«Monstruos», la novela gráfica que indaga en el lugar estructural que la violencia ocupa en la cultura estadounidense

Por: Juan Pablo Cinelli

La premiada obra del británico Barry Windsor-Smith aprovecha los recursos de los géneros narrativos más populares para darle forma a una tragedia donde lo monstruoso se construye por acumulación.

Los géneros que alimentaron el pulp, aquella literatura popular que se consumía en cantidades entre las décadas de 1940 y 1950 en los Estados Unidos, han sido revalorizados en las últimas décadas. En especial gracias al rol reivindicativo que jugaron figuras como el cineasta Quentin Tarantino, que supieron revelar la capacidad de esos relatos, que iban de la ciencia ficción al policial negro y de la prosa a la historieta, para traficar temas y lecturas profundas aprovechando la masividad de un formato al que se solía juzgar ligeramente, reduciéndolo a entretenimiento descartable.

Una operación similar es la que realiza el artista británico Barry Windsor-Smith en su novela gráfica Monstruos, publicada en Argentina por Hotel de las Ideas, en la que el espíritu del pulp vuelve a ser el vehículo para narrar una historia de la violencia como elemento estructural dentro de la cultura estadounidense.

Tapa de Monstruos, novela gráfica de Barry Windsor-Smith.

No es difícil identificar dentro del universo de Monstruos los detalles que conectan su narrativa de forma directa con la heterogénea identidad del pulp. La ciencia ficción, el relato bélico, la violencia doméstica, el romance prohibido, los elementos sobrenaturales y, sobre todo, la utilización de una mitología que remite de forma muy clara a las historias de origen dentro del cómic de superhéroes.

¿Qué es lo monstruoso?

Todo eso está presente en la novela de Windsor-Smith, que recurre incluso a géneros como el epistolar o el diario íntimo para narrar algunas de las distintas etapas que se articulan dentro de la historia. La misma tiene como protagonista a Bobby, un joven que intenta enrolarse en el ejército a mediados de la década de 1960. La incapacidad del chico para referir estudios o trabajos previos y su falta de habilidades concretas, así como la ausencia de una familia o de otros vínculos cercanos, convencen a su reclutador de enviarlo como voluntario a un oscuro proyecto secreto. Una decisión que cambiará la vida de ambos.

A partir de ahí la novela no duda en recurrir a criminales nazis, biotecnología y un espíritu conspiranoico que le dan forma al Programa Prometeo, cuyo objetivo es conseguir que personas comunes se conviertan en supersoldados. Un relato que no es muy distinto de aquel que narra el surgimiento de personajes como el Capitán América o el Capitán Átomo, los supersoldados más famosos de Marvel y DC, las editoriales más importantes dentro del universo de las historietas de superhéroes.

Un mundo que Windsor-Smith conoce muy bien, ya que él mismo colaboró en series como los X-Men a finales de los años 60 y es co-creador del personaje de Conan, el bárbaro, junto al guionista Roy Thomas. Pero Monstruos no es una novela de superhéroes, sino que estos elementos son apenas la puerta de entrada a una espiral que desciende hasta lo más oscuro del corazón de la sociedad norteamericana.

Tras el planteamiento inicial, esta novela gráfica retrocede hasta la infancia de Bobby en un pueblito semi-rural en Ohio, donde junto a su madre aguardan el regreso de Tom, padre y esposo, quien cuatro años después del final de la Segunda Guerra Mundial  todavía permanece en Europa. Pero cuando finalmente vuelva, el hombre que regresa a casa definitivamente ya no es el que partió años antes. En Monstruos la violencia se acumula formando capas, donde lo doméstico se superpone con lo institucional y lo psicológico con lo físico.

De esta forma, Windsor-Smith construye un relato en el que el horror procede de las fuentes más diversas y donde lo monstruoso habita bajo distintas máscaras de lo cotidiano. Así, la novela se convierte en una tragedia por acumulación. Sin embargo, nunca resigna su derecho a la esperanza, que aquí encarna cándidamente en la forma de lo sobrenatural, que hace su aparición como un deus ex machina, para darle un final feliz en el mundo espiritual a aquellos dramas que nunca encontrarán una salida satisfactoria en el plano físico.

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