Víctor Hugo Morales, de pibe, relataba imaginando goles y los vecinos le preguntaban a la madre si se había dado cuenta de las cosas que hacía el botija y si no había pensado en recurrir a un psicólogo.
El Polaco Eduardo Caimi, Carlos Muñoz, Juan Pablo Marrón y Leo Gentili narraban los partidos que ellos mismos jugaban en sus barrios.
Pablo Giralt se subía a los árboles de Venado Tuerto para ponerle voz a los picados.
Ale Calumite jugaba con muñecos de torta y completaba los equipos con miniaturas de Batman y Superman.
Marcelo Tinelli cuenta que armaba equipos con figuritas, hacía los arcos con cartones de una caja de zapatos y la red con bolsas de naranjas. Un botón era la pelota que movía con el dedo mientras relataba partidos que casi siempre ganaba San Lorenzo.
Mariano Closs convertía a los dados en futbolistas.
Sebastián Vignolo hacía lo mismo con chapitas de gaseosas.
El Bocha Houriet, cordobés de pura cepa, caminaba 40 cuadras cada día hasta el colegio imaginando partidos en voz alta.
Ricardo Podestá le hablaba a un palo de escoba que hacía las veces de micrófono de pie.
Rodolfo de Paoli recurría al Sega para practicar relatos.
Jero Torres Santoro jugaba al narrador con la Play.
Lola del Carril relataba los partidos de hockey que disputaba y hasta los asados que hacía su familia en el club. Y decía por ejemplo: “El chorizo se va cocinando muy bien, mientras está por entrar a la parrilla una morcilla que tarda menos en hacerse y el asado parece estar a punto y pronto lo vamos a comer y va a ser gooooooooooollllll”.
Gente muy especial. De pichones les cortaron el cordón umbilical con la misma tijera; fauna rica y variada la de los relatores. Fioravanti, especie en extinción, transmitió una vez, a falta de cabina, desde adentro de un ropero. Hoy puede pasar que una señal estadounidense emita, con un coordinador en España, un relator en Argentina y un comentarista en Colombia, una carrera que se corre en Qatar. Sólo faltaría que los autos circulen por un país y los pilotos por otro. “El futuro vendrá con muchas sorpresas más”, adelanta un pibe que se perfila como rey del streaming.

Osvaldo Wehbe
A fines de la década del 70 el Turco Osvaldo Wehbe empezaba como relator en una radio de su Río Cuarto natal. Fue a transmitir a un pueblo donde lo llenaron de atenciones y hasta le ofrecieron que relatara desde un camión que pusieron de culata en un costado de la cancha, mientras tiraban los cables hasta la casa de una vecina. A los 30 minutos el equipo local perdía 3 a 0 y el Turco vio que la cancha se le iba alejando; el dueño del camión, enojado con el resultado, había decidido irse, olvidando la carga humana. El segundo tiempo, cuando pudieron retomar la transmisión, lo hizo con una mesa y un banquito, detrás de un arco.
Alejandro Fabbri
Un torneo de verano en Mendoza. Juegan Boca e Independiente. Relatos de Walter Nelson y comentarios de Alejandro Fabbri, una de las duplas más famosas de la historia de las transmisiones deportivas. Comienza el partido, la pelota pega en un cartel de Quilmes y se produce este diálogo:
–Alejandro, ¿no te tomarías una cervecita?
–¿Vos sos loco? Estamos en Mendoza. Un buen vino me tomaría…
Fabbri había olvidado que el principal auspiciante de la transmisión era Quilmes. El gerente de la empresa llamó enojadísimo y en el segundo tiempo se la pasaron hablando de las bondades de la cerveza.
Eduardo Caimi
El Polaco Eduardo Caimi fue el actor principal de una de las transmisiones más singulares: un relato en modo zen, apto para cardíacos, de las finales de la Copa Libertadores entre River y Boca. La movida fue organizada por la Sociedad Argentina de Cardiología y la marca de agua mineral de bajo sodio Glaciar y tuvo una enorme repercusión periodístíca.
En un estudio de Radio Colonia, frente a un televisor, Caimi, Leonardo Uranga, el productor Javier Santos y el cardiólogo Gonzalo Díaz Babio llevaron adelante la puesta en escena marketinera. Caimi relataba casi susurrando, Uranga comentaba en el mismo tono, Santos lo frenaba a Caimi cuando se olvidaba del ‘unplugged’ y aumentaba los decibeles, y el doctor Díaz Babio, de tanto en tanto, les daba tips a los oyentes para que evitaran tensiones y desarreglos en la presión arterial. De fondo, el operador mandaba al aire música zen, propia de las clases de meditación y yoga, con cascada de agua incluida, un sonido instrumental que invitaba a cerrar los ojos, llevar el aire al estómago y largarlo lenta y pausadamente.
Después del partido de ida, cuando se supo que en la Bombonera más de 100 personas habían sido atendidas por alteraciones cardiovasculares, los responsables de la movida encontraron argumentos para justificarla. Caimi dice que lo llamaron de Colombia, de Estados Unidos y de España para que contara la curiosa experiencia. Antes de la final de Madrid dijo: “La idea es seguir la misma tónica. Es decir, proteger, abrazar y amparar a los enfermos cardíacos y a aquellos que están por colapsar. Fue un verdadero desafío relatar en modo zen y en este segundo partido intentaremos estar mucho más atentos porque va a haber una definición. Vamos a hacer mucho hincapié en el tema del consuelo, porque sí o sí uno de los dos va a ganar y el otro va a perder”. Y después, a la hora de la verdad, mientras Martínez encaraba en soledad hacia la red, relató ese gol: “Se va el Pity, va a ser gol de River, River va a ganar la Copa Libertadores de América, pero los hinchas de Boca deben entender que la grandeza boquense, que todo su historial lleno de éxitos, no se manchará con esto”. Cuentan que el productor, hincha de River, salió del estudio y pegaba enormes saltos de felicidad, mientras al médico, hincha de Boca, se le arrugaba totalmente la cara. «