Diego Maradona y Juan Román Riquelme se pasan la pelota. Román, Diego, Román, Diego, una escala en Diego Latorre, Diego, Román, Diego. Maradona con la N° 10, Riquelme con la 9. Primera fecha del Torneo Apertura 1997 en La Bombonera, domingo 24 de agosto. Boca le gana 4-2 a Argentinos Juniors, el club que los formó a Maradona y a Riquelme. No lo saben, nadie lo sabe: será el único partido oficial que compartirán adentro de una cancha como futbolistas. A Boca lo dirige Héctor Veira, segundo entrenador de la presidencia de Mauricio Macri iniciada en 1995 (el primero, Carlos Bilardo). Faltan diez meses para que llegue Carlos Bianchi y conozca a Riquelme. Diego y Román no fueron amigos. Incluso hasta se pelearon y se distanciaron. Pero convivieron con Macri y su dialéctica del dueño y el empleado. Maradona (Villa Fiorito, Lomas de Zamora) y Riquelme (de la villa San Jorge, Don Torcuato) se rebelaron contra la meritocracia que imponen los que no la cumplen. Extrovertido e introvertido, Diego y Román detectaron quién era el enemigo: quién era Macri.

Maradona y Riquelme habían jugado juntos el 18 de agosto de 1997, pero en el amistoso ante Universidad Católica de Chile en La Bombonera (Boca perdió 3-2). Dos meses más tarde del Boca-Argentinos (después del partido Maradona dio por tercera vez positivo en el doping), el 25 de octubre, Román entró por Diego en el entretiempo del superclásico ante River en el Monumental. Fue triunfo 2-1 de Boca. El último partido de Maradona como profesional. Y el pase del testimonio bostero. En 1996, ante un intento de Macri de reducir los premios para el plantel, Maradona había dicho: “Él (Macri) será presidente de Boca por muchos años y yo seré jugador de Boca ojalá por un par, pero no me gusta el manejo que tiene. Se lo digo: yo no soy empleado de él, él no es mi jefe. Nunca va a poder hablar de tú a tú conmigo porque él es hijo de padre muy rico y yo soy hijo de padre muy pobre. Tenemos distintos caminos y distintas crianzas. Es así, es clarita la historia”. Cualquier semejanza con las palabras de Riquelme, ya como vice de Boca, en abril de 2023, no son coincidencia. “Sé que hay mucha gente que tiene miedo de hablar porque se queda sin trabajo, hay gente poderosa detrás -dijo en TNT Sports, porque el conglomerado macrista es político, judicial y mediático-. Tengo la suerte de que desde los 18 años que debuté en La Bombonera que no tengo jefe; para mí es maravilloso y sé que a esa gente le molesta porque no me pudo controlar nunca. Yo nunca fui y ni voy a ser empleado de ellos”.

Riquelme juega por la María, su madre. De chico le dijo que jugar le resultaba fácil, que lo dejara cortar el estudio en séptimo grado, que le quería comprar una casa. Minutos después de que Argentina le ganara a Inglaterra en el Mundial de México 1986, Maradona habló por radio con Doña Tota. “Yo sé lo que ella sufre cuando le dicen que el nene juega mal, el nene esto, el nene lo otro -dijo, y le dijo-. Yo juego para vos, mamá”. En 2000, Kurt Lutman celebró un gol en la Reserva de Newell’s con el siguiente mensaje en una remera: “Cárcel a Videla y a los milicos asesinos”. Fue futbolista. Se retiró a los 24 años. Ahora es trabajador social y un narrador del fútbol y de la realidad. “Se imantaron al toque adentro de la cancha”, dice después de ver el video de los pases entre Diego y Román, y apunta: “Hay algo que los une, lo vengo pensando hace un tiempito: muy intuitivamente, no tanto políticamente, pudieron ubicar quién era el enemigo macropolítico. Y si lo llevamos a la cancha, habla de la misma intuición que tenían para poder esquivar a la gente que les quería chorear la pelota”.

En la despedida de Maradona, el 10 de noviembre de 2001 en La Bombonera, Riquelme fue un actor principal. Jugó para las leyendas ante la selección que dirigía Marcelo Bielsa, quien lo dejaría afuera del Mundial de Corea del Sur-Japón 2002. “La Bombonera -había dicho Diego- es el templo de Román”. El sumun: Maradona sacándose la camiseta argentina y, debajo, la de Boca -la 10 de Román-. La Bombonera lo ovacionó toda la tarde: cuando Pablo Aimar festejó un gol de frente a La Doce y, sobre todo, cuando se anunció el ingreso a la cancha del “presidente Mauricio Macri”. En 2002, cuando secuestraron a su hermano Cristian, Maradona llamó a Riquelme para acompañarlo. El 25 de junio de 2023, después de su partido homenaje en La Bombonera -el estadio que el macrismo quiere jubilar-, Riquelme se sacó una camiseta de Boca y se puso otra, con el “Maradona” en la espalda. Diego, es cierto, había apoyado a Daniel Angelici y a su candidato en las elecciones de 2019. “D10S es de Boca”, publicó en las redes Christian Gribaudo, candidato de Angelici, con una foto junto a Diego, mostrando un carnet de socio. Lucía achacado. Moriría el 25 de noviembre de 2020. ¿Hasta qué punto llegará el enojo de Angelici con Macri, la distancia que tomaron luego de que le pasara la factura de la derrota electoral de 2019? Angelici, viejo radical, manifestó públicamente su “no” a votar a Javier Milei. “Yo era de Boca, era intensamente de Boca, hasta que el señor Angelici lo trajo a Riquelme a robar”, lo había atacado Milei. ¿Se hubieran reconciliado Diego y Román ante este Macri?

“El factor común que relacionó a Maradona y Riquelme con Macri es el vínculo empleado/empleador. La singularidad fue que ellos no eran empleados normales sino empleados artistas, como podría haber sido empleado Picasso; y, además, Macri tampoco es un empleador normal, dado que no ha de haber en la cultura de los empleadores un desprecio tan olímpico por la fuerza laboral como el de él”, dice Juan José Becerra, escritor, bostero, autor de “La Bombonera: intimidad del mundo exterior”, un texto hermoso incluido en la antología Con el corazón en la Boca (2014). “Ese choque estaba cantado. Ese, y un choque secundario, que tiene su origen en la procedencia social, que es el choque educación/mala educación. Para el microcosmos plagado de vacas atadas en el que nació Macri, la educación equivale a obediencia; y Maradona y Riquelme se han rebelado desde muy jóvenes contra la obediencia, que es una esclavitud naturalizada. Maradona y Riquelme son ejemplares insobornables del black power que sostiene ‘lo bostero’. Han sido empleados desobedientes que no aceptaron que Macri les pusiera un precio a la baja. Hay que seguir la ruta de la desvalorización de Macri, más larga que la Ruta 40. La ilusión del valor que Macri se adjudica a sí mismo necesita de los escombros de los demás. Florece en la demolición. Y arma mundos donde solo cabe él”.

Riquelme lo defendió a Maradona después de que Macri sentenciara que “la época de Maradona se terminó”. “Cuando una persona ya no está, no se puede hablar de ella porque no se puede defender”, dijo. Diego y Román fueron presentados en tapas de revistas como el Che Guevara. Desde La Garganta Poderosa hasta El Gráfico. “La persona con más poder es la que acaba de cumplir tres años, hace muy poco, porque para mí tener poder es que la gente te quiera mucho -recordó Riquelme a Maradona-. Eso significa que algo le diste, porque alguna alegría le diste, una felicidad le diste; eso es maravilloso”. Y aclaró: “Yo no era amigo de Maradona, eh. Pero sin dudas fue lo más grande que vi dentro de una cancha de fútbol. Todos queríamos ser Maradona. Agarrábamos la pelota y decíamos: ‘Ahí la lleva Maradona’. Imaginate lo grande que fue. La persona con más poder en este país. Porque eso es tener poder, que la gente te ame. Y los argentinos a él lo amamos”. En una pared de la casa de la infancia de Riquelme, los techos de chapa, en un pasillo de la villa San Jorge en Torcuato, un cuadro colgó durante años: Román con Diego.