Cinco cuadras de San Justo, localidad del partido bonaerense de La Matanza, separaron las infancias de Leandro Paredes y de Sebastián Driussi. Allí se conocieron. Y en el baby fútbol: categoría 1994, Paredes vivía en el barrio 20 de Junio y jugaba en la Sociedad de Fomento La Justina Este; categoría 1996, Driussi vivía en el barrio San Nicolás y jugaba en el Club 12 de Octubre. Después se encontrarían –y coincidirían– en el baby de Brisas del Sud, en Matadores, pero pronto se separarían: Paredes iría a las inferiores de Boca; Driussi, a las de River. Compañeros inseparables en el Zenit de Rusia entre 2017 y 2018, etapa en la que forjaron la amistad que todavía los une, Driussi y Paredes volverán a cruzarse desde las 17 en el superclásico del Apertura 2026 en el Monumental, pero separados, después de sus regresos a los clubes formadores.

Para Driussi –autor del 1-0 ante Carabobo en la presentación de River como local en la Copa Sudamericana–, será su duodécimo superclásico. En los anteriores, convirtió tres goles: una en la derrota 2-4 en el Monumental por la Primera División 2016/17, y en dos triunfos: uno en el 1-3 en la Bombonera por la Primera División 2016/17 y otro en el 2-1 en el Monumental por el Apertura 2025.

Para Paredes, en cambio, será su cuarto superclásico. Si el último fue el 2-0 de Boca en la Bombonera por el Clausura 2025, en los dos anteriores, entonces un juvenil, había sumado minutos de juego, ingresando desde el banco: en el 1–1 en la Bombonera por el Torneo Final 2013 (27 minutos) y especiales 12 minutos en el 2-2 en el Monumental por el Inicial 2012: con Boca abajo en el tiempo descuento, capturó un rebote tras un ataque de River y condujo la contra, sin apresurarse, que terminó en el empate de Walter Erviti.

El 2 de noviembre de 2018, mientras sus caras decoraban la tienda oficial de indumentaria del Zenit en el aeropuerto de San Petersburgo, Driussi y Paredes publicaron en conjunto una foto en las redes sociales: ellos –Paredes con la N° 20 de Boca que había usado antes de emigrar a Europa, y Driussi con la N° 11 de River–, de espaldas, abrazándose. El mensaje: “Somos rivales, no enemigos”. Faltaban días para la final de la Copa Libertadores 2018 que –después de que hinchas gallinas apedreasen al micro de los jugadores de Boca antes del partido de vuelta en el Monumental–, River ganó en Madrid. “Con Driussi intentamos bajar un poco la ansiedad de la gente”, había dicho Paredes por la foto. Cuando River quedó eliminado por el Al Ain en el Mundial de Clubes, Paredes se río en Instagram. Driussi, campeón de la Libertadores 2015 con River, le devolvió, siempre en confianza: “No festejes, que no ganaste nada. Vos tenías que haber ganado el 9-12-2018”. En su tiempo compartido en Rusia, Paredes y Driussi fueron a ver al SKA San Petersburgo, equipo de hockey sobre hielo. Cuando Paredes quedó excluido por Jorge Sampaoli del Mundial de 2018, Driussi lo apoyó en público. Ambos, con el Zenit, conquistaron la Premier rusa 2018/19 (Paredes disputó la mitad y se marchó al París Saint-Germain). Driussi celebró cinco títulos más en el Zenit.

Hinchas de River y de Boca desde la cuna, el Gordo Driussi (30 años) y Lea Paredes (31), rivales y amigos, son las cartas fuertes de este superclásico por el Apertura 2026. El delantero es la garantía de gol del equipo de Eduardo Coudet (cinco goles en los siete partidos de su ciclo), después de haber superado lesiones en 2025. Técnico para rebotar a un toque y para definir con calidad. El mediocampista es el capitán que le levantó el ánimo al grupo –injirió en las titularidades de Milton Delgado y de Tomás Aranda– y el sistema mismo por el que orbita el juego del equipo de Claudio Úbeda. Ambos llegan al superclásico en buenos estados de forma.

“¿Viste que nacieron de la Ribera, y se dividieron cual andrógino? Hay un gran respeto. Actúan como el contrario, para incitarse. Hay mucho Boca en River y mucho River en Boca. Y por eso cuando juegan Boca y River, a uno se le produce en la cabeza el Boca-River”, le responde el Flaco Luis Alberto Spinetta a Jorge Dorio y a Martín Caparrós, bosteros, después de que Dorio le preguntase cómo podía ser hincha de River en una entrevista de 1988 en “El monitor argentino”. Hay mucho Paredes en Driussi y Driussi en Paredes.

La foto de Driussi y Paredes abrazados con las camisetas de River y de Boca puestas recuerda a otra en la línea “Bover”: la de Juan Román Riquelme y Pablo Aimar, también abrazados y ataviados con los colores de los clubes. Escribe Simon Critchley, filósofo inglés, en En qué pensamos cuando pensamos en fútbol: “Cuando la devoción degenera en dogmatismo o se traslada hacia la violencia verbal e incluso física, no puede decirse simplemente que se haya torcido algo. Es más bien que se ha extraviado el sentido básico del fútbol. Hay una racionalidad inherente al fútbol que permite mantener un compromiso apasionado hacia el equipo propio y, a la vez, tolerar, comprender e incluso apoyar que se anime sentidamente a los equipos ajenos. En ese punto, cuando los hinchas de dos equipos rivales se encuentran, se establece una discusión de ida y vuelta, a menudo de lo más interesante, en la que ambos cuentan con sus razones y con sus pruebas”.

¿En qué pensamos cuando pensamos en el superclásico, (des)encuentro ancestral, Boca-River, River-Boca?