Una muestra de arte respira a través de organismos vivos. El Museo de Arte Popular José Hernández (Av. del Libertador 2373, Palermo) presenta hasta el 23 de agosto la exposición Bioartesanías: el futuro ya llegó: allí, artistas de Argentina, Chile, México, Alemania, Ecuador, España y Paraguay exhiben sus creaciones con materiales vivos y sustentables como bacterias, hongos, almidones y residuos orgánicos y vegetales. Como dicen desde el museo: “La muestra invita a reflexionar sobre cómo los saberes tradicionales pueden dialogar con la biotecnología para construir un futuro más equilibrado con el ambiente”.

“Bioartesanías propone repensar nuestra relación con la naturaleza y descubrir el potencial de los materiales vivos y regenerativos en los procesos de creación. Y también preguntarnos: ¿seguimos hablando de artesanías?”, se lee. Así, carteras de mango o nopal, cuencos de palta, tazas de café con borra de café, collares de mandarinas, chalecos de hongos, lámparas de micelio de yerba o piezas elaboradas con kombucha, frutas y plantas demuestran la relación entre la artesanía, la innovación y la conciencia ambiental “integrando estética, funcionalidad y sostenibilidad”, definen desde el Museo José Hernández.
Y hay algo clave acerca de Bioartesanías. En modo laboratorio, la muestra busca que el público sea parte del proceso creativo “asumiendo el rol de artesano-científico para explorar biomateriales, experimentar con materiales vivos y comprender los vínculos entre el hacer manual y la investigación”. Puede verse los lunes, miércoles, jueves y feriados de 13 a 19 y los sábados, domingos y feriados de 13 a 20: las obras nacieron del cruce entre saberes ancestrales y tecnologías emergentes y cada pieza brilla por su valor estético y por los relatos que encierra sobre la economía circular que se ocupa de resignificar lo descartable.

Junto a Mirta Bialogorski, Paola Fritz es curadora de la muestra Bioartesanías -también trabaja en el área de promoción artesanal y comunicación del museo- y dice: “Con Mirta hicimos la investigación previa, el proyecto de presentación, y acompañamos la museografía y la selección de los expositores. El Museo José Hernández (MAP) intenta insertarse en los debates contemporáneos acerca de qué es artesanía en cada tiempo y en cada lugar. Ningún término es estanco y el propio concepto de patrimonio va cambiando con el tiempo”.
Así como se hizo con una muestra anterior sobre neoartesanías -a partir de obras impresas en 3D-, “la exposición Bioartesanías nos mete en un debate muy actual acerca de nuestros propios hábitos de consumo y de producción. Estas artesanías son biodegradables: podemos ponerlas en la compostera o dejarlas en la naturaleza sin que tengan una incidencia negativa en el ambiente”, explica Fritz. Incluso “los expositores no son convencionales para el museo, sino que son diseñadores o biólogos: todos están atravesados por la ciencia para crear este tipo de objetos hechos de bacterias, hongos, almidones, residuos orgánicos y vegetales”.
Los materiales viven: se descomponen y vuelven a la tierra. “Por eso decimos que el museo se vuelve un laboratorio. De hecho, una de las tres salas de la exposición oficia como tal para que los visitantes observen estas creaciones con microscopios, con lupas, y experimenten en una mesa grande de materiales”, describe Fritz. Y sigue con un ejemplo: “Hay unas joyas hechas con huevos de gallina de la cultura mapuche. Son unas cáscaras verdosas azuladas y se pueden ver en los microscopios, así como los demás biomateriales y objetos mínimos”.

¿Qué cautiva a Friz en particular en torno a las bioartesanías? “Me interesa mucho la relación que se da entre el diseño, la conciencia ecológica y el impacto que podemos hacer. Hay gente de la muestra que está produciendo biocueros y teniendo en cuenta la contaminación que las curtiembres producen en el agua, en el suelo y en el ambiente. Que, en este caso, se puedan producir biocueros en pequeña escala, es súper interesante para empezar a pensar en nuestra situación como especie, así como para ayudar a visibilizar a quienes experimentan e investigan con estos materiales orgánicos en nuestra vida cotidiana”.
En el contexto de la muestra se brindan talleres de biomateriales y actividades públicas. ¿Qué efecto observan? “Vemos un gran interés -dice Fritz-: estas charlas evidencian que hay públicos que están muy interesados en la temática”. Entre las acciones que transcurrieron en abril hubo un “taller de geometrías efímeras”, el “taller laboratorio sostenible: exploración creativa, tintes naturales y biomateriales”, un ciclo de entrevistas virtuales sobre bioartesanías en España, y, antes, en diciembre, también participó el Laboratorio de Biomateriales de Valdivia (LABVA), en Chile, que es pionero en el tema. Y para los meses que se vienen planean nuevas actividades: las piezas orgánicas provocan la participación activa.
“Las bioartesanías son una alternativa a producir y consumir masivamente -distingue Fritz-, porque además permiten un consumo mucho más acotado, que no dependa tanto de las modas o de las temporadas. En ese sentido tenemos bioartesanía textil, biocuero y bioplástico: estos materiales implican todo un cuestionamiento a nuestro rol en el mundo. Poo eso hacemos un ciclo de entrevistas virtuales, con gente del exterior, que se suben a YouTube y que quedan accesibles para quienes quieran saber más sobre las bioartesanías”.

En vacaciones de invierno va a haber un taller para niños relacionado con biomateriales y ya en agosto habrá más actividades, como joyería contemporánea en biomateriales, un seminario sobre materiales regenerativos y una charla sobre biomateriales y gastronomía. “Nosotras -dice Fritz- venimos investigando hace varios años y la propuesta de exposición ganó la Convocatoria Ensayar Museos 2023 – 80 años de la Fundación Williams, la cual fue un importante respaldo para llevar adelante la muestra”. ¿Y qué recalca la curadora? “El público se fascina con los objetos, sus formas y sus olores. Este es un hábitat inagotable”.