No importa cuáles sean las preocupaciones y problemas que el espectador lleve a la Sala Osvaldo Pugliese del Centro Cultural de la Cooperación, Buenos Aires Épica. Absurdo para cinco bellas mujeres, escrita y dirigida por Manuel Santos Iñurrieta, atrapará su atención sin darle posibilidad de pensar en otra cosa que no sea lo que sucede en el escenario con ritmo vertiginoso. Se trata de una obra de teatro político que no baja línea y de un alegato a favor de las mujeres que elude todos los lugares comunes al respecto. Con sabiduría de alquimista el autor y director mezcla el humor con lo trágico y pasa revista a una amplia galería de mujeres que abarca desde las más de cien obreras que murieron en el incendio de la fábrica Triangle en la ciudad de Nueva York a “La Negra» Sosa y Milagro Sala. 

Las cinco mujeres que aparecen en escena encarnan personajes complejos cuyo carácter femenino no cae en el estereotipo de la víctima bondadosa ni se agota en el uso de la arroba de la reivindicación lingüística. Una obra que no ofrece certezas, sino cuestionamientos. Resulta imposible evitar tanto la risa como el llanto y no se sentirse interpelado por lo que cinco mujeres, a veces políticamente incorrectas, son capaces de decir acerca de la condición femenina.

-Lo que yo vi es una  de teatro político, un alegato a favor de las mujeres, con mucho humor y con un gran distanciamiento. ¿Coincide esta visión con tu planteo estético?
Manuel Santos Iñurrieta: Sí, la obra responde a una búsqueda que venimos haciendo con mi grupo anterior que se llamaba El Bachín Teatro que ahora está en receso. Con una esta nueva compañía, Los Internacionales Teatro Ensamble, seguimos profundizando en esa dirección, en la idea de lo político, de lo épico, tomando elementos de Bertold Brecht.

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-A eso me refería con lo del distanciamiento.
M.S.I: Sí, pero pensándonos como latinoamericanos en este presente y en este contexto, pensando la épica hoy y no desde un punto de vista del relato de una gran epopeya, ni con personajes heroicos de bronce, sino de carne y hueso. Creo que es una épica que podemos encontrar en todos los gestos de nuestras vidas.

-Sería una épica cotidiana.
M.S.I: Exactamente. Hay elementos de ese tipo de épica manifiestos en la obra. Desde el punto del lenguaje responde a la búsqueda de una épica latinoamericana, una épica nacional, un teatro que pretende generar un diálogo con un espectador vivo, activo tomando recursos formales de los planteados por Bertold Brecht, ya sean los cartelones, un prólogo, la poesía que irrumpe en cualquier lugar rompiendo la estructura más formal. Para nosotros era interesante y sumamente necesario pensar a la mujer en este marco, en este sistema político, social y cultural a partir de lo que estamos viviendo y del grado de conciencia que comienza a despertar. Me refiero al tema del femicidio, a todas las movilizaciones en torno del Ni una Menos, al lugar de la mujer en esta sociedad. En función de eso proponemos esta obra que tiene mucho de juego, mucho de humor y mucho de poesía.

  -Vos sos el autor y el director de la obra. Tengo la sensación que cuando el autor es también el que dirige, el texto se genera en torno a la acción teatral. Acá me da la sensación de que el texto tiene una importancia capital, que es muy fuerte, muy literario. No da la impresión de haber sido generado a partir de lo que los actores hacían sobre el escenario, sino a la inversa. ¿Cómo fue su escritura?
M-S.I: -Cuando nos pusimos a trabajar un setenta por ciento de la obra estaba escrita, es decir que había ya una propuesta literaria antes de arrancar con los ensayos. Pero a partir de que comenzamos a ensayar, volvimos a pensar la obra y a escribir el desenlace, sobre todo la parte del acontecimiento épico que se resuelve sobre el final. Comencé a escribir la obra hace tres años y la terminé de escribir el año pasado ya con los ensayos avanzados. Siempre en mis obras hay un trabajo del escritorio a la escena y de la escena al escritorio, hay un permanente ajuste de los textos. Soy actor y las propuestas de las actrices que aparecen en los ensayos son tomadas inmediatamente cuando advertimos que es algo que nos sorprende, que nos entusiasma, que suma y mejora. 

-En la obra la poesía aparece tematizada ya que hay un intento de suicidio poético de las cinco mujeres de la obra. ¿Qué lugar le das a la poesía?
M.S.I: -Un lugar central, no sólo en esta obra sino en mi teatro en general. Esta obra tiene unidades poéticas muy fuertes y de hecho llegamos al desenlace yendo hacia la poesía. El suicidio está pensado como la búsqueda de la belleza, como el último acto poético, pero cuando deciden no suicidarse, también resuelven el desenlace desde la poesía pero con otro carácter. Finalmente terminan construyendo un poema con características épicas. Este poema puede ser cortado en cualquiera de sus partes y va a seguir siendo válido, creo que lo podemos ir actualizando función a función o cada tantas funciones, podemos ir cambiando la galería de mujeres que nos motivan y nos empujan hacia adelante. 

– Creo que uno de los grandes desafíos y uno de los grandes logros de la obra es haber conciliado el humor con una temática como es la del lugar de la mujer en la que, por lo general, el humor está ausente.
M.S.I.: – Sí, el humor lo que genera es una empatía inmediata. La risa invita a liberarse, a una suerte de catarsis momentánea, genera mucho impacto y desahogo. Lo poético requiere otro tiempo y toca otra fibra. El público puede conectarse con la obra desde todos los lugares y cuanto más propuestas le podamos dar al espectador, más se va a multiplicar el diálogo. El que no se enganchó con el humor puede hacerlo con otro elemento.

– Otra característica de la obra es el ritmo acelerado: no da respiro. No le permite al espectador “hacer la plancha” ni un minuto, tiene una gran intensidad.
M.S.I.-Sí y esa intensidad no se sostiene –y esto es una ponderación de las actrices- sin el entrenamiento rítmico que fuimos adquiriendo en un año de trabajo casi inconscientemente. Ese tiempo, esa coordinación las actrices la fueron encontrando en el transcurso de los ensayos. Seguramente dentro de dos meses la obra va a ser otra porque apareció el público y eso modifica los tiempos de la partitura general. La obra requirió mucho ensayo, tiempo de conocimiento entre las actrices, mucha repetición. Fue interesante cómo explotó en el estreno porque ya hacía tiempo que nos venía pidiendo público.

-Me gustaría que cada una de las actrices me dijera cómo fue que compuso el personaje y que características tuvo ese proceso de composición.
Luciana Vieyra: – En la obra soy Amelia. La obra es una especie de popurrí que pasa por muchos momentos, que juega con el humor y con lo poético. Mi personaje está desde el principio y es el que va a buscar a las amigas para hacer este juego del suicidio como búsqueda de un acto poético. Pero también me puedo poner una nariz de payaso para hacer una descripción de lo que está pasando en otro lugar, me puedo emocionar con lo que me toca decir de los poemas. Es una gran mezcla que disfruto un montón y que logramos con potencia de trabajo y con disciplina, con precisión.

-Sí la obra tiene una precisión de relojería.
L.V: -Si, eso es trabajo y hay que entrenarse para que no afloje. 

Clara Barreira: -En la obra soy el Prólogo o Prologuito, como me llaman en algún momento. Mi personaje es la “declamadora” del grupo. Es un poco pedante y me hacen mucho bullyng durante toda la obra. Me gusta mucho el personaje y creo que ha ido creciendo con los ensayos y con la generosidad del director para dejarnos trabajar libremente.

Diana Kamen: Mi personaje es Victoria, la más cabrona, la que se enoja, la que pone los puntos. Hoy me dijeron que era la “avinagrada” (risas), lo que mucho no me gustó porque a veces soy malhumorada en la vida. También me dijeron que la obra es un poco políticamente incorrecta. Por ahí me estoy metiendo en un berenjenal (risas), pero siempre que se tocan estas temáticas de género, del patriarcado, la mujer suele aparecer como “la buena”. En la obra, otras mujeres le hacen bullyng. Me lo señalaron como algo inteligente del texto y creo que es así. La que más se la agarra con el Prólogo soy yo, cosa que me divierte mucho, lo mismo que putear en escena que es algo que no había hecho antes. La paso muy bien sobre el escenario. 

-Sí, es un acierto porque a veces en la reivindicación de la mujer se puede caer otra vez en “el monumento a la madre”.
D.K: -Sí. Otra cosa que me pasa es que siento vértigo sobre el escenario porque nunca me había pasado esto de trabajar con la precisión de un mecanismo de relojería y muy al palo. 

Marina García: -Mi personaje se llama Lorena. Soy la “proponedora” y también “amenizadora”  de las locuras de las amigas. Al principio parezco muy dulce y termino descabellándome con un elemento como una escopeta que me vino al pelo, que mi personaje necesitaba. Durante todo el año de ensayo la obra mutó, creció y los personajes de todas fueron desarrollándose, lo que culminó en la explosión del estreno. Se armó un grupo muy bueno y muy variado porque cada una tenía experiencias distintas en todos los aspectos: de formación, de trabajo, de militancia, de feminismo y eso fue muy rico. 

Lucía Salatino: Mi personaje es Estela que es un poco la “inocentonta” del grupo. Estela es inocente y, por momentos, medio boba. Es soñadora y medio trágica, tiene algo de actriz de cine mudo. Creo que todos los personajes muestran la complejidad de la mujer. Es habitual pensarla como un ser inocente, femenino, grácil, pero también tiene su parte “camionera”. La mujer también puede sacarse, putear, deschavetarse y querer prender fuego todo. Todos los personajes tienen esa complejidad y Estela tiene esa cosa ambigua de que por momentos es inocente y, por momentos está resacada. Estoy muy contenta de haber trabajado con este equipo loco. 

M.S.I: -Me parece interesante lo que dicen porque suele pensarse el teatro político como el lugar donde te van a decir la verdad del mundo y una bajada de línea. Ya sabemos que todo teatro es político, pero en el que toca temáticas referidas a lo histórico y lo político lo que nosotros deseamos es plantear un conflicto abierto en el que tenemos posición y la ponemos en juego a debatir. Humildemente decimos “nosotros creemos esto”, no que la verdad del mundo pasa por tal o cual lado. Nosotros no planteamos el feminismo es tal o cual cosa, no tenemos la verdad de la milanesa. Por eso los personajes están vivos y son contradictorios como lo somos todos. Critico el hacer bullyng, pero reconozco que en algún momento de mi vida le he hecho bullyng a alguien. En la lucha de las mujeres hay un montón de cosas por aprender y otro montón por desaprender. Hay cosas que aprendimos en nuestra casa, en la escuela, en la universidad, con nuestros amigos, que es necesario desandar y poner en conflicto. Esa es la propuesta de la obra.
L.V: Yo quisiera nombrar a Pepo Migliori que es el músico porque lo que hace es muy importante, suma y nos ayudó mucho tanto en el ritmo de la obra como en los climas. La música que hizo es hermosa y el hecho de que la toque en vivo es muy bueno. 

Ficha técnica:

Buenos Aires Épica, en la Sala Pugliese del CCC los sábados a las 20.30
Elenco: Sara Barreira, Marina García, Luciana Vyeira, Diana Kamen, Lucía Salatino.
Música original en escena: Pepo Migliori.
Diseño y realización de vestuario: Marina García
Diseño de peinados: Lucía Salatino.
Escenografía y utilería: Diego Maroevic
Diseño de imagen: María Eugenia Summa
Fotografía: Agustina Haurigot
Diseño de Luces: Horacio Novelle
Operación de luce: Víctor Guidolli
Comunicación visual del CCC: Claudio Medín
Producción: Alejandra De Luna
Asistentes: Diego Maroevic, Valeria Rellán
Texto, puesta en escena y dirección general: Manuel Santos Iñurrieta. Llevada a escena por Los Internacionales Teatro Ensamble.