Calificadoras y bancos de inversión, que siguen elogiando al gobierno, han comenzado a deslizar ciertas dudas sobre la posibilidad de que la economía (y el humor social) mejoren de aquí a las elecciones de 2027. Como preocupación de fondo está el denominado “riesgo político”, es decir, que se elija a una administración nacional de otro signo y se abandone el sendero de ajuste y desregulación que se transita desde el inicio de la actual gestión.

No se puede pasar por alto, sin embargo, que las causantes principales de que los ingresos y el consumo se sigan deteriorando son las propias políticas del gobierno, entre ellas las de achique fiscal y apertura importadora. Está en su naturaleza: es el actual modelo el que imposibilita que la actividad se dinamice. Podría darse incluso el caso de que la economía crezca, motorizada por unos pocos sectores, pero que así y todo no derrame sobre el resto.

Para la Unión Industrial Argentina (UIA) se habría registrado una caída de la actividad del sector del 5% interanual en mayo, y del 0,8% con relación a abril. Más allá de mejoras puntuales de algún rubro, la tendencia sigue siendo a la baja.

Según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), desde noviembre de 2023 a marzo de este año cerraron 26.448 empresas. En el mismo lapso 314 mil asalariados registrados perdieron su empleo (datos del Sistema Integrado Previsional Argentino). No es probable que esta situación cambie si se siguen aplicando las mismas políticas.

Las últimas estadísticas fiscales que el gobierno festeja muestran que en los cinco primeros meses del año se registró un superávit primario del 0,7% del PIB y del 0,2% para el financiero (incluye los pagos por intereses de la deuda). Producto de la menor actividad y de la baja de alícuotas de impuestos, los ingresos se redujeron en términos reales un 4,3% interanual, más que el gasto público, que se contrajo un 2,2 por ciento Si bien se cumple con las metas fiscales del programa con el Fondo, los costos se siguen acumulando. Es la lógica del ajuste interminable.

Por su parte, como es sabido y reconocido hasta por el propio FMI, el superávit fiscal tan promocionado no sería tal sin la emisión de letras capitalizables, cuyos intereses no pasan por el cuadro de resultados sino que directamente generan nueva deuda. El endeudamiento es otro de los componentes necesarios para que los números cierren.

Como era previsible, los funcionarios saludaron la aprobación de avales y garantías de organismos internacionales y agencias multilaterales, que permitirían “movilizar” (así se define) algo más de U$S 3.000 millones con financiamiento privado y acceder a los mercados de capital.

Adicionalmente, el gobierno y los mercados esperaban la publicación de un informe de Morgan Stanley anticipando una reclasificación al alza de la deuda soberana a la categoría de “frontera”. Muchos inversores se entusiasmaban con que la nueva calificación posibilitaría en el corto plazo la llegada de un flujo importante de inversiones hacia el país, especulativas probablemente. Sin embargo, aunque resta conocer la revisión de este 23 de junio, Morgan Stanley mantuvo sin cambios su evaluación sobre la economía argentina, con lo cual, parece difícil que se incorpore a nuestro país al proceso de revisión para el alza de la categoría.

En este marco no a todos les va mal. En mayo se alcanzó un nivel récord de ventas al exterior y de superávit comercial. En cuanto a las exportaciones, las mismas están impulsadas por el complejo agrícola, aunque continúa creciendo la energía y sus derivados, así como el oro y el litio. Son sectores que tienen muy pocos encadenamientos con el resto de la economía.

Los datos de importaciones también sirven para ver la naturaleza del modelo. En el acumulado de los primeros cinco meses de este año, se observa una caída interanual en las cantidades importadas del 10,8%, con bajas en todos los rubros vinculados a la producción, como los bienes de capital, sus piezas y accesorios, o los bienes intermedios. Suben en cambio las compras de bienes de consumo y vehículos automotores de pasajeros: es decir, los grandes afectados son la producción y el empleo local.

Por su parte, si bien los dólares no llegan, las promesas en el marco del RIGI se siguen sumando. Recientemente se aprobó el mayor proyecto minero para el Régimen, que contempla desembolsos por U$S 9.700 millones en una primera etapa y que podría alcanzar los U$S18.000 millones en la próxima década. A cambio se ofrecen amplios beneficios, que van desde una reducción de la alícuota del Impuesto a las Ganancias del 35 al 25 por ciento, devolución acelerada del IVA, eliminación de derechos de exportación a partir del segundo año, flexibilización de las restricciones cambiarias y estabilidad fiscal y regulatoria durante cuatro décadas.

Cabe preguntarse, ¿qué es lo que va a quedar en nuestro país de toda esa riqueza extraída? Parece que muy poco, casi como regalar los recursos naturales.

Correlación de fuerzas

La solución a muchos de nuestros problemas pasa por el desendeudamiento, no por conseguir más deuda. Para ello es preciso retomar otro modelo que permita que la economía y la recaudación impositiva crezcan y que el equilibrio fiscal no se tenga que resolver con un ajuste interminable. Implica todo un cambio de paradigma que está fuera de los libretos y de las consideraciones del manual neoliberal, seguido hoy en Argentina en versión extrema.

La administración mileísta cuenta con el apoyo de Estados Unidos, aunque ello es parte de una estrategia regional, en la disputa por la hegemonía que mantiene con China. El gobierno de Donald Trump no ha dudado en otorgar préstamos a nuestro país, a la vez que posee los votos necesarios en los organismos multilaterales para que éstos apuntalen financieramente a la actual administración.

A cambio de ello, el FMI pide por el aumento del Impuesto a las Ganancias a los trabajadores y por la eliminación del monotributo para que todos los que están en dicho régimen pasen al general (y paguen más impuestos). También por la ampliación del RIGI para que sea más generoso para los inversores. La enumeración podría seguir. En la medida que el gobierno continúe avanzando en esa línea, Trump lo va a seguir respaldando.

En este contexto, desde la política, ciertos sectores podrían pensar que la situación está tan atada a la opinión de los mercados y a los compromisos de la deuda, que hay que tratar de trabajar en un programa alternativo pero que “no asuste mucho” a la ciudadanía, para que las propuestas eviten generar zozobra, impactar en el dólar o hacer descarrilar la economía.

Este temor puede estar basado en lo que efectivamente ocurrió con el apoyo de Trump para que La Libertad Avanza gane las elecciones de octubre del año pasado. Crearon el fantasma de que el 27 de octubre el país volaría por los aires y así lograron influenciar en los votantes, sea porque se entusiasmaron o porque se asustaron.

Lo reconocieron el presidente de Estados Unidos y el secretario del Tesoro, al hacer referencia a que ayudaron al gobierno argentino a ganar las elecciones, ya que se le dio el apoyo en un momento que estaba perdiendo votos, y el resultado se revirtió.

Ante ello surge la necesidad de convencer a una mayoría de la ciudadanía de que no es por ahí. El problema de fondo finalmente está en el modelo, que trata de generar una sociedad del sálvese quien pueda, y que indefectiblemente destruye empleo, genera el cierre de miles de empresas, sobre todo pymes, y quita derechos a la mayoría de los argentinos y las argentinas.