El 2-1 a Inglaterra y los triunfo ante Egipto y Cabo Verde integran la antología del Mundial 2026. Pero también la hinchada fue protagonista con la bandera de las Malvinas.

A falta de un único partido -mezcla de Súper Bowl y fútbol, con un entretiempo de 30 minutos- para que termine el Mundial de 104 capítulos, la FIFA ya puede declarase ganadora. Incluso, podría decirse que lamentablamente puede considerarse ganadora. Termina el Mundial en que la selección de Irán fue maltratada, se estrenaron los dos intervalos y cuatro tiempos, un árbitro somalí fue deportado y la FIFA le permitió a Donald Trump cambiar nuevamente el reglamento con el indulto a Folarin Balogun, pero también es el Mundial de los estadios llenos, del acierto de los 48 equipos, de los grandes récods, de las figuras que dieron presente, de algunas revelaciones africanas, del triunfo de Paraguay ante Alemania, de varios partidazos -como el del tercer puesto con el 6-4 de Inglaterra a Francia- y, claro, de Lionel Messi y Argentina.
Varios partidos de Argentina forman parte de la lista de los mejores de este Mundial. El 3-2 a Cabo Verde lo fue por la extraordinaria actuación de los africanos, que se retiraron del Mundial sin haber perdido en los 90 minutos -incluso jugando contra los dos finalistas-, pero también por la resiliencia de la selección en responder a cada golpe. Un nuevo 3-2, esta vez a Egipto, entró incluso en los libros de récords: nunca en la historia de los Mundiales un equipo había revertido un 0-2 en los últimos 11 minutos en partidos de eliminación directa dentro del tiempo reglamentario. Y claro, el 2-1 a Inglaterra, con Argentina perdiendo hasta los 39 minutos del segundo tiempo, y otra vez dándole vuelta antes de los 90, formará parte de cualquier resumen de este Mundial pero también de todos.
Es notable como la selección de Scaloni se acostumbró, en los últimos años, a protagonizar partidos que entran de lleno y sin pedir permiso en la antología de un torneo que en la próxima edición cumplirá 100 años. El 3-3 contra Francia definido por penales, en la final de Qatar 2022, forma parte de -al menos- uno de los mejores cinco partidos de todas las Copas del Mundo. El 2-2 con Países Bajos no llega a ese estatus pero fue extraordinario por su tensión y giro de guión permanentes. La enorme mayoría de las selecciones que participaron en los Mundiales darían quién sabe cuánto por haber sido protagonistas de al menos uno de estos partidos, y sin embargo Argentinas los fabrica como mayorista. Las últimas dos Copas del Mundo habrían quedado huérfanas de emciones sin la Scaloneta.
El aporte no se circunscribe al campo de juego. La hinchada argentina es la más seguidora del Mundial. En verdad las latinoamericanas, como siempre pero tambíen en 2026, lo fueron: Colombia y Ecuador llenaron sus estadios. La gente de Mëxico, que suele invadir cualquier país, esta vez fue local. De los europeos se rescata a Inglaterra, un público siempre viajero. Pero si algo le faltaba a la hinchada argentina es haber sido protagonista de una de las grandes historias de este Mundial: la bandera «Las Malvinas son argentinas».
Solo a falta de saber el nombre de su autor -que seguramente se devalará cuando deje Estados Unidos y regrese a Argentina-, la historia ya es más o menos conocida: un muchacho compró un aerosol, pintó una sábana del hotel en el que se alojaba en Atlanta y escribió la frase que recorrería todo el mundo. Sabía, sin embargo, que el gobierno argentino había informado -casi que se había jactado- que ninguna referencia a las Malvinas podría ser ingresadas en el estadio. La escondió entonces de la requisa policial y recién la mostró después del épico triunfo.
La polícia, desde el campo de juego, empezó a decirle que estaba prohibida exhibirla. El dueño la mantuvo unos segundos en sus manos pero advirtió que venían más efectivos a buscarlo y decidió tirarla al campo de juego. Entonces fue que se acercó Giovani Lo Celso y la llevó al campo de juego. Primero la estiró sobre el césped y luego la agarró con las manos junto a otros jugadores. El mundo entero la vio.
La caja de resonancia del fútbol hizo más que la diplomacia. En Inglaterra no se hablaba tanto de Malvinas desde la guerra de 1982 y los años siguientes. Incluso editoriales periodísticos reconocieron que las islas no podrán seguir en posesión inglesa toda la vida. Hasta la Casa Blanca fue consultada y uno de sus portavoces anunció que el gobierno de Estados Unidos no podía oponerse a la bandera.
Argentina es la mayor potencia de los Mundiales de los últimos 50 años: ganó tres ediciones y llegó a seis finales, una de las cuales jugará hoy ante España. Desde 1982 hasta ahora, contó con Diego Maradona y Messi en todas las Copas del Mundo salvo en 1998 y 2002. Tal vez Dios no sea argentino, pero en los Mundiales, cada cuatro años, hace la excepción.
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