De algún modo, con algún aporte, todos sentimos que tenemos un papel menor -y a la vez fundamental- por cumplir en esta hazaña colectiva de fantasear con la cuarta estrella.

La vida de un futbolista no viene con la fecha de vencimiento en su reverso, pero tal vez llegó la hora de escribirla, de soltar, de quedarnos con esto que pasa, con lo que se viene en el suburbio de East Rutherford de Nueva Jersey ante España. Lionel Messi llegó nada menos que al 19 de julio, el partido 104 que define la edición número 23 de la Copa, en todo su esplendor con ocho goles, cuatro asistencias y cientos de videos para mostrar para siempre. Desde el 3 a 0 contra Argelia en el debut en Kansas City cuando el capitán gritó su primer hat trick en el arranque de su sexto Mundial hasta esta definición pasaron 33 días. Un intervalo en el que fuimos felices en medio de las penurias cotidianas y, como él mismo dijo, con laburantes que no llegan a fin de mes. Más de un mes en el que miramos al Norte como si la definición de algún cambio en el equipo o el sistema de juego fuera la resolución más relevante de todas. Es que de eso se trata: el fútbol dicta nuestro estado de ánimo, marca nuestras conversaciones ocasionales y en estos días construye una sensación de que ahora sí estamos en el mismo barco. De algún modo, con algún aporte, todos sentimos que tenemos un papel menor -y a la vez fundamental- por cumplir en esta hazaña colectiva de fantasear con la Cuarta.
“Siempre lo dije, la Selección juega por su gente, su país, su familia. Hemos recuperado algo muy valioso: la gente se para frente a la televisión con una camiseta argentina y se dan abrazos un hincha de Newell’s con uno de Central y uno de Boca con uno de River”, dice Scaloni en la conferencia previa a la final y ratifica el lugar de los hinchas. Messi encabeza la movilización. Es la cara visible del pueblo que desborda las calles de todo el país por la causa nacional. Ya ganamos la Tercera y ahora cantamos por la última de Leo. Entonces regresa la tensión, el país unido por el hilo invisible de Malvinas, los nervios y la necesidad de ser alegres en tiempos jodidos.
Capitaneados por Messi, Argentina recuperó su nivel de potencia global en el fútbol con el himno presente en siete finales: tres en los últimos cuatro Mundiales y cuatro en Copa América con el bicampeonato y las caídas de 2015 y 2016. Messi vuelve al estadio Met Life de Nueva Jersey, donde hace diez años dijo “ya está, se terminó para mí la Selección”. Quedate tranquilo, Lionel, no te vamos a decir que no duele. Tampoco que no llores porque no todo el llanto es una calamidad. Pero tu trabajo ha terminado. Lograste que cada pibe y cada piba se ponga tu camiseta, se escape de la escuela para verte con los suyos o seas el profe a distancia en las aulas. No sos un perro, otra comparación inmerecida para tu carrera. Sos nuestro Frodo, el protagonista de nuestras aventuras fantásticas, de la luz en la oscuridad, de los abrazos multitudinarios y de la “historia pura”, como le susurraste al oído al otro Lionel, a Scaloni.
Sos el genio del fútbol mundial, el segundo que aporta nuestro país. No sos perfecto y tampoco pedimos que lo seas. ¿Quién lo es después de todo? Sos argentino, lo que nos permite viajar con un pasaporte universal, único. Somos de la tierra de Maradona y Messi. «
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