A Lionel Scaloni le preguntaron qué hará la selección argentina con Lamine Yamal. Cómo lo marcará, si existe un plan de neutralización. Scaloni, pillo, se escapó por la tangente: “Sería bueno encerrarlo en la habitación… Juega muy bien. Es un patrimonio del fútbol. Tiene la edad en la que todavía tiene un montón para dar”. Similar “estrategia” había propuesto Ginés Meléndez –coordinador de las juveniles de la Federación Española en 2003– con Lionel Messi, mientras intentaba convencerlo de que jugase para España. “Secuestrarlo, hay que secuestarlo”, repetía, en sorna, Meléndez.
Este domingo, Messi (39 años) y Yamal (19) se enfrentarán en la final del Mundial 2026 entre Argentina y España –el campeón de América contra el de Europa– en el MetLife de Nueva Jersey. Es el duelo entre la estrella saliente –más vigente que nunca, quizás en su mejor Mundial– y la estrella entrante –en su primera Copa, agazapado para el gran destello–.
Yes, those photos you’ve seen are real.
— UNICEF (@UNICEF) July 16, 2026
More than 18 years ago, a baby named Lamine Yamal and his mom Sheila met Lionel Messi at a UNICEF fundraising photoshoot.
Today, their achievements on the pitch inspire millions. Off the pitch, both Messi and Lamine Yamal use their voices… pic.twitter.com/TSoUPDxia2
Messi no sólo se medirá ante Yamal, el bebé de seis meses que, 19 años atrás, cuando él tenía 20, bañó –¿bendijo?– por azar en el marco de una campaña benéfica entre el Barcelona, el diario Sport y UNICEF, lo que concretiza que “el destino baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos”, reflexión del filósofo alemán Arthur Schopenhauer. Más de la mitad de los jugadores de Argentina y de España que saldrán a la cancha se sacaron de chicos una foto con Messi, quien –probablemente, aunque a esta altura no se sabe– jugará su último partido mundialista en una final contra la selección del país al que llegó en 2000 para sumarse a La Masía, la cantera del Barcelona, y en el que vivió durante 21 años. Es una de las capas de sentidos del Argentina-España de 2026, que tendrá también el cruce entre Lionel Scaloni y Luis de la Fuente. Scaloni fue su alumno en el curso de técnico para obtener la licencia UEFA Pro en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, en Madrid, durante 2017. Esta final –de antemano, porque falta nada menos que el juego– entrega uno de los guiones futbolísticos más espectaculares.
“Lamine es un grandísimo jugador, el que seguí muchísimo porque juega en un club que amo. Es uno de los referentes mundiales con 19 años. Lo de esa foto es una locura, es la vida. Me hice una foto cuando él era bebé y que hoy estemos enfrentándonos en una Copa del Mundo es una locura. El bien de él va a ser el bien del Barcelona. Intentaremos hacer un buen partido para que no tenga su mejor versión, aunque España no es sólo Lamine”, dijo Messi, porque, en efecto, Yamal juega con la 10 del Barcelona –y con la 19 de España, número que Messi usó en Alemania 2006, su primer Mundial–; y porque, zurdo, parte desde la punta derecha, como el argentino en los albores como profesional.
Messi, con 25, y Yamal, con 22, son los jugadores con más gambetas en el Mundial 2026. “Inmarcables”. Pero Argentina y España son acaso las dos mejores selecciones desde hace al menos dos años (de ahí que se evitaran en la Finalissima cancelada en marzo), y el bendito fútbol es un deporte colectivo que puede apagar la luz de las estrellas. Argentina y España son dos organismos vivos con tiempo de ensayo y con pruebas en competición. Se diferencian en los enfoques: la España “posicional” y la Argentina “relacional”.
En el siglo XXI, se hegemonizó en los equipos el juego de “posición”, sobre todo tras los éxitos del Barcelona de Pep Guardiola. En términos básicos, el respeto de las posiciones y los espacios son los elementos constituyentes. La mecánica repetitiva, los controles orientados y las triangulaciones hasta poner mano a mano al extremo “fijado”. Como evolución, respuesta o alternativa, ante el peligro de la universalización de un método (el fútbol es un hecho cultural), en los últimos años comenzó a visibilizarse lo que se llamó juego “aposicional”, “funcional” o “relacionismo”. El juego “relacional” trata de conectar función con relación: que la organización de los futbolistas no se reduzca a la ocupación preestablecida de los espacios, sino a la idea de (des)ordenarse y (re)descubrirse en torno y cerca de donde esté la pelota. Teorías.
Porque después, juegan los futbolistas. Y los mejores son Messi y Yamal, separados por 20 años y unidos por el fútbol y una foto capturada por el fotógrafo Joan Monfort. El rosarino y el catalán nunca jugaron juntos. Tampoco se enfrentaron. Los esperaba la final del Mundial 2026. “Messi es el mejor de la historia”, había dicho Yamal, aunque su foco de identificación más arraigado estuvo desde niño en el brasileño Neymar, su ídolo. Yamal, sin Balón de Oro ni Copa del Mundo, ya actúa como el rey. El año pasado festejó poniéndose la corona. “Ego Yamal”, se lee en la vincha para el pelo con la que juega en la Copa. Jorge Valdano analizó en las últimas horas: “No me gustaba comparar a Messi con Maradona, pero Messi no lo ponía fácil; no me gusta comparar a Lamine con Messi, pero Lamine tampoco lo pone fácil”. Yamal había sido el elegido de Messi cuando le preguntaron quién sería su heredero: “Si me tengo que quedar con uno, es él, sin duda”.
Messi, cincelado tras haber empezado en las infantiles de Newell’s en la academicista escuela del Barcelona, nunca quiso jugar para España, a pesar de la insistencia de entrenadores y compañeros cuando era un chico. Ansiaba el llamado de la AFA y el debut con la camiseta argentina, que se dio en 2004 con la Sub 20, a los 17 años. Messi decidió jugar para Argentina como Yamal para España y no para Marruecos, el país en el que nació su padre (Lamine juega con las banderas de Marruecos y de Guinea Ecuatorial, país de nacimiento de su madre, en los botines). Alguien recordó que José de San Martín se formó militarmente en España pero que, a la hora de los bifes, batalló contra la realeza española en defensa de la Argentina. Y que cruzó la Cordillera de los Andes a los 39 años, la edad de Messi.
El último Argentina-España que Lionel Messi jugó fue el 7 de septiembre de 2010, un amistoso en el Monumental. Argentina goleó 4-1 a la reciente campeona del mundo en Sudáfrica. El 1-0 lo metió Messi, criticado por su rendimiento en el Mundial 2010 (sin goles ni asistencias). Y… pic.twitter.com/0Xn8m1CqWU
— Roberto Parrottino (@rparrottino) July 18, 2026
El último Argentina-España que Messi jugó fue el 7 de septiembre de 2010, un amistoso en el Monumental. Argentina goleó 4-1 a la reciente campeona del mundo en Sudáfrica. El 1-0 lo metió Messi, criticado por su rendimiento en el Mundial 2010 (sin goles ni asistencias). Y que no canta el himno, que no juega como en el Barcelona, que es más español que argentino. En el festejo del gol, se besó el escudo de la camiseta y se golpeó el pecho. Messi fue, es y será argentino.