Murió el legendario actor Tatsuya Nakadai, el último samurai

En su extensa trayectoria, trabajó con directores de la talla de Akira Kurosawa y Masaki Kobayashi, y dejó huella en joyas como "Yojimbo", "Sanjuro" y "Kagemusha". Su partida marca el fin de una era del cine japonés clásico.

Tatsuya Nakadai, uno de los actores más emblemáticos de la historia del cine japonés y un pilar fundamental del género de samuráis y de las épicas posbélicas, falleció a los 92 años por neumonía. Nacido el 13 de diciembre de 1932 en Tokio, Nakadai construyó una carrera que se extendió por más de siete décadas, con más de ciento cincuenta películas a su nombre.

Sus inicios llegaron luego de que el joven Nakadai, trabajando como empleado en un comercio en Tokio, fuera descubierto por el director Masaki Kobayashi. Su gran consagración en pantalla se produjo con la monumental trilogía de Kobayashi The Human Condition (1959‑61), donde interpretó al idealista Kaji, un personaje atrapado en la brutalidad militar japonesa.

Participó con Akira Kurosawa en obras imprescindibles: en Yojimbo (1961), Sanjuro (1962) y en Kagemusha (1980).

Nakadai colaboró también con Akira Kurosawa en obras imprescindibles: en Yojimbo (1961), Sanjuro (1962) y en Kagemusha (1980) —que obtuvo la Palma de Oro en Cannes— hasta llegar a su papel más icónico: el cruel señor feudal Hidetora Ichimonji en Ran (1985).

Nakadai y la historia de Japón

Lo que distinguía a Nakadai no era sólo su presencia imponente o su voz grave: era su capacidad de transitar personajes de sangre, de honor y de conflicto moral, y devolverlos al espectador en forma de arquetipos que parecían surgir del teatro clásico y arrastraban consigo la historia de Japón. En Harakiri (1962), por ejemplo, encarnó a un ronin que desafía el código del bushido con una actuación estremecedora de furia contenida.

Nakadai tuvo una sólida presencia teatral y fundó la escuela de actuación Mumeijuku, en Tokio.

Además de su trabajo en cine, Nakadai tuvo una sólida presencia teatral y fundó la escuela de actuación Mumeijuku en Tokio para formar nuevas generaciones de intérpretes. Su independencia artística también fue un rasgo distintivo: nunca se ató a contratos exclusivos con estudios cinematográficos, lo que le permitió elegir proyectos con libertad.

Final de una era dorada

Su muerte pone punto final a una era dorada del cine japonés que él ayudó a definir. En tiempos en que los samuráis, los códigos tradicionales y la ruptura posguerra parecían patrimonio de la historia, Nakadai los convirtió en materia viva del arte contemporáneo del cine. Su legado no solo está en las cintas que dejó, sino en la forma misma de articular tragedia, honor y poder frente a la cámara.

La muerte se produjo el sábado 8 de noviembre, pero se confirmó en las últimas horas.

Nakadai fue descubierto por el director Masaki Kobayashi.

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