Se apagan las luces en el Teatro Picadero (Enrique Santos Discépolo 1857) y dos cámaras enfocan al escenario para que la Fundación Teatro Picadero vuelva a pensar con otros los temas urgentes y estratégicos del campo cultural. Este martes 16 de junio, al mediodía y sin público, se grabó la cuarta y última edición del ciclo Pica Pica bajo el título “Crear en tiempos violentos. Violencias, libertad de expresión y producción cultural”. Se trató de analizar la producción cultural en esta época de “violencia, censura y crueldad” y “las posibilidades del pleno ejercicio de la libertad de expresión y creación”: ¿Quiénes desplegaron allí sus ideas?
4° Encuentro Pica Pica
Del cuarto Pica Pica participaron las escritoras Claudia Piñeiro y Dolores Reyes, la politóloga María Migliore y el periodista Ari Lijalad, con moderación de Anabela Museri, de la Fundación Teatro Picadero. ¿Por dónde comenzar a hablar de la producción cultural en estos tiempos de violencias institucionales, sociales y digitales? Por las palabras iniciales de Migliore: “Hay una conversación pública violenta, no sólo en la Argentina -dice-. En el contexto mundial, todo se lleva a un extremo y eso se ve amplificado por un algoritmo que te termina confirmando lo que vos querés escuchar y poniendo al otro como enemigo”.

Entonces “se pierde el debate, el disenso, el matiz, la trama, la complejidad, que es lo que le da sentido y forma a la democracia -sigue Migliore-. Tenemos que tomar conciencia de que lo que pasa en las redes sociales después se expresa en la vida real. Esa violencia no nos hace bien, definitivamente, y tampoco mirar la vida en blanco y negro”. Luego, Dolores Reyes tiene sintonía con Migliore: “También hay una obturación de la discusión y del disenso. El otro, el que piensa distinto, tiene que ser aniquilado: invalidado absolutamente. Y si no hay un otro que esté a la altura para dar un debate, éste se torna imposible”.
Prosigue Reyes: “Están los medios y las redes, pero hay además un ninguneo y una perversión del lenguaje. Todo se puede dar vuelta y se puede comunicar de la peor forma posible, sin el más mínimo respeto o ética”. Y “cuanto más brutal sea, más parece tener posibilidades de replicación”. Reyes lo capta bien: “Desde la autoridad misma hay un deseo de replicar las cosas de la peor forma posible y eso es un caldo de cultivo de la violencia. En la medida que no reconozcamos a todos los actores sociales como válidos para el disenso, va a ser muy difícil revertir esa sensación de violencia generalizada que estamos viviendo”.
El periodista Ari Lijalad trae otro punto a la discusión: “Yo creo que lo que sucede en la calle es muy distinto de lo que sucede en una red social manejada por un algoritmo que no controlamos ni sabemos cómo funciona. Me parece que es una sociedad muy pacífica para los niveles de desigualdad que hemos alcanzado. Hace unos días, el dueño de X, Elon Musk, se convirtió en el tipo más rico de toda la historia de la Humanidad. No pasó nunca que un tipo tenga la misma plata que la mitad de la población mundial. Y no sólo la plata, sino la gran capacidad de incidir. A este nivel de desigualdad no lo habíamos vivido nunca”.

Frente a ese contexto “todo es bastante tranquilo, pese a haber llegado a un umbral de la Humanidad donde alcanza para todos y la mitad no tiene nada -dice Lijalad-. Entonces, yo veo que hay un intento de instalar que hay una cuestión violenta para que los sectores de poder tengan una excusa para reprimir los reclamos y cualquier crítica, cuando en realidad debería ser mucho más activa la protesta contra el nivel de desigualdad que tenemos en el mundo y en la Argentina”. También dice: “Creo que hay que empezar a ver qué hacemos frente a un presidente que es violento en su discurso, el cual a su vez genera violencias”.
Claudia Piñeiro escucha a los demás atentamente y entonces señala: “Yo creo que hay un problema: estamos todo el tiempo separando la vida cotidiana y la vida de las redes y es todo lo mismo. Ya no hay diferencia entre vida cotidiana y vida en las redes. Hace unas décadas, el problema que todo el mundo pensaba era cómo sacar a los chicos del cuarto para que salieran a la vida, porque sino las pantallas los atraían”. Pero ahora “ya no es más ‘las pantallas o la vida’. Es todo lo mismo. No hay más diferenciación entre lo cotidiano y las redes: lo que sucede en las redes pasa en la calle porque las redes también son lo cotidiano”.
Para Piñeiro hay un punto clave: “Las mujeres lo viven más, porque a todas les produjo efectos en la vida real lo que les pasa en las redes”. Y busca un ejemplo personal: “Por las cosas que me han pasado en los últimos tiempos, si no tuviera la edad que tengo y la trayectoria profesional que tengo, estaría tirada en la cama con una depresión. Entonces, me pongo a pensar en la gente joven a la que le pasa eso: lo que ocurre en las redes le termina arruinando la vida real”. Y capta los tonos de la violencia: “Yo también siento agresión de parte de la gente más afín a mí. Así, veo que todos estamos más agresivos”.

Sigue el debate sobre la violencia y la cultura y el cuarto Pica Pica multiplica sus núcleos de análisis. En 2025, el primer Pica Pica había girado sobre el rol del Estado en la cultura, con Mauricio Kartun, Noelia Barral Grigera, Augusto Costa, Mercedes Marcó del Pont, Mariano Llinás y Sebastián Blutrach. Ya en el segundo se habló sobre la convergencia digital en la cultura, con Juan Gabriel Tokatlian, Vanessa Ragone, Santiago Siri y Natalia Calcagno. Y el tercer Pica Pica se enfocó en las tensiones del trabajo en la cultura, con Dolores Fonzi, Daniel Grinbank, Juan Manuel Ottaviano, Cecilia Todesca Bocco y Graciana Maro.
Como dijo en 2025 el empresario y productor teatral Sebastián Blutrach, palpitando el tercer Pica Pica: “Desde la Fundación Teatro Picadero vemos que hay mucha necesidad de pensar y discutir acciones culturales, y es algo que reafirma el ciclo Pica Pica”. Como “la llegada del gobierno de Milei fue un sacudón muy fuerte para el ámbito de la cultura, tenemos que volver a argumentar desde lo básico, pero también salir con datos duros para aportar a la discusión sobre la economía de la cultura, sobre la cual hay una deuda muy grande”. Así avanza la Fundación Teatro Picadero: a tono con los debates culturales más urgentes.
