Sin duda, Ray Bradbury (1920-2012) fue uno de los grandes autores del siglo XX y quizá el escritor estadounidense más popular en Argentina, donde se lo conoció a través de una traducción de Francisco Porrúa con prólogo de Jorge Luis Borges. Por estas latitudes en algún momento hubo una suerte de “fiebre bradburyana”. A causa de esta fiebre o acaso como consecuencia de la misma, en 1997 participó de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires con un éxito resonante.

La antología de Páginas de Espuma, que contiene algunas ilustraciones de Arturo Garrido tiene 1340 páginas, reúne 116 cuentos de Bradbury de los 450 que publicó a lo largo de su vida, aunque escribió más. 

Ray Bradbury, un escritor que sigue teniendo vigencia

Estos relatos están ordenados cronológicamente, lo que es un verdadero bonus track porque permite apreciar su “evolución” como escritor, aunque quizá el concepto de evolución no sea del todo aplicable a la literatura dado que implica la idea de un mejoramiento lineal, progresivo, que no necesariamente se da en los escritores. El primero de los relatos de la antología, “El viento” fue publicado en 1943, mientras que el último, “Un encuentro literario”, es de 2009.

La cifra de sus relatos, que se cree que podría llegar a los 600, es abrumadora y quizá se deba a la propia teoría literaria de Bradbury sobre la importancia de la rapidez. En el prólogo, Laura Fernández reproduce las propias palabras del autor sobre su forma de trabajo.

Ray Bradbury, un escritor que sigue teniendo vigencia

“En la rapidez está la verdad -dice Bradbury-, cuanto más pronto se suelte uno, cuanto más deprisa escriba, más sincero será. En la vacilación hay pensamiento. Con la demora surge el esfuerzo por el estilo; y se posterga el salto sobre la verdad, único estilo por el que vale la pena batirse a muerte o cazar tigres”.

Por otro lado, según señala Fernández, Bradbury comenzó a escribir muy tempranamente. A los 12 años ya había decidido ser escritor porque en Navidad había recibido como regalo una máquna de escribir. Antes de eso, a los 11 años, había decidido a ser mago. Finalmente, parece que logró unir las dos vocaciones y se dedicó a construir mundos fantásticos que abarcan más que la ciencia ficción aunque se lo encasille dentro de ella. El propio autor, afirma Paul Viejo, rechazaba ese encasillamiento. ”Yo no escribo ciencia ficción –dijo el autor-. Sólo he escrito un libro de ciencia ficción y ese es “Farenheit 451”. La ciencia ficción es una representación de lo real. La fantasías es un representación de lo irreal”. El primer cuento bueno, según el propio Bradbury, lo escribió a los 22 años luego de 10 años de esfuerzos literarios. Se trata de “El lago” que, fiel a su teoría sobre la rapidez, escribió en sólo dos horas.

Bradbury más allá de la ciencia ficción

“Reunir en un solo volumen de la narrativa breve de Ray Bradbury –afirma Paul Viejo en la nota a la edición- implica asumir un reto doble: por un lado, la amplitud de una obra que abarca más de siete décadas; por otro, la naturaleza cambiante de los propios textos, reescritos, reciclados y renombrados a lo largo de los años por un autor que nunca dejó de trabajar sobre su propio pasado. Bradbury fue, en este sentido, no solo un autor infatigable sino también un editor de sí mismo”.

Y agrega: “Esta antología –la más extensa publicada hasta ahora en lengua española- propone una retrospectiva amplia y generosa de su trayectoria sin pretender agotar todas sus facetas, pero sí permitiendo que el lector acceda a la diversidad de tonos, temas y enfoques que lo convirtieron en uno de los cuentistas fundamentales del siglo XX”.

Ray Bradbury, un escritor que sigue teniendo vigencia

Con frecuencia, se lee a un autor buscando más la corroboración de lo que se sabe de él que confiando en su propia opinión sobre los textos. En este sentido, Bradbury es un caso emblemático dado que, consagrado como un maestro de la ciencia ficción, sus textos son leídos habitualmente desde esa perspectiva. Eso opaca su lectura al dejar de percibir por ejemplo, el costado poético de sus relatos.

Quizá esta antología sea una buena oportunidad para despojarse de prejuicios y leer a Bradbury en sí mismo más allá de los encasillamientos.