Luego de la comentada inauguración de la Feria el jueves pasado y la realización de las Jornadas profesionales que fueron un anuncio en cuanto a convocatoria de público, el fin de semana explotó de asistencia.

A partir del sábado hubo actividades para todos los gustos, desde presentaciones pasando por lecturas, charlas, firmas y performance de muñecos gigantes al ritmo de Rubias de New York. La posibilidad de la gratuidad de la entrada a partir de las 20 de ese día facilitó la posibilidad de una marea humana paseándose por los stands con un criterio errante. 

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Entre las actividades, se destacó la presentación -en la Sala Alfonsina Storni del Pabellón blanco-  de dos novelas de la catalana Irene Solá que adquirió relevancia no sólo por la calidad de su obra literaria, sino también porque la presentación estuvo a cargo de la reconocida y prestigiosa escritora Mariana Enriquez.

Se trata de las novelas Los diques publicada por Alto Pogo y traducida por Paula Meiss y Canto yo y la montaña baila publicada por Anagrama con traducción de Concha Cardeñoso Saenz de Miera. Irene Solá, nacida en un pequeño pueblito llamado Malla, en 1990, escribe en catalán, vivió seis años en Inglaterra pero también habla castellano, así que podría decirse que son novelas que se encuentran  “entre lenguas”.

Según Mariana Enriquez, ambas novelas son muy líricas: ¨Ambas son novelas sobre las posibilidades narrativas y la memoria (…) Los diques es una novela que experimenta sobre una trama, busca una trama, encuentra otra. La trama general trata sobre una joven que se llama Ada que vive en Londres y vuelve a su pueblo que es Cataluña y ahí trata de comprender cómo es volver a su pueblo, cómo es encontrarse con la gente, cómo es encontrarse con su historia, cómo es encontrarse con su infancia idealizada o no, cómo es volver a interpretarla, qué ha pasado en ese pueblo, qué ha pasado con todo ese pueblo. Y ella, como testigo y, de alguna manera, con eso que tiene el escritor, que es una persona peligrosa a la que no conviene contarle nada porque puede retorcer las historias, volverlas a contar, traicionar…¨

En cambio, en Canto yo y la montaña baila ¨eso personal se traslada más al paisaje, los animales tienen su voz, hablan los osos, hablan los muertos, hablan los fantasmas, hablan las brujas, hablan las casas, hablan las montañas. Y hay una relación con el paisaje y con la memoria de ese lugar como si hubiera un intento de preservación.¨  

Portadora de una lectura aguda y enriquecedora, la escritora argentina agregó : ¨Me hace acordar a La muerte y la primavera de Merce Rodoreda¨(novela de la autora catalana publicada recientemente por Club editor con posfacio de la misma Enríquez) ¨la diferencia es que esa es una novela escrita en total oscuridad, sin esperanza, es una novela que ella escribió en el exilio. Y Canto yo… es una novela que trabaja con materiales parecidos pero es una novela mucho más luminosa, esa luz que entra como una posibilidad. ¨

Frente a la pregunta de cuánto fue posible supervisar las traducciones, y ese proceso le interesa o no (¨Hay gente a la que no le interesa¨, aclaró Enriquez), Solá respondió:   

¨Yo solamente puedo leer en castellano y en inglés, aparte del catalán así que con estas traducciones sí que intento estar presente,  hablar con las traductoras. Las palabras, las intenciones, las expresiones, las ideas detrás de los libros. Y si bien a mí no me interesa traducir, o no es mi trabajo traducir, creo que es muy importante el trabajo de traductor, tiene que estar muy bien hecho y se tiene que ser muy profesional al traducir.¨

Las dos novelas fueron escritas por la autora durante su estadía en Londres: ¨ Canto yo y la montaña baila lo fui escribiendo en un autobús durante un viaje que de una hora que hacía¨. Cuando uno se va a otras ciudades, dice Enriquez, empezás a leer escritores muy metropolitanos o a ver artistas muy intensos y a veces uno necesita como una especie de vuelta sobre sí mismo donde uno también vuelve a la palabra que siente propia. ¿Te pasó eso de volver a leer tus clásicos profesionales?

A lo que Solá responde: ¨Sí, sí, totalmente, pero no solamente autores catalanes sino toda una  relectura que yo necesitaba trabajar para  este libro. Y también de arte contemporáneo. Me dio muchas ganas de investigar, de jugar, experimentar más con el proceso que con el resultado final. ¨

Hay novelas en las que el proceso es más importante que el contenido. Pero a veces esas novelas caen en las trampas del artificio y resultan completamente huecas.  En el caso de las novelas de Irene Solá el contenido realza el proceso y eso la convierte en una autora que sobresale de la uniformidad de cierta narrativa actual. De la misma manera sobresalió esta presentación en la Feria que no defraudó a quienes la habían resaltado para no dejar de asistir.