Lo dijo la portavoz del organismo, Julie Kozack, quien defendió la devaluación y el ajuste fiscal.

Con un lenguaje cuidado, Kozack dijo: “Las medidas de políticas adoptadas recientemente y los anuncios suman a los desafíos de la Argentina. Estamos trabajando para entender mejor y evaluar el impacto de las medidas recientes y las necesidades de tener acciones compensatorias que pueden adoptarse para fortalecer la estabilidad y salvaguardar los objetivos del programa, al mismo tiempo que no se exacerben las vulnerabilidades”.
En cambio, Kozack consideró que el “realineamiento” del valor del peso, eufemismo de devaluación, era un “componente esencial” del programa acordado entre el FMI y la Argentina, anunciado el 23 de agosto pasado. Kozack incluyó dentro de esa calificación a una política fiscal “estricta”.
La portavoz del FMI no quiso criticar abiertamente las acciones que impulsó el ministro de Economía y candidato presidencial por el oficialismo, Sergio Massa, quien argumentó que el Fondo lo obligó a ejecutar una devaluación y que las diversas medidas tomadas posteriormente apuntaban a “compensar” los daños provocados por la devaluación, especialmente la espiral inflacionaria posterior y la pérdida de poder adquisitivo.
“Nuestro objetivo sigue siendo el ayudar a la Argentina a salvaguardar la estabilidad y proteger a los más vulnerables durante estas épocas difíciles. Es de interés para el FMI y sus miembros seguir trabajando junto con Argentina con un consenso político y social tan amplio como sea posible para garantizar la estabilidad y la prosperidad compartida para el país”, agregó Kozack.
La fórmula del consenso político y social amplio ha sido una constante en las declaraciones del FMI desde que negociaba un acuerdo con Martín Guzmán cuando era ministro de Economía y la siguió usando incluso luego de concretado el actual programa, en febrero de 2022.
Consultada sobre la propuesta de dolarización de la economía argentina que levanta el ultraderechista Javier Milei, Kozack dijo que “es prerrogativa de una nación soberana individual y esa es la opinión del FMI. Cuando hablamos de esto con los países, la preocupación principal es garantizar políticas macroeconómicas coherentes y una transición ordenada entre tipos de cambios”.
A renglón seguido agregó: “Es importante garantizar la estabilidad de largo plazo del sistema cambiario que finalmente se seleccione y en ese sentido, la dolarización requiere pasos preparatorios importantes y no es un sustituto de políticas macroeconómicas sólidas”.
Los burócratas del Fondo ya han expuesto antes esta argumentación, como Rodrigo Valdés, director del Hemisferio Occidental del organismo, quien dijo recientemente al medio El País, de España, que el eje es “una política fiscal sostenible” más que un cambio de monedas.
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