Entre los días 18 y 23 de enero el MST –el movimiento social más grande del continente y con más influencia a nivel mundial– realizó su Encuentro Nacional, al que asistieron más de 3.000 dirigentes y militantes campesinos de todo el país. Desde Argentina viajó Marta Greco, ingeniera agrónoma, educadora y delegada del Movimiento Nacional Campesino Indígena – Somos Tierra. Al igual que la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) y otras organizaciones rurales, integran junto al MST la Vía Campesina Internacional. Tiempo Rural dialogó con ella.
El objetivo del encuentro fue “evaluar las líneas políticas de la organización, revisar e implementar el programa de Reforma Agraria Popular –definido en el último congreso del MST en 2014–, evaluar los desafíos estratégicos y definir las acciones para el próximo período, incluyendo las elecciones de este año”, según explicó Síntia Paula Carvalho, de la dirección nacional de la organización.
Se trata de un contexto político de peso, porque en octubre Brasil realizará sus elecciones presidenciales. El actual presidente Lula Da Silva, que aspira a ser reelecto, estuvo presente en el Encuentro para brindar su apoyo a las luchas campesinas y lograr, a su vez, el acompañamiento a su candidatura. Del evento participaron delegaciones internacionales, con el doble fin de solidarizarse con el MST y a la vez tomar nota de los debates y las líneas de acción de un movimiento que siempre fue una referencia para las luchas campesinas de todo el continente.
T. R.: –El MST acaba de reafirmar, en su Encuentro Nacional, la «lucha por la Reforma Agraria Popular». ¿Qué implica en concreto esa definición hoy en Brasil?
Marta Greco: –El programa de Reforma Agraria Popular es una construcción colectiva de muchos años de organización y praxis del MST, que tiene como objetivo fortalecer la lucha por la tierra y promover el protagonismo campesino. Los principales pilares de ese programa colocan varios puntos: 1) democratizar la tierra para todos y todas las personas que quieran trabajar y vivir en el campo; 2) concebir las semillas como la base de la agricultura, por lo que deben estar al servicio de la humanidad y no del control económico; 3) la defensa del agua, entendida como alimento de la naturaleza que beneficia a todas las personas; 4) la organización de la producción y comercialización de los alimentos basados en la cooperación agrícola; 5) el desarrollo de una matriz energética diversificada que esté al servicio de la población; 6) la masificación de la agroecología; 7) el desarrollo de una política agrícola y políticas públicas que apunten garantizar el acceso a los medios de producción; 8) exigir educación en el campo donde se universalice el acceso de la educación básica, primaria, secundaria y universitaria; 9) valorar la cultura y arte de quienes habitan el campo, los conocimientos locales de cada región, la gastronomía, las festividades, como elementos fundamentales de la identidad y unidad de las comunidades; 10) garantizar a toda la población los servicios de salud e impulsar un sistema público y estatal de calidad.

T. R.: –En el Encuentro estuvo el presidente Lula, quien saludó las candidaturas de los sin tierra en las próximas elecciones parlamentarias. ¿Hay allí una doble estrategia, de lucha por la tierra y lucha por espacios políticos?
M. G.: –Sí, claramente. El MST planteó desde hace varios años, como definición colectiva, que la militancia asuma un rol en las instituciones del Estado, en el parlamento y en todos los espacios institucionales para impulsar el programa de Reforma Agraria Popular.
T. R.: –Distintas organizaciones de Argentina integran, junto al MST, la Vía Campesina Internacional. Estas definiciones tomadas por el movimiento más grande del continente, ¿pueden influir a los movimientos campesinos de nuestro país?
M. G.: –El MST ejerce una referencia histórica a nivel regional e internacional. Han construido un método para su praxis política del cual nos hemos nutrido muchas organizaciones y movimientos. Compartimos instancias de estudio, de aprendizaje, de reflexiones que contribuyen profundamente a nuestras organizaciones.
Un aprendizaje que también nos debe interpelar es la articulación, las alianzas y unidad que construye el MST. En estos momentos, creo que es un desafío de las organizaciones y movimientos de nuestro país poder mirar colectivamente la coyuntura nacional e internacional y poder delinear posibles estrategias en pos de construir un proyecto nacional y popular.
T. R.: –¿La consigna de la Reforma Agraria Popular se puede aplicar en Argentina?
M. G.: –El eje de Reforma Agraria Popular, como concepto, es impecable. Aunque la realidad agraria brasilera y argentina es distinta, sí tenemos en común la disputa del modelo agrario, el agronegocio, y por eso la propuesta de la Reforma Agraria Popular para las organizaciones campesinas es un eje aglutinador.