El presidente Emmanuel Macrón está decidido a enterrar el pasado colonial de Francia y a disculpar el oscuro papel que cumplió la nación gala en su historia reciente, aunque desde una visión edulcorada de algunos de esos momentos. En una histórica visita a Kigali, dijo que reconocía “las responsabilidades” en el genocidio registrado en 1994 en Ruanda, un hecho de barbarie en el que interpretó que el Estado francés “no fue cómplice”, por más que “dejó demasiado tiempo que el silencio prevaleciera sobre el examen de la verdad”.

Recibió el agradecimiento del presidente ruandés, Paul Kagame, que tildó ese acto de “inmensa valentía” pero el titular de una organización de sobrevivientes de aquella matanza, que dejó más de 800.000 muertos, masacrados entre abril y junio de 1994, Egide Nkuranga, destacó que Macron no presentó verdaderas disculpas. “Ni siquiera pidió perdón”, lamentó Nkuranga.

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“Solo aquellos que cruzaron la noche pueden perdonar, darnos el regalo de perdón”, dijo en tono vaticano el mandatario francés. Lo esencial de ese discurso en la capital ruandesa los subió luego a su cuenta de twitter.

Con este acto, Macron restableció relaciones entre ambas naciones y se comprometió a nombrar en brece un embajador. Ibuka, de la ONG Ibuka, crítico del tibio acercamiento del inquilino del Elíseo, admitió sin embargo que “ha intentado realmente explicar el genocidio y la responsabilidad de Francia. Es muy importante, demuestra que nos entiende”.

Macron se suma al pedido de perdón del papa Francisco, que en marzo de 2017 -él sí- pidió “el perdón de Dios por los pecados y faltas de la Iglesia y de sus miembros, entre ellos sacerdotes, religiosos y religiosas, que cedieron al odio y a la violencia, traicionando su misión evangélica”.

Francisco pide perdón

Los que nunca asumieron las culpas por la matanza de la mayoría de la población Hutu sobre la minoría Tutsi fueron los medios de comunicación y periodistas, que exacerbaron el odio sin medir sus consecuencias. Un informe “Los medios y el genocidio”, publicado por el Centro Internacional de Investigación y Desarrollo de Canadá en 2007 bajo la edición de Allan Thomspon, recuerda al que fuera secretario general de la ONU, Kofi Annan, cuando señaló que “los medios de comunicación fueron usados en Ruanda para diseminar odio, para deshumanizar a la gente, y más aún, para guiar a los genocidas hacia sus víctimas”.

El tenebroso papel de los medios


Una investigación realizada por historiadores franceses al mando de Vincent Duclert, demostró con evidencias eso que siempre se mencionó sobre el papel de los países europeos en esa tragedia”. “Francia tuvo responsabilidades pesadas y abrumadores”, puntualiza el dossier. “El (entonces) presidente (socialista) François Mitterrand y su entorno estaban cegados ante la deriva racista y genocida del gobierno hutu, que París apoyaba entonces”, destaca a continuación.

En marzo pasado, Macron abrió los archivos clasificados sobre la guerra de Argelia, el proceso de liberación del país árabe, colonia francesa en el norte de África desde 1830. Las matanzas y el modelo de represión centralizado del ejército francés, que no pudo impedir la independencia argelina, fue utilizado por los represores argentinos en la época de la dictadura bajo la instrucción y en algunos casos supervisión de “expertos” franceses que ya habían estado en Vietnam y habían tenido que huir en 1954 tras la derrota en Dien Bien Phu.

La guerra de Argelia