Con el vértigo de las decisiones que se ejecutan rápido. Todo ocurrió en pocos días: el alejamiento de Manuel Adorni, el triple abrazo con Javier Milei y su sucesor Diego Santilli inmortalizado por las cámaras, la noticia de que había renunciado a su puesto en el directorio de YPF. El paso de Adorni por la administración pública tuvo un desenlace tan abrupto como simbólico. Con el alejamiento formalizado, la Casa Rosada confía en recuperar la iniciativa y el control de la agenda parlamentaria. 

El encumbramiento de un ¿ex? PRO como Santilli, por otro lado, parece haber tranquilizado la convivencia con el socio amarillo. ¿La coalición oficialista se ordena mientras el campo opositor discute hasta asomarse al abismo de la fractura?

Una primera lectura del presente, en efecto, debe hacer foco en Santilli y en las nuevas tareas que se le encomendaron: el flamante jefe de Gabinete tiene como prioridad indiscutible suspender las PASO para entorpecer el agrupamiento opositor. Pero además deberá prevenir cualquier desprendimiento de una disidencia electoral que exprese al polo más ‘republicano’ del tándem LLA-PRO. 

Javier Milei y Diego Santilli

Algo como lo que buscó representar Esteban Bullrich en su reciente carta pública, un mensaje dirigido al titular del partido Mauricio Macri. 

Milei, en los últimos días, buscó escenificar su liderazgo en el arco de la derecha. Asistió a los festejos por el 4 de julio en la residencia del embajador Peter Lamelas, donde incluso ambientaron el lugar con retratos suyos. Además, quiso mostrar que mantiene el control: se exhibió expansivo y sonriente en el Salón Blanco de la Casa Rosada, ante gobernadores como Raúl Jalil (Catamarca) y Martín Llaryora (Córdoba), testigos privilegiados de la jura de Santilli. 

Aun así, la primacía de Milei sobre su propio sector no está asegurada.

Así lo advirtió, por caso, la analista de opinión pública Shila Vilker, de la consultora TresPuntoZero. En diálogo con Tiempo, sostuvo que la confluencia del electorado que supo votar por Milei y contra Sergio Massa representa hoy un interrogante. No descartó, incluso, que los votantes que convergieron en el balotaje del ‘23 se vayan distanciando; que se produzca algún tipo de desprendimiento en el polo de la derecha. 

“La gran pregunta para el oficialismo es cómo retener la jefatura de todo ese espacio, ya que hoy tiene fuga de votantes. Los más críticos son los que votaron a (Patricia) Bullrich. Porque está claro que ahí (por el espacio oficialista) no hay algo homogéneo: están el mundo violeta (por LLA) y el mundo amarillo (PRO). Y el mundo amarillo, que es un mundo republicano, está un poco más crítico. Tiene una identidad no tan asimilable al mundo violeta”, analizó Vilker. Y agregó: “La gran pregunta para el oficialismo es cómo llega al 2027: ¿integrado o desintegrado?”

Milei recupera imagen positiva tras la salida de Adorni pero el escenario es complejo para el oficialismo

La imagen inestable de Javier Milei

En cuestión de números, la aprobación de Milei parece haber repuntado. O, en todo caso, atravesó el peor momento; un tobogán declinante que coincidió con los cien días de escarnio motorizados por los consumos y el incremento patrimonial del exjefe de gabinete. 

Vilker, que monitorea humores sociales a través de los estudios de Alaska Comunicación y TresPuntoZero, contó que desde hace un par de semanas ven al gobierno mileísta “en situación de recuperación”. Incluso, precisó, “desde antes de lo de Adorni”, la renuncia que el exvocero hizo pública el sábado 27 de junio, mediante una carta. 

“Nosotros fuimos los primeros que dijimos cuando (el gobierno de Milei) tocó los 33 puntos. Detrás nuestro empezaron a aparecer un montón de consultores que veían algo similar. Lo tuvimos así durante más o menos un mes, con valores oscilantes entre 33 y 34 puntos. Todo eso fue alrededor de mayo. Pero en junio volvió a recuperar. Y hoy sigue en ese proceso, de recuperación. En nuestra última medición lo tenemos en torno a 40 puntos de aprobación”, se explayó. 

Esa ligera recuperación, de todos modos, no anticipa una reelección ni la continuidad del programa mileísta pero con otra figura. Pero tampoco significa que a Milei le aguarde una derrota inexorable. 

“Los 40 puntos de aprobación, a priori, no se trasladan mecánicamente a voto. Sin embargo, lo que vimos en la elección (legislativa) del ’25 es que (Milei) logró un voto similar a su aprobación. Para sintetizar: el que está dispuesto a aprobar su gestión es porque está dispuesto a votarlo, llegado el caso. Aunque no es algo automático. Además, hoy no hay campaña (electoral) de por medio”, amplió Vilker.

Si este cuadro se mantiene hasta las presidenciales, se entiende por qué el gobierno muestra tanta urgencia en modificar las reglas electorales -convertir las PASO en optativas, suspenderlas en el próximo turno o habilitar colectoras que cuelguen de un mismo candidato-. En la Casa Rosada saben que Milei necesita ganar en primera vuelta: si la puja se resolviera en balotaje, es probable que el arco antimileísta termine unificándose y respaldando a su principal competidor (el ‘retador’ en términos boxísticos). 

“En los números que manejamos nosotros (de un hipotético balotaje) Milei pierde pero muy ajustado: 51% a 49%. Es una moneda al aire. Lo hemos llegado a tener con una pérdida más amplia pero ahora, insisto, es una moneda al aire. Nosotros estamos evaluando el escenario contrafáctico: con Sergio Massa, con Axel Kicillof; evaluamos escenarios con otros opositores”, reveló Vilker. 

En tren de segundas vueltas, esta semana trascendió que en Casa Rosada revisaron entre cinco y ocho sondeos elaborados por distintas encuestadoras. En todos ellos Milei aparecía en desventaja para un eventual balotaje. 

Consultada sobre la polarización y sobre el desenlace que imagina para el proceso electoral, Vilker matizó y pidió cautela: “Falta un montón para las elecciones y (Milei) tiene 40 de imagen positiva a más de dos años y medio de gestión… No es poco en medio de una situación tan crítica en lo político y en lo económico.”

Por último, la titular de TresPuntoZero dijo tener una convicción arraigada sobre lo que ocurrirá con la oposición en los próximos meses. En el ámbito del PJ, dijo, no prevalecerá la fragmentación. 

“Si hay una mínima luz sobre el horizonte que anticipe que el peronismo puede ganar las elecciones, entonces no va a terminar dividido. Porque es difícil imaginar que termine fragmentado si puede disputar exitosamente la elección. Si no ve esa chance, ahí sí es probable que se empiece a fragmentar… para ver quién es el mejor y recorrer luego caminos divergentes”, deslizó.