No es ninguna novedad. Pedro Saborido ocupa un lugar entre los humoristas más singulares e influyentes de las últimas décadas. Desde Peter Capusotto y sus videos hasta sus tertulias itinerantes, pasando por su cada vez más extensa obra escrita, ya dejó una huella en la cultura popular que seguramente con los años será objeto de estudio. Pero quizás su mayor talento sea su capacidad de observación. La mirada de Saborido detecta estados de ánimo colectivos, tensiones cotidianas, deseos, contradicciones y derivas que reconstruye en relatos con una gramática humorística inconfundible.

La saga Una historia del fútbol (2018), Una historia del conurbano (2020), Una historia de la vida en el capitalismo (2022) y Una historia del amor (2024) confirmó que su voz también tenía peso en el mundo editorial. Su nuevo libro despertaba una gran expectativa. Y el hecho de que se tratara de la primera publicación de Saborido en plena era mileísta multiplicaba la ilusión de una punzante radiografía de época. Algunos apostaban por Una historia de cómo carajo ganaron estos tipos. Otros se inclinaban por Una historia para volver a la lucha armada. E incluso una minoría intensa se permitía el tono más resignado de Una historia para ver cómo nos endeudan por generaciones y regalan recursos estratégicos, pero que nos quede la menor cara de boludos posible.

Pero no. Como todo gran artista, Saborido también maneja la sorpresa y así se despachó con el –en principio llamativo– Una historia sobre la felicidad (2026). La tarea no era sencilla. Es mucho más fácil explicar al Conurbano, el peronismo, el amor y hasta La Teoría de las Cuerdas que eso que –se supone– casi todos perseguimos y pocas veces alcanzamos. Pero Saborido vuelve a acertar. Por eso, de la vereda de enfrente de los coaches ontológicos, los gurúes de la autosuperación y los sabios de cotillón, ofrece un compendio de historias de surrealismo de empedrado que articulan el formato de cuento con filosofía popular y psicodelia bien entendida. En ese escenario se van colando el Che, Evita, Ringo Starr, Borges, Palito Ortega, la hinchada de El Porvenir y muchos más.

Las historias hacen reír, claro. Pero también movilizan, estimulan y sientan bien. Puede que al terminar de leer Una historia sobre la felicidad sigamos sin entender del todo de qué se trata y mucho menos cómo acceder a ella. Sin embargo, seguramente la visitaremos página a página y eso, hoy en día, no es poca cosa. Y acaso, solo acaso, como tantas otras veces con Diego Capusotto o solo, con el tiempo podamos confirmar que Saborido nos está hablando de un futuro que todavía no vemos. Ojalá.

–En un contexto atravesado por la pérdida de derechos, el maltrato institucionalizado y el desprecio por los más vulnerables, ¿la idea de un libro sobre la felicidad surgió como una especie de antídoto?

–Es un momento social muy complejo, sí. Pero hay gente que es feliz igual. O que es feliz porque otros son infelices. Ahí entra un tema ético personal. Pero no, no escribí el libro inspirado por este momento. Lo escribí porque me parece que la felicidad es una aspiración general genuina y permanente. Aunque algunos lo pongan en palabras y otros no. Es algo que siempre está dando vueltas, que se desea a fin de año, que se anhela para otros en los cumpleaños… Todos la queremos. ¿Pero dónde carajo está? ¿La vamos a buscar? ¿Existe como tal? El poema más famoso de Borges habla de ella, quizás la canción más famosa del cancionero popular argentino le canta… Pero nadie o muy pocos entienden de qué se trata. Entonces empecé a preguntarle a la gente qué cosas los hacen felices: había algunas respuestas genéricas, los hijos, los amigos, tomar mate tranquilos… Y después asuntos mucho más particulares. Algunos de concreción bastante poco probable, como que salga campeón Sacachispas, por ejemplo. Aunque nunca se sabe y eso es lo lindo del fútbol, en este caso, y quizás de la vida: nunca se sabe.

Pedro Saborido: “Hay gente que es feliz porque otros son infelices”
Foto: Antonio Becerra

–Las librerías están repletas de libros de autoayuda que venden felicidad. Más allá de su calidad, ¿qué dice ese fenómeno sobre nosotros?

-Es un síntoma. Evidentemente el asunto de la felicidad es de difícil solución para la ciencia, la religión y ni hablar de la política. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Dónde o cómo la buscamos? No soy fanático de la autoayuda, hay muchas gentes sospechosas por ahí, pero no conozco a todos y no quiero ser despreciativo o parecer soberbio. En definitiva, si le hacen bien a alguien, deben estar bien esos libros o algunos de ellos. Creo. Incluso me atrevo a pensar que quien compra o consigue un libro de esos hace algo positivo. Se pone en movimiento, al menos. Busca. Pero también tengo que decir que –acaso lamentablemente– casi todo es relativo. Porque ahora está de moda atacar a la culpa. Te dicen que fluya, que sueltes, que no te preocupes. Pero los hijos de puta son mucho de no tener culpa, de fluir, de soltar, no preocuparse y que todo les chupe un huevo. Y yo no quiero ser como ellos. A lo mejor un poco de culpa para alguna gente sería buena y hasta la deberían consumir por prescripción médica. Pero bueno, la vida no se puede resolver con frases totalizadoras, que sirvan para todo ser humano, en todo momento de la vida.

-La última dictadura fue el gobierno más cruel que padeció la Argentina. Pero incluso los militares intentaban ocultar su ferocidad. ¿Hoy se legitimó la crueldad a cielo abierto?

-No sé si ahora la sociedad es más cruel que antes. Me inclinaría a decir que no. Me parece que estamos en un momento donde hay un grupo de personas más crueles, que gritan mucho y alto. Y quizás se los escucha más. Creo que todavía no aprendimos a reaccionar con inteligencia a eso. No creo que la crueldad esté particularmente “de moda”, siempre hubo gente cruel. Pero me parece necesario encontrar mecanismos para reaccionar o no reaccionar a eso. ¿Qué hacemos? ¿Los dejamos hablando solos o los cueteamos? Seguramente no sean las mejores opciones. Pero pareciera un juego en el que gozan y sacan ventajas algunos y muchos otros perdemos. Creo que hay que defender la felicidad. Y para mí eso se hace también defendiendo la felicidad del otro. Pero no solo por ética o solidaridad, también por conveniencia. Sí, sí. La unidad conviene, no es que somos moralmente superiores: es más efectiva para la supervivencia.

-¿Y qué es la felicidad?

-¡Vaya a saber! (risas) Debe haber una respuesta diferente para cada uno. E incluso nuestras propias definiciones van cambiando. Con todo ese panorama incierto me pareció apasionante escribir sobre la felicidad. Armé el libro con un puñado de historias sobre momentos de felicidad que se tutean con el absurdo. Todo nace de preguntas. Y tengo que decir que escribir sobre la felicidad me ayudó, disfruté pensando en la felicidad. Ojalá a quienes lean el libro les pasé algo parecido.

-¿La felicidad es un estado, son momentos o es el resultado de una ecuación entre desgracias, aburrimiento, cierta tranquilidad y fragmentos de euforia? ¿Existe una tabla de felicidad para medirnos? ¿Deberíamos inventarla?

-Pensar en la felicidad genera más preguntas que certezas, pareciera. Y me parece bien, eso es muy humano. Hay como una idea de que queremos la felicidad, pero no sé si estamos del todo capacitados para sostenerla, en el caso que la consigamos o estemos cerca. Pareciera que tarde o temprano, siempre falta algo. A veces creo que cualquier felicidad que se prolonga, llega un momento en que no es felicidad. Desarrollamos tolerancia a lo que  gozamos. En un momento se termina. ¿Cuánto podés festejar un gol? ¿Cuánto podés sostener un orgasmo? ¿Cuánto podés celebrar que cumpliste años? ¿Te gusta el café? ¿Cuántos te podés tomar y no aburrirte? ¡Hasta las papilas gustativas se aburren!

-¿Qué se necesita para ser feliz, además de mucha suerte o una familia de millonarios que deposite dinero en una cuenta y no los tengamos que ver muy seguido ni sepamos de dónde sacaron la guita?

-(Risas). Creo que intentar o ser feliz exige de cierta astucia. Conocerse, entender: “Con esto puedo; con esto, no”. Una cosa muy interesante que me dijo bastante gente cuando preguntaba sobre el tema es que “en tal momento no me di cuenta que era feliz”. Es muy loco eso también. Te deja pensando. ¿El tipo fue feliz de verdad, tiene que aprender a valorar o es solo víctima de la nostalgia? Porque los recuerdos a veces mienten un poco…

Pedro Saborido: “Hay gente que es feliz porque otros son infelices”
Foto: Antonio Becerra

-¿Qué hay detrás de la supuesta felicidad?

-Ese es otro punto a reflexionar. Porque yo ahora estoy pasando un buen momento, tomando un café muy rico, pero… Por ejemplo, ¿de dónde salió el café? Eso nos podría llevar a cualquier cosa. ¿Desde dónde llega este café? Quizás hay un montón de gente sufriendo, explotada, recogiendo esos granos de café. Los someten para que yo pueda tomarlo por cinco lucas. ¿A los mozos les pagan las cargas sociales? Entonces, detrás de cada acción hay muchas acciones y quizás mucha infelicidad.

-¿La felicidad nunca es neutra?

-No. La felicidad también puede esconder muchas desgracias.

-El libro es muy divertido. Juega con historias y personajes que en definitiva expresan esta búsqueda tan difícil.

-Es mi forma de laburo. Son historias psicodélicas. Mi primera infancia tiene que ver con los Beatles y eso me marcó. En el fondo, todos los personajes del libro podrían haber sido personajes de Peter Capusotto y sus videos. O no tan en el fondo. Es lo que yo hago. Pero bueno, centrados en una temática muy particular que me desveló durante un tiempo y, entiendo, tiende a ser recurrente en el ser humano.

-Mencionaste el programa y mucha gente sueña con que se junten con Diego y vuelvan a hacer Peter Capusotto y sus videos. ¿Les van a negar esa felicidad?

-Con Diego nos vemos, está todo bien. Pero él está con la obra de teatro, con una película… Yo saqué el libro, estoy con las presentaciones en todo el país y algún proyecto más que falta cerrar y no puedo adelantarte. Así que por el momento no. Más no te puedo decir, infelizmente (risas).

-Hablamos casi dos horas de la felicidad, le dedicaste meses a escribir el libro, la gran pregunta pendiente es: ¿sos feliz?

-¡Justo a mí me venís a preguntar! (risas) ¡Que sé yo! (más risas). Depende de cómo lo tomes. No creo que la felicidad sea un estado de éxtasis permanente. Hay momentos, etapas… Entonces podría decir que estoy contento con mi trabajo, con mis afectos, tratando de disfrutar el presente más allá de todas las dificultades que nos impone. Si entendemos la felicidad como algo más cercano a la tranquilidad, a la serenidad, a procurar disfrutar lo que me toca, sí. Soy feliz. Llegué a una felicidad nada pretenciosa, pero mejor que no se entere nadie porque es de mala suerte (risas). «


Cara a cara

-Felipe Pigna + Pedro Saborido. 4 de julio a las 21 en el Teatro Mercedes Sosa (San Miguel de Tucumán).
-Felipe Pigna + Pedro Saborido. 8 de julio a las 20 en el Teatro Seminari, Mitre 451 (Escobar).
-Saborido y The Walking Conurban. 11 de julio a las 20:30 en Portlander (San Martín).

Una historia sobre la felicidad, de Pedro Saborido

Páginas: 240. Editorial Planeta.