En la tarde del viernes, un emir qatarí empezó a confirmar que la agenda futbolera de los últimos 15 años cambiará para siempre. “Las negociaciones están oficialmente concluidas. Será anunciado luego”, tuiteó Khalifa Bin Hamad Al Thani, miembro de la familia real. El idioma, su cargo y su túnica en la foto de perfil de sus redes sociales resultará lejano, pero el anuncio de Al Thani modifica la vida cotidiana de casi todos los argentinos: ya no habrá que sentarse a mirar al Barcelona para ver jugar a Lionel Messi, como ocurre desde 2004. Ahora, los ojos se preparan para apuntar a París.

Ese tuit fue la primera pista firme después de más de 24 horas de confusión. Cuando se esperaba que Messi firmara su contrato con el Barcelona y juegue este domingo en el Camp Nou por el trofeo Joan Gamper, el club anunció su salida. Los caminos conducían a Paris Saint-Germain, el único equipo en condiciones de quedarse con Messi a esta altura de la temporada. Y todo indica que así será: desde el club que es propiedad de la familia real qatarí afirman que el rosarino será presentado el martes en la Torre Eiffel. Las despedidas de sus excompañeros del Barcelona también van en ese sentido. Y las fotos de las vacaciones en Ibiza con los jugadores del PSG, vistas con el paso del tiempo, parecen guiños. Neymar, Ángel Di María y Leandro Paredes pusieron en marcha el operativo seducción hace más de un año. Aun así, cuesta creerlo.

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Para que suene a verdad, más allá de lo inverosímil que resulte el cambio de escenario para Messi y de que las noticias más frescas se escriben en un alfabeto desconocido para los futboleros argentinos, falta la palabra del 10. Eso llegará este domingo, a las 7 de la mañana argentina, en una rueda de prensa que dará en el Camp Nou. Será la despedida del club de su vida, el que lo recibió a los 13 años. Deja como legado 778 partidos, 672 goles y 266 asistencias. Y un tendal de récords. Incontables. Va uno solo como muestra: es el único jugador en la historia en marcar más de 40 goles con su club en diez temporadas consecutivas, entre la 2009/10 y la 2018/19. Desde su entorno, hasta ahora, no salieron más que las palabras shock y sorpresa. La ruta a París parece allanada. ¿Pero qué dirá Messi?

La pelea entre Real Madrid, Barcelona y LaLiga de España, por los coletazos de la fallida Superliga Europea y por el contrato de los derechos de TV, dejó a Messi afuera de su club. Que los números del contrato de Messi en el Barça no encajaban en el Fair Play financiero ni el tope salarial es algo que se podía adivinar mucho antes de que la negociación diera un giro total e inesperado, cuando la firma parecía un hecho. Alguna explicación falta. Habrá que intuirla entre las declaraciones cruzadas de Javier Tebas, presidente de LaLiga, y Joan Laporta, presidente del Barcelona. Messi quedó en medio de esa guerra. Pero eso ya parece parte del pasado.

Los dólares y la seducción qatarí llegaron al rescate. Nasser Al-Khelaifi desembarcó hace casi una década en París. Con un pasado de tenista profesional que le sirvió para estrechar relaciones con la familia real más que para hacer una carrera en los courts (apenas llegó al puesto 995º del ranking de la ATP), el fondo de inversión Qatar Investment Authority le dio la responsabilidad de transformar al Paris Saint-Germain en una embajada deportiva para mostrar el poderío qatarí por fuera del negocio del petróleo. En esta década lo cumplió: David Beckham, Thiago Silva, Zlatan Ibrahimović, Gianluigi Buffon, Keylor Navas, Kylian Mbappé y Neymar –el fichaje más caro de la historia, por 222 millones de euros– son algunos ejemplos.

Además, Al-Khelaifi parece tener un gusto especial por los argentinos. Messi sería el séptimo futbolista argentino que contrata, sin contar que el actual entrenador es Mauricio Pochettino: Javier Pastore, Ezequiel Lavezzi, Giovani Lo Celso, Di María, Mauro Icardi y Paredes. Sus vínculos van más allá del fútbol. El primer encuentro que se programó Mauricio Macri cuando llegó a París, en plena cuarentena de julio del año pasado, fue un almuerzo con su amigo Al-Khelaifi. Y un hombre clave en la negociación por el contrato de Messi fue Gastón Gaudio, el tenista argentino que conquistó París con el Roland Garros 2004. Gaudio, que sueña con ser presidente de Independiente, tiene una muy buena relación con Al-Khelaifi y con el emir Tamim Bin Hamad, quien también intentó ser tenista profesional. El Gato Gaudio ya hizo de puente entre Qatar y Argentina en otras ocasiones, como en el memorando de entendimiento entre los dos países, que terminó en una denuncia judicial luego desestimada porque involucraba al Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses.

La tradición argentina en el PSG, sin embargo, se remonta mucho más atrás en el tiempo, previo a la influencia árabe. Carlos Bianchi fue el pionero entre 1977 y 1979, cuando el club apenas tenía menos de una década de vida. Marcó 71 goles en 80 partidos y fue el goleador de la liga en ambas temporadas. Tan extraordinario fue el periplo por Francia que hasta el escritor Adolfo Bioy Casares lo incluyó en su literatura: en el cuento “Nuestro Viaje (Diario de Lucio Herrera)”, Bioy describe una actuación del Virrey con la camiseta del Reims ante el Paris, que luego sería su equipo: “No hay un goleador como Bianchi”.

Que a sus 34 años Messi no pueda cumplir con el deseo de seguir su carrera en el club de su vida y que deba mudarse a París es acaso la pieza que faltaba para completar la influencia total de los dineros árabes en la élite del fútbol. Las dos últimas ediciones de la Champions League ya habían sido un indicio, con el PSG en una final y el Manchester City en otra. Todo en la previa del Mundial de Qatar 2022.

Antes de que Messi, en este mercado, el PSG ya se había asegurado a la estrella Sergio Ramos, a Achraf Hakimi, que viene de ser clave en el campeonato del Inter, a Georginio Wijnaldum, pieza fundamental del Liverpool de Jürgen Klopp, y a Gianluigi Donnarumma, el arquero que se convirtió en héroe para Italia en la última Eurocopa. Ayer arrancó su paso por la Ligue 1 ante el Troyes. La atención, sin embargo, no estaba en el campo de juego. Estaba en Messi, en lo que dirá en este mediodía europeo, en lo que se espera que sea su despedida del Camp Nou.