El guitarrista peruano Lucho González, una de las figuras más influyentes de la música popular latinoamericana, murió a los 79 años. Reconocido por su virtuosismo y su sensibilidad, dejó una huella profunda tanto en la guitarra criolla como en los cruces entre el folklore y otras tradiciones musicales. A lo largo de su trayectoria, acompañó a artistas fundamentales como Chabuca Granda y Mercedes Sosa, además de colaborar con Pedro Aznar, Eva Ayllón y Tania Libertad, entre muchos otros.
Nacido en Lima en 1946 como Luis Alejandro González Cárpena, creció en un entorno musical: su padre, Javier González, integraba el conjunto Los Trovadores del Perú. Aunque comenzó estudios de Derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú, decidió abandonarlos para dedicarse por completo a la música, una elección que marcaría su destino artístico.

Su consagración llegó de la mano de Chabuca Granda, a quien acompañó durante más de 15 años en giras y grabaciones. Ese vínculo fue decisivo en la consolidación de su estilo y en su proyección internacional, al tiempo que lo posicionó como uno de los principales referentes de la guitarra criolla peruana.
González en la Argentina
Ya instalado en la Argentina desde la década de 1980, González desarrolló una intensa actividad como guitarrista, arreglador y productor. En ese período participó de proyectos que ampliaron su horizonte estético, como el trío integrado junto a Lito Vitale y Bernardo Baraj, con quienes exploró nuevas formas de diálogo entre el jazz, el folklore y la música contemporánea.
Además de su labor como intérprete, González se destacó como docente y formador. Su trabajo pedagógico, que incluyó el desarrollo de su propio método de enseñanza, conocido como “siembra musical”, dejó una marca en distintas instituciones y generaciones de músicos. Su enfoque integrador, que articulaba elementos del folklore peruano, argentino y brasileño, lo convirtió en un verdadero puente cultural en la región.