Vida de Guastavino y Guastavino

Andrés Barba

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

Editorial Anagrama

En este libro, Andrés Barba consuma una paradoja: escribe la biografía del constructor valenciano que, patentando un sistema constructivo de la Edad Media, dotó de estilo propio a diversas ciudades de los Estados Unidos. Lo paradójico es que lo hizo a sabiendas de que la biografía es un género imposible.

En efecto, en la nota preliminar del libro, el autor declara: “Se puede decir de la biografía lo que decía Borges del barroco: que es un género que agota sus posibilidades y por eso linda con la caricatura. Habría que agregar que su credibilidad no está menos en entredicho. Con el mismo puñado de datos fragmentarios y el pertinente aparato retórico, podrían hacerse múltiples biografías opuestas, todas ellas verosímiles. El biógrafo es siempre un exégeta por su obligación de interpretar lo que admite muchos significados posibles, pero también –y sobre todo- por la de darle a la vida una forma y un sentido que casi nunca tuvieron. (…) no importa cuán documentado este un texto, toda biografía es inevitablemente una ficción.” 

Rafael Guastavino es un arquitecto o, más precisamente un constructor nacido en el siglo XIX con espíritu aventurero y gran audacia. En 1881 viaja a Nueva York. Lleva consigo 40.000 dólares que son producto de una estafa. Allí realizará otra que nadie parece tomar como tal: patenta como propio la bóveda tabicada, un sistema constructivo de la Edad Media que permite lograr alturas considerables de una manera sencilla.  De su infeliz  y finalmente disuelto matrimonio tiene un hijo favorito que seguirá sus pasos. Ambos lograron hacer mucho dinero, lo perdieron y volvieron a triunfar y fracasar muchas veces. De Guastavino padre puede decirse que, aunque no juega limpio, tiene una audacia que resulta admirable. Viajó a Nueva York sin saber una palabra de inglés y allí llegó a levantar una importante empresa de construcciones y, aún más, les dio identidad arquitectónica a varias ciudades de los Estados Unidos que no la tenían. Para ejemplo, suele decirse, basta un botón: La Grand Central Station y la catedral de Saint John the Divine son obra de él.

Pero, como sucede siempre, lo más importante de un libro no es tanto la trama de la historia, sino la forma en está narrada. Guastavino y Guastavino, por supuesto, no es la excepción. Es así que lejos de delinear la vida del personaje de una manera definitiva y aparentemente indiscutible, como si el biógrafo tuviera en sus manos, a partir de la investigación, una verdad revelada, decide usar un método brutalista –valga la metáfora arquitectónia- y no cubrir las marcas de la construcción con un revoque fino, no se esmera en pulir las superficies, sino que, por el contrario, deja  los hechos al desnudo y, contrapelo del biógrafo tradicional, no llena con conjeturas personales que suelen darse como ciertas las relaciones entre los distintos hechos. Barba es un biográfo que no lo sabe todo, no porque no se haya documentado, sino porque es imposible saberlo.

Entrevistado por Tiempo Argentino cuando apareció el libro, dijo cuando se le preguntó qué desafíos le había planteado escribir la biografía de Rafael Guastavino: “Me vi enfrentando a la inevitabilidad de caer en la ficción permanentemente. Lo más difícil fue encontrar un formato, hasta que me di cuenta de que tenía que escribir una biografía sobre la imposibilidad de escribir una biografía.”

Telesio. Brevissimo tratado sobre el asombro

Lucas Margarit

Editorial Leteo

Este libro es una de esas raras joyas que suelen producir los buenos autores, pero también las editoriales independientes que anteponen la idea de permanecen fieles a la idea de construir un buen catálogo a la de publicar un éxito efímero y de calidad dudosa que les proporcione una ganancia considerable en poco tiempo. Entre las editoriales independientes, Leteo no solo se empeña en  construir un catálogo originalísimo con libros a veces raros o inhallables, sino que edita de una manera exquisita y rigurosa en la certeza de que el soporte de un libro publicado en papel no es independiente de su contenido. No solo se recuerdan historias o poemas, sino también ediciones particulares.

Telesio. Brevissimo tratado sobre el asombro de Lucas Margaritno podría haber encontrado una edición más adecuada. Este poemario también exquisito trae la voz del científico Bernardino Telesio, relacionado con el surgimiento de la ciencia experimental, desde el  siglo XVI en que nació hasta el presente convertida en materia poética.

Forma parte de una trilogía junto con un libro anterior referido al escritor del Renacimiento catalán Bernat Metge y un futuro libro sobre el músico Monteverdi.

“Telesio –le dijo a Margarit a Tiempo cuando apareció el libro- me parece un personaje fascinante del Renacimiento y del nacimiento de la ciencia experimental, empírica. Influye en pensadores como Bacon y discute con Aristóteles. También se lo considera un filósofo. Desde un lado más poético, me gusta cómo suena su nombre, me parece muy poético. A partir de sus teorías, de cómo suena su nombre, de distintas imágenes –la poesía que me interesa escribir o, por lo menos la que me sale, es una poesía de imágenes- que surgen de su lectura, se fue construyendo este libro.”

Si el autor encuentra un interés particular en este filósofo y científico es, quizá, porque en el origen de la ciencia experimental está la materia. Y la materia, corruptible y finita, es una de mayores  fuentes del sufrimiento humano.

Un libro melancólico, en el que, paradójicamente, la ausencia está siempre presente.

Animales

Santiago Craig

Factotum Ediciones

Un excelente libro compuesto de 18  cuentos en que los animales son siempre portadores de una revelación. ¿Pero qué es lo revelan? Ni más ni menos que quiénes son los seres humanos, la identidad de aquellos que los reciben y que se manifiestan a través de sus reacciones.

En este sentido, el libro recorre un amplio espectro que va desde la crueldad a la conversión de un animal en emblema y mito. Si en “Nuestro perro” un matrimonio que se disuelve  llega a los extremos más aberrantes en la separación de bienes, en “El oso” el animal es considerado una entidad mítica.

Los animales marcan con su presencia la irrupción de “lo otro” de lo extraño y generan una brusca interrupción en las actividades rutinarias que no son exigentes en cuanto al pensamiento y la reflexión. Pero cuando algo irrumpe en la cómoda chatura de la rutina, también algo se desacomoda, de alguna forma los humanos se sienten interpelados y se ven casi en la obligación de dar una respuesta distinta de las consabidas.

También son los animales los que revelan la rareza de la vida, rareza que solo se puede advertir cuando se hace presencia lo “inverosímil”. ¿No es la jirafa un animal de construcción extraña con su altura desmesurada y su cuello larguísimo? ¿No lo es también el elefante con su gigantismo gris y polvoriento? La respuesta a estas preguntas es, por supuesto, un rotundo sí. Pero este es un efecto que produce el poder mirar “lo otro” desde afuera, una tarea imposible de practicar por los humanos sobre sí mismos? ¿No somos lo seres humanos tan inverosímiles como una jirafa, solo que, acostumbrados a nuestro cuerpo y a sus rutinas no podemos advertirlo?

Craig utiliza un lenguaje que se mueve entre lo coloquial y lo poético y que nunca se desborda, sino que cuenta con naturalidad lo extraordinario, lo que lo vuelve doblemente inquietante.

Un libro que tiene entre sus méritos el de sumergir al lector en un mundo regido por otras leyes y hacerlo absolutamente creíble.