Salir a asustar: cinco películas argentinas de terror

Por: Belauza

La producción local del films del género creció en forma exponencial en los últimos años. A continuación, un repaso por algunas de las mejores creaciones.

Por eso de cómo se construyen los sentidos comunes, hasta no hace mucho el género pareció ser -excepto la comedia, en menor medida el policial- algo que no le interesaba al cine argentino. Sin embargo, desde su primera edición en 2000, el festival Buenos Aires Rojo Sangre a dar cuenta de que, en cuestión de terror, el género era algo bien vivo. Así y todo y pese las preferencias que viene concitando en el público, no cuenta con buena prensa; incluso no son de la preferencia de los festivales tradicionales, y así terminan en certámenes del propio género como una manera de poder mostrar todo aquello que tienen para dar. Aquí, sin orden de preferencia, cinco títulos argentinos recientes como para asustarse un poquito con algo que no sea la pandemia.

Aterrados (2017, de Demián Rugna)

Miedo a partir de fenómenos paranormales, de los que participan un niño pequeño y la esposa de un hombre que será acusado de homicidio. La investigación del caso que no tiene una clara explicación, queda a cargo de Albreck, Jansen y Rosentok, respetados investigadores de fenómenos extraordinarios a nivel internacional, y del comisario Maza, nexo con “la realidad”. Entre ellos le darán una explicación coherente y entendible para el común de los mortales, a quienes mientras tanto asustará bonito.

Francesca (2015, de Luciano Onetti)

Quince años después de la desaparición de la pequeña Francesa, se reabre el caso. Es que empiezan a producirse crímenes con marcas de agua similares a las que llevaron a la desaparición de la niña. Con referencias a la Divina Comedia y a la estética de su amado Dario Argento, a quien los hermanos Onetti (que filman y escriben juntos) ya habían homenajeado en Sonno profondo.

Bruja (2019, de Marcelo Paez-Cubells)

Terror tierra adentro, podría decirse. Protagonizada por Erica Rivas, tiene magia negra, Déjà vus y sacrificios y un objetivo de cuestión de género bien marcado. Ella vive sola con su hija -a punto de cumplir los 17- en un pueblo de la provincia de Buenos Aires. Discriminada, usa sus saberes (de bruja) para sobrevivir. Su hija coquetea con un chico al que ella define como La Rata, y termina en un contenedor con otras chicas. Como buena bruja, no falla, y hacia allí va la aventura del film, que también funciona como denuncia social.

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