El movimiento transfeminista es el que en los últimos años de los que más se enfrentaron al neoliberalismo de Mauricio Macri y al liberalismo fascista de Javier Milei. Las consignas y la modalidad de las movilizaciones se construyen en asambleas que rotan en convocatoria y protagonismos.
La socióloga Luci Cavallero es referenta de Ni Una Menos y desde hace años contribuye para mantener la transversalidad de la asamblea. En Tiempo Argentino analiza los debates que hoy están latentes en el transfeminismo a semanas del 8M, el estado de situación de las mujeres y diversidades populares y cómo es posible mirar un futuro en un país donde todo parece caerse a pedazos.
-¿En qué momento está el movimiento transfeminista?
– Es un momento en el que debemos tener el objetivo de aportar a una cierta revitalización de la lucha popular. Este gobierno acelera y busca permanentemente inocular impotencia en los movimientos. Sobre todo a los que todavía conservamos repertorios y metodologías de otro tiempo, de cuando estas élites que nos gobiernan no habían acelerado tan decididamente un proyecto de aniquilación de la vida.
Frente a eso, el movimiento transfeminista tiene que tener como primera pregunta cómo aportar metodologías, formas de tramar, de tejer, que sumen a la lucha del pueblo en general. Qué acumulamos en todos esos sentidos estos años como maneras de hacer, de politizar y de convocar a la gente en espacios que en general las estructuras tradicionales no llegan.
-¿Qué debates se están dando dentro del movimiento transfeminista en este contexto?
-Hay grandes debates. Uno de ellos es cómo seguir hablando de paro. En 2016 nos aparecía la discusión sobre la imposibilidad de parar. Eso nos llevó a discutir muy fuerte por qué las compañeras de la economía popular son trabajadoras y cómo podían inventarse formas de parar aún si no estaban sindicalizadas o con esos derechos laborales. Esa, que era una gran pregunta en el 2016, hoy se volvió una condición generalizada. Frente a eso, la Asamblea Feminista tiene que poder discutir, qué significa que cada vez menos personas puedan parar y cómo el ejercicio de decir «paro» se convierte en una discusión política: por qué hoy no se puede parar, qué otras maneras hay de parar y cuáles son las infraestructuras colectivas que necesitamos para poder parar. Sobre todo en este contexto.
La reforma laboral que se votó en el Congreso es justamente quitarle el derecho a huelga a los pocos sectores de la clase trabajadora que aún lo tienen. Por lo tanto, es imposible asumir la idea de «el no paro». Porque hay que mostrar la importancia del derecho a interrumpir la explotación en todos sus niveles algorítmicos, financieros, de cuidado, de trabajo no remunerado. La segunda gran discusión tiene que ver con cómo se para la asamblea feminista en relación a la inmovilidad de ciertas dirigencias sindicales y dirigencias políticas.
-Pasaron diez años del primer paro de mujeres y se atravesaron muchos momentos en el país, ¿en qué se fortaleció el transfeminismo?
-Muchas veces se desconoce el trabajo de sostener a pesar de los conflictos, a pesar de la pandemia, a pesar de la crisis económica y a pesar de que muchos movimientos han descartado la asamblea como metodología. Muchas compañeras nos decían «yo vengo de la Asamblea feminista porque mi espacio de trabajo no hay asambleas» o «lo que puedo decir acá no lo puedo decir con mi sindicato o con mi gremio». Muchas mujeres lesbianas, travestis y trans que no tienen ningún espacio donde hablar sobre lo que opinan o sobre qué deberían hacer para generar un sentido de pertenencia a un espacio o una construcción colectiva. La asamblea se sostuvo por un esfuerzo de feminismo transversal. Se consolidó una metodología que después se replicó en otros movimientos a veces y me parece que hay que valorar esa asamblea. Y para valorarla tiene que estar politizada. Es decir, no puede ser un espacio burocrático, sino que tiene que ser un espacio donde se pueda hablar efectivamente de cómo reforzar y repolitizar las luchas del presente.
-¿Cómo se transmiten al resto de la sociedad estos debates transfeministas?
-Tuvimos momentos de mayor y menor implicación masiva, hay consignas. En todos estos años el movimiento se conformaron asambleas en todo el país, en escuelas, en universidades. Ahora tenemos que enfrentar muchos obstáculos porque hoy hay un borramiento comunicacional de las mujeres. Primero enfrentamos toda la primera etapa del gobierno de Milei, donde fuimos el chivo expiatorio para que el gobierno de Alberto Fernández no tuviera que dar cuentas por la inflación y por haber acordado con el Fondo Monetario. Pero el mayor problema que estamos enfrentando es que tenemos una población que no puede participar políticamente. Acá la principal disputa es la del tiempo. Este gobierno viene a quedarse con el tiempo para la organización política, con el tiempo para la reflexión, para el arte, y para el disfrute. Y creo que el movimiento feminista fue un movimiento que, cuando habló de paro, disputó el tiempo: paramos para nosotras, paramos para parar la explotación de la deuda y del trabajo no remunerado.
El gobierno habló muchas veces de desmontar materialmente la posibilidad de militar. Destruir a las docentes que estaban organizadas, apartar el transfeminismo del activismo sindical, a las que estaban en CONICET, a las que estaban en la universidad. Si hoy tenemos un movimiento feminista que tiene dificultades para convocar es porque estamos hablando de mujeres que están en sus casas sosteniendo todo lo que el Estado deja de hacer. O que ya incluso no les conviene salir a trabajar, porque tomarse un colectivo a veces les es más caro de lo que les van a pagar. El Estado está privatizando en las familias el trabajo de cuidado, se está retirando de la educación. Se extiende la jornada laboral para las mujeres, que ahora hacen changas, venden en plataformas y además, están endeudadas.
-¿Se pueden instalar esos debates?
– Tenemos que ir hacia un proceso profundo de democratización de las organizaciones donde la discusión por las condiciones materiales para la participación política esté en el centro. Esta motosierra criminal saca a las mujeres de la política porque son las que se quedan en la casa haciendo malabares para sostener la economía doméstica. Necesitamos asambleas en todos lados. Necesitamos discusión y formas de participación política accesible para la gente.
La crisis y el endeudamiento de las mujeres
-Desde Ni Una Menos vienen denunciando el endeudamiento de las trabajadoras y mujeres de los barrios populares desde fines de 2023, ¿cómo es la situación hoy?
-Sí. Venimos intentando hacer con muchas otras organizaciones y sobre todo al interior al movimiento feminista, un proceso de politización del endeudamiento doméstico. Se masificó desde que el Fondo Monetario está en Argentina. El plan de ajuste que empezó en 2018 bajó fuertemente la capacidad adquisitiva de los ingresos populares. Eso en el gobierno de Milei se recrudeció. Otro punto de inflexión fue la pandemia, cuando aparecieron las fintech como proveedoras de crédito y subió el endeudamiento derivado del aumento de la especulación inmobiliaria del alquiler. Mucha gente se empezó a endeudar para pagar el alquiler. Estamos en una situación límite. Nosotras estamos trabajando desde la organización Movida Ciudad (de CABA) en un encuentro federal de desendeudamiento, con equipos de acompañamiento para personas endeudadas.
Cuando el gobierno de Milei decía «vamos a estabilizar la economía», lo que hicieron, en realidad, fue anclar el salario para que crezca menos de la inflación. Al mismo tiempo, desregularon los principales precios para sostener la economía doméstica: alquileres, servicios públicos, salud, educación, celulares y todo eso se transformó en una fuente de deuda. Una bola de endeudamiento. Hoy crecen sin parar los préstamos obtenidos a través de Mercado Pago, Uala y demás. Crece el prestamista informal en los barrios. Pensemos que en los barrios no hay liquidez. El gobierno aplicó un ajuste brutal y no hay circulante. Y muchas veces ese circulante está concentrado en formas de economías ligadas a cierta criminalidad que son las que ofrecen hoy financiamiento y trabajo.
-¿Cómo se trabaja sobre eso?
–Hoy la deuda es un problema que organiza lo social. Tiene también una función política de individualizar en cada casa los costos del ajuste estructural. Milei, con su idea de meritocracia y con su idea de sacrificio, lo que está proponiendo es deuda. Deuda para vivir. Y muchas veces las personas endeudadas sienten que estar endeudadas es un índice de fracaso individual. Lo que tenemos que hacer como movimiento es seguir colectivizando la deuda como problema de todos y de todas. Y sobre todo, denunciar sus causas estructurales: los salarios que no alcanzan y los principales precios de la economía, desregulados.
-Junto con esta crisis económica se ve un aumento de femicidios, ¿cómo se vinculan ambas cosas para debatir y confluir en las luchas colectivas?
–Es muy importante el concepto del proceso. El movimiento feminista no es el mismo del 2015 ni empezó en el 2015. En el primer grito Ni Una Menos había un claro rechazo a la violencia machista sin evidenciar sus relaciones con causas estructurales. El movimiento luego fue complejizando ese diagnóstico de las violencias a lo largo de los años, incluyendo la precarización laboral, la brecha salarial, el trabajo no reconocido de las trabajadoras comunitarias, el endeudamiento, la violencia institucional contra las migrantes y contra las mujeres trans. Siempre hubo una tentación de hacer un movimiento, de dividir a las víctimas de la violencia de género con los espacios de discusión, donde se trata de confrontar las causas estructurales de ese nivel de violencia que hoy padece nuestra sociedad. Y en esa tensión siempre estuvimos. No es algo que está solucionado, pero sí hubo momentos en donde eso se conjugó de manera virtuosa, como fueron los paros internacionales.
Tiene que haber un ejercicio de conexión constante. Habrá quienes se sientan más cómodos y a gusto con un discurso encapsulado en la denuncia de la violencia. Nosotras apostamos a una permanente denuncia de las razones estructurales de por qué la violencia crece en nuestro país. Un país donde no se puede separar la violencia de género, del acceso a la vivienda, del endeudamiento, de la desregulación de la economía, de la reforma laboral que va a incrementar la violencia laboral y los abusos en el trabajo. Se va concentrar poder en los patrones y con eso, impunidad. Va a hacer mucho más difícil que una trabajadora se sienta en condiciones de denunciar un abuso sexual o un abuso de cualquier tipo en el trabajo.

-¿Qué salidas posibles le ves a esta situación?
-Una profunda democratización de las organizaciones. Discusión al ras de la vida cotidiana, de los problemas de la gente, ¿cuáles son las condiciones materiales que necesitamos para la participación política? Esta sociedad del pluriempleo y de plurideuda que estamos viviendo tiene que ser el principal problema de las organizaciones políticas.
Después creo que hay que barajar y dar de nuevo. Hay que impulsar momentos de balance sobre las estrategias que tuvimos hasta ahora. Qué otras maneras vamos a encontrar para enfrentar un gobierno que está apoyado en el imperialismo más genocida y que está trabajando en muchos niveles: en el nivel digital, en el ahogo material de la población para que no pueda participar en política y en la represión. También creo que hacen falta conversaciones a la altura de lo que estamos viviendo. No hay que caer en un derrotismo. Ellos buscan cambiar las relaciones de poder como no lo pudieron hacer en toda la historia. Por ejemplo, la reforma laboral es una ley, y como ley también se puede derogar y puede venir otra ley. Pero para eso necesitamos no depositar todas las energías en las elecciones que vienen, sino desde ahora enfrentarnos y organizar dispositivos concretos para enfrentar la explotación y la obediencia que quieren implementar en todos los ámbitos de la vida.
Y por supuesto, tenemos que hablar del futuro. Y el futuro es construir una propuesta que no puede tener las mismas caras. No puede tener las caras de la traición. Tuvimos movimientos masivos y muchas expresiones innovadoras en los últimos años y eso todavía no se reflejó. Necesitamos dirigencias que hablen de los problemas cotidianos de las personas. Es muy importante que nosotras hagamos una contra pedagogía en todos los ámbitos. Necesitamos fomentar la desobediencia y no dejar que se cristalicen nuevas relaciones sociales de mayor explotación.