El pueblo da cátedra en las calles. La belleza está ahí. Las fuerzas del aula pueden más que las fuerzas del cielo, como reza uno de los miles de carteles. Clase magistral a cielo abierto: en la tarde del martes el centro porteño se transforma en un aula magna monumental. Va desde el barrio de Congreso hasta la Plaza de Mayo y mucho más allá. Son cientos de miles.

Los organizadores arriesgan cerca de 800 mil. El gobierno, en un nuevo rapto de irrealidad, sugiere 150 mil. Pero, como la educación, la marcha fue federal: un millón de personas en todo el país. En el microcentro porteño hay sol y alegría. Como dentro de una escuela. Profesores, estudiantes, gremios, familias, jubilados… Docentes en lucha. Una marea humana que marcha para defender la educación pública ante la asfixia presupuestaria de la administración libertaria. Pedagogía de los oprimidos.

El conocimiento nace de una pregunta. Flota en el aire mil veces respirado a pasitos del frígido Parlamento, otra vez tapiado por los cosacos de Patricia Bullrich: “¿Por qué tanto miedo de educar al pueblo, Milei?”. Ensaya una respuesta Sofía, orgullosa egresada de Letras de la Universidad Nacional de La Plata: “Porque nos da herramientas para pensar, para ser libres, y no el grito vacío de ‘viva la libertad’ y se va todo al carajo. Por eso vine, por eso defiendo la universidad pública, gratuita, de calidad”.

Una consigna que se corrió horas previas fue que cada una y cada uno lleve un libro. Más conocimiento, menos autoritarismo. Doña Sofía se arrimó al ágape abrazando un libro del maestro Paulo Freire. Lo agita ante las columnas, cierra los ojos, piensa un instante eterno y luego lanza más respuestas: “Se titula Cartas a quien pretende enseñar, y lo tengo desde los años de la dictadura, cuando estaba prohibido. Este libro es como una trinchera. Me enseñó que no hay que esconderse, que hay que hacer política, que hay que luchar. Creo que somos miles los que vamos a dar la batalla. No te olvides, somos hijos e hijas de la educación pública.”

Foto: Edgardo Gómez

Gastos

Stefan es uno de los 2 millones y medio de estudiantes de las casas de estudio públicas que sufren la motosierra del gobierno anarcocapitalista. Esa motosierra que obligó a las universidades a manejarse con el mismo presupuesto de 2023, votado en 2022. En las últimas horas el Ministerio de Capital Humano de Sandra Pettovello anunció haber depositado el aumento de 70% sobre gastos de funcionamiento.

En estas épocas donde cuesta encontrar la verdad, a los datos (y anuncios oficiales) conviene desanudarlos: los gastos de funcionamiento son menos del 10% del total de gastos de las universidades. Y aún con el 70%, el presupuesto es 71% inferior al de 2023, ante la inflación de casi 300% interanual.

En la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, donde estudia Biología, no hay ni para papel higiénico: “Cursamos a oscuras. No hay plata para los reactivos, los laboratorios están sin materiales. Ellos tienen la lógica del negocio. La educación no es un negocio”. En caravana desde Ciudad Universitaria llegó el joven de 23 años con sus compañeres. La columna estacionada sobre Callao está encendida y le dedica un cantito afilado al presidente: “Olé, olé. Olé, olá. Dale, ‘Peluca’, pagalo ya. El presupuesto para la universidad”.

Foto: Edgardo Gómez

Estudiantes y trabajadores

Insignificante es el presupuesto universitario de Ushuaia a La Quica. “Y ni te cuento los sueldos. Hacemos malabares, mientras el gobierno compra aviones de guerra y da beneficios a los grandes empresarios. Encima nos tildan de provocadores, de adoctrinadores, de que no la vemos, lo dicen los funcionarios que no funcionan”, asevera Martín, docente llegado desde el conurbano fabril de Lomas de Zamora. A unos pasitos, un pibe blande un cartel destinado al bocón vocero presidencial: “Estudiá, no seas Adorni”.

Universidad de los trabajadores, y al que no le gusta… Los gremios dicen presente. Les laburantes transpiran la gota gorda en pleno otoño. Cuerpo a cuerpo se pelea el metro cuadrado en la deriva rumbo a la Plaza de Mayo. “La conquista más grande fue que la universidad se llenó de hijos de obreros”. La frase de Perón cuelga en un balcón. Las columnas hacen memoria histórica hecha canción: “Qué cagazo, qué cagazo, obreros y estudiantes, como en el Cordobazo”.

Foto: Edgardo Gómez
Foto: Somos Télam

Comunión ideológica para defender a las universidades. Hermanados marchan Franja Morada, La Cámpora y el Polo Obrero. Miguel vino con su esposa. Cuenta que estudió Sociología, pero que por cosas de la vida no pudo terminar: “Tuve que alimentar una familia, pero acá me tenés, digo presente. Tengo una nieta que estudia en la Universidad de Luján, una de esas que quiere cerrar el presidente. Por eso las desfinancian, porque no quieren que estudien los hijos de los laburantes. Este tiempo me hace acordar a los años noventa, a la carpa docente. Tenemos que estar todos unidos, así vamos a ganar.”

Ataviado con su inmaculado guardapolvo anda Mario Ledesma cerca de la 9 de Julio. Es docente de educación especial. Primer egresado de su familia: “Pude graduarme en una universidad pública, te lo digo y se me pone la piel de gallina. Vengo por mis hijos, para que tengan el derecho a educarse. Porque nosotros sí la vemos, vemos que está todo para atrás.”

Foto: LUIS ROBAYO AFP

Tragedia

“La patria no se vende, la patria no se vende”. La frase explota en miles de gargantas. Hay batalla de los bombos y los redoblantes. En la Plaza de Mayo no cabe ni un alfiler. En primera fila, pegada a la valla cerca del escenario está Mónica, psicóloga egresada de la UBA. Trajo el Nunca Más a la marcha: “La dictadura mató a mi viejo. Desde los ocho años que vengo a esta plaza para defender la educación, la salud, la democracia. Por ahí los argentinos tendrían que volver a leer este libro, para tener memoria, para no olvidarnos de lo que vivimos. La historia se repite como farsa, o como tragedia, eso es Milei, una tragedia.”

Taty Almeida es docente en lucha. También dice presente en la plaza. Antes de subir al escenario da cátedra: “Vengo como Madre, pero también como docente, porque yo también caí en la educación pública. Hay que defender el derecho a la educación, que es un derecho humano. Este presidente dice que es una marcha política, política es la vida. Acá estamos compañeres, no hay que bajar los brazos, la lucha no termina, seguimos peleando”.

Universidad con recursos, universidad para todes, universidad para el que sufre, universidad para los obreros, universidad para los de abajo… total en la pelea no hay engaño, compañeros y compañeras. Y si se trata de soñar, qué importa… Soñemos lo imposible.