El 5 de marzo se estrena en las salas argentinas Nuestra tierra, el nuevo largometraje de Lucrecia Martel. Se trata del quinto film de la realizadora salteña y su regreso al cine después de Zama, tras un recorrido que incluyó presentaciones en festivales internacionales y premios en el exterior.
El documental parte de un hecho real: el asesinato de Javier Chocobar, referente de la comunidad indígena Chuschagasta, ocurrido en 2009 durante un intento de desalojo en el norte de Tucumán. El crimen, registrado en video y difundido en internet, funciona como punto de partida para reconstruir la larga espera judicial que atravesó la comunidad hasta el juicio, que recién se concretó en 2018.

Martel y una investigación profunda
A lo largo de catorce años de trabajo e investigación, Martel combina imágenes aéreas del territorio con testimonios de sus habitantes para cuestionar las versiones oficiales construidas a partir de expedientes, mapas y archivos. Más que un relato judicial, la película propone una reflexión sobre la disputa por la tierra y sobre las formas en que se narran la historia y la identidad argentinas.
El estreno mundial tuvo lugar en el Festival Internacional de Cine de Venecia y luego integró las programaciones de Festival Internacional de Cine de Toronto, Festival Internacional de Cine de San Sebastián, BFI London Film Festival —donde obtuvo el premio a Mejor Película—, además de funciones en Nueva York, Río de Janeiro, Gijón y Morelia.

Con guion coescrito junto a María Alché y una duración de 122 minutos, Nuestra Tierra continúa la línea de trabajo de Martel, centrada en el sonido, el paisaje y las tensiones políticas del territorio. Después de títulos como La ciénaga, La niña santa y La mujer sin cabeza, la directora vuelve a un cine que combina observación y ensayo para abordar conflictos sociales desde una mirada personal.