Luego de ausentarse a último momento de la misa en homenaje al Papa Francisco que se realizó en la Basílica de Luján, la vicepresidenta Victoria Villarruel se mostró en la iglesia del barrio de Almagro donde Jorge Bergoglio fue bautizado y vivió gran parte de su vida como cura, incluso antes de ser arzobispo de Buenos Aires.
Allí, Villarruel jugó fuerte en la interna libertaria que la separa del gobierno nacional desde hace mucho tiempo. Consultada si no fue a Luján para evitar una foto junto a Manuel Adorni en medio de la polémica por los casos de corrupción que envuelven al Jefe de Gabinete, la vicepresidenta intentó primero una desmentida: «No, simplemente no fui a Luján porque hoy lo importante es recordar al Papa Francisco y a mi me gusta hacerlo con la gente que lo conoció y en el lugar que él amaba».
Hizo falta una pregunta más para que Villarruel jugara su carta más fuerte: «Y además no fui a Luján porque allí estaba lo peor de la casta política», concluyó la vicepresidenta antes de subirse al auto oficial del Senado.
Apenas un rato antes, había trascendido el escándalo protocolar vivido en Luján a minutos de comenzar la misa por Francisco, donde en la primera fila de los bancos estaba Manuel Adorni acompañado por Diego Santilli, Martín Menem, Federico Sturzenegger, Alejandra Monteoliva, el senador Bartolomé Abdala y el diputado Gabriel Bornoroni.

Según versiones, las autoridades eclesiásticas habían reservado un lugar para Villarruel en esa misma fila, pero desde la Secretaría de la Presidencia, a cargo de Karina Milei, llegó la contraorden de que la vice no ocupara esa posición sino una más atrás, quedando relegada de las autoridades del gobierno nacional en la imponencia de la basílica.
Las mismas versiones señalaron que Villarruel estaba llegando a Luján cuando le comunicaron el cambio de protocolo ordenado por la hermana de Javier Milei. Fue allí cuando la vicepresidenta decidió volver a Buenos Aires y trasladarse hasta la iglesia del barrio de Almagro.