Nadie dentro del gobierno puede hablarle a Javier Milei sobre el futuro de Manuel Adorni. El presidente de la Nación, quien antes de encabezar el acto por el Día de la Bandera en Rosario pasó diez días completamente aislado en la Quinta de Olivos y sin agenda de trabajo pública, está preocupantemente irascible. Quienes lo frecuentan y dialogan con él dan cuenta que el jefe de Estado adoptó una postura casi infantil sobre el caso e ignora, no figurativamente, a quien intenta hacerle entrar en razón. Un capricho que nadie logra comprender con exactitud. Pero algo cambió en las últimas 72 horas. La duda es cómo evolucionará.
El viernes, el golpeado jefe de Gabinete pasó más de seis horas en la residencia presidencial. La convocatoria estaba agendada desde hacía varios días y fue trascendida por los equipos de comunicación de gobierno como un “desayuno de gestión”, que se terminó extendiendo hasta la merienda. El líder libertario quiso enviar un nuevo gesto de apoyo a su ministro coordinador, a quien le volvió a prometer su contención. Después de horas de charla económica, el jefe de Estado le comunicó las buenas nuevas a su amigo: Adrián Ravier será su reemplazante en la vocería oficial.
Aunque la incondicionalidad de Milei sigue intacta -este sábado se mostró junto a Adorni en el acto por el día de la Bandera en Rosario-, el presidente entendió, después de más de cien días de escándalo, que Adorni se convirtió en un yunque para la comunicación de su gestión. En las últimas semanas, el oficialismo consiguió una nueva baja en el índice de inflación y una caída histórica del Riesgo País, que llegó a niveles de 2018. Ninguna de las pocas alegrías de la gestión de Luis Caputo pudo ser capitalizada por el oficialismo, puesto que los extravagantes gustos en decoración ocuparon las primeras planas de todos los medios. El golpe de timón era más que necesario.
La elección del diputado de La Pampa fue sólo de Javier Milei. Ni su hermana Karina ni su asesor Santiago Caputo, quien esta semana amagó con salir a dar charlas de comunicación política en un nuevo paso hacia la marcospeñalización de su figura, estuvieron involucrados en el recambio comunicacional que impulsó el primer mandatario. Toda una novedad para un líder que hace gala de su mesa tripartita. Algunas versiones dicen, incluso, que ambas terminales se enteraron junto con el resto de los mortales sobre la elección. De ser así, nadie quiso reconocerlo.
Quienes lo conocen califican a Ravier como un liberal orgánico. Después de años de chicanas, el economista logró trabar una fluida relación con el ahora presidente, quien habría justificado su elección en la lealtad unilateral que el pampeano tiene para con él. Para Milei la llegada de un agente externo y deliberadamente aislado de la interna agotadora entre su hermana y su asesor es clave para romper la dinámica belicosa que se concretó entre ambos. Aunque no faltó el tiempo para que los dos campamentos intentaran quedarse con su tutela, desde el minuto cero se aclaró que “es hombre de Milei.”
El diputado es presidente de La Libertad Avanza en La Pampa, instancia que le valió la construcción de un contacto fluido con Eduardo “Lule” Menem, mano derecha y armador nacional de Karina. También, ejerce como director académico de la Fundación Faro, el think tank caputista que dirige el divulgador Agustín Laje y cuyos aportes económicos están siendo investigados por la Inspección General de Justicia por orden del ministro karinista, Juan Bautista Mahiques. Este martes el presidente encabezará una charla en la usina libertaria de la que también participará Ravier en la que será su primera aparición pública luego de su nombramiento todavía no rubricado en el Boletín Oficial.
Lo más probable es que Caputo y su séquito estén presentes en el edificio donde Karina nunca es bien recibida. El asesor y el presidente mantienen desde hace tiempo una dinámica extraña. Pese a considerarlo su hermano del alma, Milei redujo su contacto con su gurú para evitar incomodar a su hermana. Para cortar el deshielo, las charlas, los interlocutores de mensajes de cariño y los retuits siempre son una buena opción. El león, además de herbívoro, se volvió un equilibrista profesional. ¿Será esta habilidad suficiente para frenar la embestida legislativa? No hay tanta fé.
Esta semana, después de dos años de absoluto letargo, el Congreso hizo tronar el escarmiento al Ejecutivo. El miércoles, Patricia Bullrich pasó más de dos horas encerrada con Martín Goerling (PRO); Eduardo Vischi (UCR) y Carlos “Camau” Espínola (Provincias Unidas) para negociar aplazar por una semana la sesión que el propio gobierno había convocado en el Senado para el jueves pasado. La intención era tratar el cuestionado proyecto de Propiedad Privada con el que se busca flexibilizar la venta de tierras a extranjeros. Pero la posibilidad de que la oposición logre juntar los números necesarios para avanzar contra Adorni obligó al oficialismo a barajar y dar de nuevo. La nueva fecha límite es el 25 de junio, día que la cámara alta tratará la interpelación del favorito de Karina.
La sobrevida que consiguieron las espadas políticas de la gestión -las llamadas de Diego Santilli a los gobernadores y el diálogo continuo de Ignacio Devitt y “Lule” Menem fueron claves para poder posponer la sesión- fue, en rigor, el último aviso institucional de la oposición para Javier Milei. Pese a las manifestaciones públicas, los aliados y dialoguistas hicieron saber que no tienen intenciones de avanzar con la destitución del ministro coordinador a través del mecanismo que habilita el artículo 101 de la Constitución.
Gobernadores y legisladores saben que inaugurar esta metodología, ingresada a la carta magna en 1994 y hasta ahora nunca utilizada, podría sentar un precedente más que complicado para los gobiernos venideros y nadie quiere tomar tal riesgo. Por eso, al igual que ocurre puertas adentro de la gestión libertaria, los aliados quieren que la resolución sea política y exigen una salida a la altura: que la salida de Manuel Adorni sea firmada sólo por Javier Milei. Hay una mala noticia. No lo va hacer. Al menos en los plazos que plantea el Congreso.
El presidente, quien desde el comienzo se puso al hombro la defensa del jefe de Gabinete, no solo está absolutamente convencido de la inocencia de su amigo, también cree que el protagonismo que su funcionario tiene en los medios ininterrumpidamente desde hace más de tres meses se debe a una operación política montada por la oposición para desestabilizar su gestión. Ésta no es la primera vez que el jefe de Estado tiene pesadillas destituyentes. La misma teoría se elaboró luego de la elección de septiembre del 2025 en la que el peronismo logró imponerse por más de catorce puntos en las legislativas de la Provincia de Buenos Aires.
Por eso repite cada vez que puede que “no va a entregar” a su ministro coordinador. Nadie dentro del gobierno se atreve a confirmar si esta dinámica podrá sostenerse por mucho más tiempo. Pero hay algo claro: Javier Milei quiere volver a recuperar el control de su gestión. «
