Hace siete meses la comunicación con Tiempo fue desde la cubierta del barco Adara que por entonces se sacudía en las aguas del Mediterráneo. El sol abraza la media tarde de ese sábado. La Global Sumud Flotilla rumbeaba hacia Gaza. Cele Fierro trasmitía la emoción de haber hablado un rato antes con su hija Emilia, en Buenos Aires: «¿Qué mundo les espera? Haremos lo que esté a nuestro alcance para que en ese mundo no triunfen los genocidas». También arrojaba otras definiciones con fuerte carga política: «Somos millones: denunciamos el genocidio y apoyamos la causa del pueblo palestino».
El ejército israelí abordó a unos 180 integrantes de la flotilla a poco de arribar a Gaza y los confinó incomunicados durante un par de tensos días en la cárcel de máxima seguridad de Ktzi’ot. Días después, se hacía viral la imagen de Emilia abrazando a su madre, apenas regresada, en Ezeiza.
Pasaron siete meses, una nueva llamada. Esta vez la respuesta llega desde las aguas de Siracusa, en la costa jónica de Sicilia, conocida por sus ruinas antiguas, vaya paradoja. Este sábado, tan soleado como aquel, allí está anclado por unas horas el Kafr Birim (Romántica), uno de los 39 que zarparon de Barcelona y que aguardan ahora que se sume otro tanto. En ninguno faltan las insignias palestinas.
La diputada del MST por el Frente de Izquierda y representante de la Liga Internacional Socialista otra vez está rumbo a Gaza. Con el mismo tono entusiasta, firme. Un replay cargado con igual dosis de valentía, decisión, convicción, insistencia. “Somos millones: denunciamos el genocidio y apoyamos la causa del pueblo palestino”, decía Cele hace siete meses. Hoy vuelve a arremeter con dureza.

-¿Cómo surgió la idea de reiterar la flotilla?
-Nació en el momento en que llegamos todos y todas a nuestras casas en la misión anterior. Por esos días, casi en el mismo momento, anunciaron ese pacto, ese supuesto alto al fuego, que rápidamente denunciamos como falso: una política para lograr la desmovilización, para mantener y proteger al sionismo, el gobierno de Netanyahu y para que el imperialismo pueda seguir ganando terreno. Hoy podemos asegurar que el genocidio continúa, que la política de limpieza étnica continúa, que el apartheid continúa y se profundiza. Por eso es tan necesario volver a navegar y volver a intentar romper ese bloqueo genocida que ya va a cumplir casi 20 años.
-Los objetivos se mantienen durante este nuevo intento.
-Claro. Además, se puso en discusión la reconstrucción de Gaza: hay una impuesta por el imperialismo, ligada al negocio inmobiliario. Proyecta una nueva Dubai en Gaza, pero no para resolver las necesidades del pueblo palestino. Nuestra propuesta es la reconstrucción de manera democrática, tomando la autodeterminación de los pueblos como uno de los valores fundamentales. Por eso, esta vez en los barcos hay activistas que son trabajadores de la salud, de la educación, bioconstructores que están dispuestos no sólo a navegar y a llevar ayuda humanitaria, sino a trabajar por esa reconstrucción de Gaza.
-¿Se supone que van a poder quedarse a trabajar en Gaza?
-Nuestro objetivo es abrir el corredor humanitario. Vamos por mar y también hay un convoy que va a intentar ingresar por la frontera de Rafah, por tierra, para poder quedarnos y llevar adelante la reconstrucción de la mano del pueblo palestino.
-Cuando volviste de la primera flotilla dijiste que los protegió la presión internacional. ¿Cómo sienten la repercusión de este nuevo intento?
-Hay un acompañamiento que todavía no se ha dado en los puntos más altos de la anterior misión. Aquella vez se retroalimentó: veníamos de movilizaciones muy grandes a nivel mundial, en Alemania, en España, en Argentina; la huelga en Italia; tomas en las universidades de EE UU. No estamos en ese momento, pero sí está creciendo el acompañamiento. Esta semana llevamos adelante una acción que es la primera vez en la historia que se hace: desviar uno de los buques que llevan materiales a los que mantienen la ocupación (ver «Rodear al… «). Porque también uno de los objetivos de la flotilla y de la Global Summud es denunciar las complicidades de los gobiernos, de las corporaciones como la MSC. Tuvo bastante repercusión. Seguramente seguirá creciendo esa solidaridad.

-Otra diferencia respecto del 2025 es la guerra extendida en Medio Oriente, en Irán y en el Líbano.
-Nuevamente la agresión imperialista y sionista es la que está llevando adelante esta situación. Vamos evaluando minuto a minuto, milla a milla, cómo continuar esta acción humanitaria, solidaria, internacionalista con el pueblo palestino. No podemos olvidar que Israel tiene planes de seguir avanzando sobre las fronteras y lo vemos con esta agresión imperialista en la región. Atacar a Líbano para poner avanzar territorialmente, es parte del plan del Gran Israel.
-¿Qué cambió en vos respecto de la vez anterior? ¿Qué marca te dejó haber estado incomunicada en una prisión israelí de alta seguridad?
-Es parecido y, a la vez, distinto. No lo logramos y lo vamos a volver a intentar. Es volver a encontrarse con compañeras y compañeros. Eso da fuerza. Somos varios quienes repetimos y también muchas y muchos nuevos. Distintas generaciones, historias, culturas, idiomas. Sin embargo, todos nos embarcamos por el mismo objetivo. Eso da fuerza. Eso es lo que nos mantiene acá. El año pasado éramos seis o siete argentinos y fuimos tres los que terminábamos la misión (NdR: además de Celeste Fierro, fueron apresados Ezequiel Peressini y Carlos Bertola). Esta vez desde Barcelona salimos once y quizás algún compañero más se va a sumar. Por ejemplo, también vino un compañero, Raúl Laguna Bosch, que es médico. Es muy importante porque lanzamos la Global Sumud Argentina e intentamos que (el reconocido activista brasileño) Thiago Ávila viajara a nuestro país, pero el gobierno reaccionario de Milei no permitió su ingreso. También tenemos acá a compañeras de Esquel, activistas del No a la Mina y a compañeros de Buenos Aires.
-La vez pasada terminaste detenida por militares israelíes. ¿Cómo funciona aquel recuerdo? ¿Cómo funciona el miedo?
-Como funcionó aquella vez. Sabemos a dónde nos dirigimos. Tengo esa experiencia, y también el conocimiento de lo que le sucede día a día al pueblo palestino. Nosotros podemos visibilizar esa situación. Muchos se comen el verso de que Israel es la víctima y no el victimario. Bueno… miedo, preocupación, incertidumbre, siempre recorren en estas sensaciones, pero estoy convencida completamente de que es necesario hacerlo.

-¿Los amenazaron? ¿Los hostigaron?
-Así como en la anterior misión hubo ataques con drones, esta vez, hasta ahora, pudimos ver drones en forma casi permanente, pero de vigilancia… O al menos, eso entendemos. No ha habido ningún ataque por el momento.
-¿Cómo es tu vida diaria? ¿Qué cosas hacés mientras estás navegando en el Mediterráneo?
-No tengo la enfermedad del mar, a pesar de que hemos tenido algunos días bastante movidos. Sigo las rutinas, como las de una casa. La cocina, la limpieza y, también las guardias. A la noche nos dividimos en guardias de dos horas, entre todos. Además, armamos videos o vivos para transmisión, o entrevistas, y todos participamos de reuniones con nuestras organizaciones o con la coordinación de la flotilla. Incluso hacemos simulacros para estar preparados ante cualquier tipo de contingencia. Además, me comunico continuamente con mi hija.
-Quedó marcada aquélla imagen de la emoción grande con ella, en Ezeiza, cuando regresaste.
-Claro, extrañar a mi hija se mantiene como en la primera acción, pero mantengo el contacto antes y después de que vaya a la escuela, a pesar de la diferencia horaria y me cuenta cómo fue el día. Esta vez definimos que no me acompañara al aeropuerto. No era la opción que más le gustaba, por supuesto, pero bueno… Me acompaña todo el tiempo, esperando que vuelva lo más pronto posible. Como yo también, eh…
RECUADRO CON FOTO
Rodear al monstruo
Mediterranean Shipping Co es una firma de las más importantes en el transporte marítimo de contenedores. Tiene su sede central en Ginebra, y una de sus oficinas está en la calle Chile al 800 de CABA. Uno de sus buques con mayor porte es el Maya. Como otros monstruos mercantes, trasportaba mercancía por el Mediterráneo hacia Israel: según la GSF, se trataba de materias primas para la industria israelí de armas. Concretamente, aleación de acero vinculada a la industria de las armas para la compañía israelí ZIM.
El miércoles pasado, unas 13 embarcaciones de la flotilla se separó del resto y rodeó al enorme buque frente a las costas de Túnez, de tal manera de provocar el cumplimiento de una normativa de tráfico marítimo internacional que reconoce a los veleros frente a buques a motor. Al mismo tiempo, transmitió por radio un mensaje a la tripulación del Maya: «Apelamos a su humanidad: den la vuelta, elijan la paz sobre el beneficio, la vida sobre la muerte». Pero desde el carguero, la respuesta no fue amistosa: «Shut up» (cierren la boca). Modificaron el rumbo, aunque no el destino final. Pero el retraso causado, aunque no fue sensible sí generó un hecho simbólico.
Como el que produjeron ante el paso por aguas cercanas a Túnez: el año pasado en esa costa, uno de los barcos de la flotilla fue alcanzado por un dron, que lo dañó sensiblemente. En esta ocasión, sólo fue una breve detención allí, decidida por la GDF, para exigir la liberación de seis activistas de la organización, detenidos el pasado 6 de marzo.