan a explicárselo al Rubio. También hay “instituciones” (¿cuáles?) que propagan el dogma que tal peligro no existe, quizás en base a que no hay tal cosa. Pero el secretario de Estado de los Estados Unidos no precisa de mayores constataciones o contrastes con la realidad para afirmar que estas amenazas deben ser desbaratadas, en tanto son “violencia y terror organizados”. Quizás el hecho de amenazar con combatir cosas que no tienen realidad sea otra modalidad del imperialismo, que pondrá la etiqueta de “terrorista político” con quién se le ponga enfrente. O sea, el mundo -menos las élites coloniales, claro. Encima Rubio afirma un atentado neonazi será castigado con justicia por la opinión pública, mientras que un atentado marxista será tratado con benevolencia. No queda claro si condena a los atentados o justifica a los nazis.
Estos nuevos «Protocolos de los zurdos» que enuncia Rubio son tan falsos y dañinos como la falsificación original. Pero Rubio nos dice que el terrorismo político izquierdista está de nuevo entre nosotros, invisible, inasible, inevitable. “Sabemos como derrotarlo, porque ya lo derrotamos, y lo derrotaremos otra vez”. ¿Doctrina de la Seguridad Nacional, tal vez? Esto se vuelve preocupante. Para cumplir ese “deber sagrado” están los militares, las agencias de inteligencia, las oficinas de antiterrorismo, la policía. Esto ya es peligroso. Como en toda argumentación aburrida, toma casos particulares de personas asesinadas para mezclarlo con porcentajes y fabricar una prueba contundente. Mezcla a Tupamaros, Montoneros, Sendero Luminoso, FARC, ELN con las Panteras Negras, Brigadas Rojas y el grupo Baader, todo para ponerlo en relación con los disturbios en las ciudades norteamericanas luego del asesinato de George Floyd. Así que la totalidad de la amenaza es traída al presente, sin más pruebas que los dichos. Ya sabemos a dónde llevó eso.
La ceremonia de Marco Rubio no puede ser peor para nosotros, habida cuenta que nos promete noche y niebla (¡otra vez!) sobre la base de realidades anteriores que ya son hechos históricos, pero también impacta en Estados Unidos. En efecto, no sólo porque amolda la realidad a los propios prejuicios, sino que lo que busca Rubio es estar mejor posicionado en las internas del Partido Republicano para ver quién sucede a Trump. En cualquier momento lo acusa a J.D. Vance, el vicepresidente, de ser un poco zurdito por esa barba corta que ostenta. Así parece que nos encontramos en una carrera hacia el poder -de manejar la lapicera- entre un tipo que mandan a arreglar con Irán (sic) y otro que quiere someter aún mas a la América Latina.
Como sea, es preocupante la confusión que manifiesta Marco Rubio entre el pasado y el presente, lo imaginado y lo real, lo probable y lo imposible. Esa manera de construir poder imperial le hubiera arrancado carcajadas al mismísimo Maurice Joly. Cuidémonos pues de los infiernos.