El cierre del segundo fin de semana de The Strokes en Coachella dejó de ser solo un show de rock para convertirse en un gesto político de alto voltaje. Mientras la banda interpretaba “Oblivius”, el escenario se transformó en una pantalla de denuncia: un video cargado de imágenes históricas y referencias a la violencia estatal y las intervenciones de Estados Unidos en distintos conflictos globales.

El montaje audiovisual incluyó una denuncia directa a la política exterior estadounidense y a las operaciones de la CIA, presentadas como parte de procesos de derrocamiento de gobiernos y desestabilización política. Entre las imágenes se mostraron figuras como Salvador Allende, Jacobo Árbenz, Patrice Lumumba y Mohammad Mosaddegh, vinculadas a golpes de Estado o intervenciones externas según la narrativa del video.

El eje del material fue explícito: no una mención lateral, sino una acusación de responsabilidad histórica en procesos de violencia política, acompañada por imágenes de conflictos contemporáneos como Gaza e Irán. La secuencia refuerza una lectura crítica del rol de Estados Unidos en la geopolítica global, desplazando el show del terreno estrictamente musical al de la intervención discursiva.

En lo musical, la banda sostuvo su performance sin alteraciones, pero el centro de gravedad quedó en la pantalla. La elección de “Oblivius” como soporte no es casual: el tema, que no formaba parte habitual de sus shows recientes, funcionó como base para un cierre más cercano a la intervención que al recital tradicional.

El contraste con la lógica de Coachella es evidente. En un evento pensado como vidriera del pop global, el gesto de The Strokes introduce una fricción: entretenimiento masivo por un lado, denuncia política por el otro.

El resultado es un cierre incómodo, deliberado y difícil de ignorar. Más que un show, una toma de posición en uno de los escenarios más visibles de la industria musical.