A una semana de los comicios, pelean voto a voto el progresista Roberto Sánchez y el ultraconservador López Aliaga.

La referente de la extrema derecha, Keiko Fujimori (Fuerza Popular), fue quien obtuvo el mayor resultado: 17%, tal como anticipaban los sondeos y como era previsible debido al piso electoral que, aunque sin mayoría hegemónica, sostiene hace varios años. El segundo lugar era el más reñido y las encuestas mostraban algunas tendencias aunque no tan definidas. Hasta el cierre de esta edición, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), aún no pudo definir quién disputará el balotaje a la hija del expresidente condenado por delitos de lesa humanidad. El puesto está reñido por mínima diferencia entre Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), con un conteo de 12%; y Rafael López Aliaga (Renovación Popular) con 11,9%. El cuadro es bastante particular y característico de un Perú fragmentado políticamente, producto (o efecto) de una inestabilidad institucional que atraviesa hace casi dos décadas. Por un lado, si bien Sánchez asomaba en las mediciones, no marcaba lo suficiente para considerarlo como un número puesto en la segunda vuelta. Algo similar a lo que ocurrió en 2021 con la candidatura de Pedro Castillo, quien apenas era registrado por los sondeos. Justamente, si el conteo acaba por definir su segundo lugar, Perú vuelve a tener una opción de izquierda que contrapese al gran bloque de derecha y extrema derecha que suele hegemonizar, aunque atomizado, el tablero político. Aunque Sánchez no se encuadra en la izquierda tradicional marxista de Perú Libre, que acompañó a Castillo en 2021, y que en Perú se le llama, despectivamente, “izquierda caviar”, como forma de calificar a un espacio con discurso progresista pero proclive a acordar con centros de poder. No obstante, Sánchez hizo campaña hablando de la necesidad de una reforma Constitucional (algo con lo que coinciden numerosos análisis políticos) y con indultar a Castillo, que continúa preso por, supuestamente, haber intentado un de Estado.
La escasísima diferencia con quien hasta ahora figura tercero, otro exponente de la extrema derecha, genera un momento de alta tensión no exento de acusaciones de fraude por irregularidades que de hecho hubo durante el proceso electoral, que hicieron que se postergara el escrutinio más tiempo del esperado. El exalcalde de Lima, López Aliaga, ofreció una “recompensa” de unos 6000 dólares a trabajadores de la ONPE, del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) y de otras empresas vinculadas a los comicios que tengan “información veraz y comprobable sobre posibles irregularidades, fraude o sabotaje”.
“El Perú necesita la verdad. Este es el momento de actuar”, animó en una declaración a través de redes sociales, prometiendo “confidencialidad absoluta” a los eventuales informantes. El martes, López Aliaga exigió la renuncia del jefe de la ONPE, Piero Corvetto, y la anulación de las elecciones debido a las irregularidades que se produjeron durante la jornada electoral del domingo, después de que se tuviera que alargar un día más debido a problemas que surgieron en algunos centros de votación. Para Juntos por el Perú, el partido de Sánchez, la arenga de su rival contribuye al caos político en el que está el país.
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