La venta por Internet de la camiseta de Diego Maradona en la casa de subastas inglesa Sotheby’s, que terminará el próximo miércoles, es el ejemplo más elevado de un nuevo fenómeno ligado al fútbol: la cultura -y el consiguiente mercado- de la indumentaria utilizada y transpirada por los deportistas en la cancha. No es ropa: son reliquias, mantos sagrados.

Los coleccionistas las llaman match worn (usadas en partido) y la que vistió Maradona en el segundo tiempo con Inglaterra en 1986 marcará un techo, no sólo en el fútbol. Aunque sólo esta semana se sabrá el precio final de aquella Le Coq Sportif azul a la que el futbolista inglés Steve Hodge accedió tras intercambiarla con Diego, hasta ahora el récord pertenece a otro deporte: en 2019 se pagaron 5.640.000 dólares por una camiseta de Babe Ruth, mítico beisbolista. En fútbol el récord lo tiene una de Pelé de México 70, subastada en 2002 por 225.000 dólares, pero la de Maradona llegaría a 7.000.000.

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Detrás de esta subasta hay miles de camisetas que se coleccionan y comecializan. “La del segundo tiempo con Inglaterra, la de los goles, es icónica y no tiene precio, o tendrá el que pague el comprador. La del primer tiempo (en posesión de la familia de Maradona) podría venderse en un millón de dólares”, estima Hernán Giralt, un inagotable coleccionista de camisetas de la selección argentina (tiene 388) y la carrera de Maradona (43), siempre utilizadas en partidos.

El fenómeno es tan global que un chino, @shin_xex en Instagram, se dedica a comprar remeras de Andrés D’Alessandro. “Las camisetas de Argentina son muy buscadas en China e Inglaterra, mucho más que las brasileñas. Un japonés tiene un museo personal de Maradona”, dice Giralt, que empezó a reunir camisetas de su club, Racing, y luego amplió a la selección y otros clubes de Argentina y el mundo. Su repertorio de 1.300 piezas (incluye pantalones y botines) puede verse en museoracingclub.com. Entre tantas gemas, siente predilección por la que usó Juan Carlos Cárdenas ante Celtic en Avellaneda por la Intercontinental 1967.

“Yo vendo cada tanto, solo cuando necesito comprar”, dice Waldo Atenas, coleccionista de indumentaria usada por futbolistas de River. “Empecé por hobby y ya tengo más de 90, entre ellas algunas camisas de 1923 y 1926. Ahí es difícil reconocer qué jugadores las usaron porque no había número, pero me consta que pertenecieron a futbolistas”, agrega. En su relicario tiene una muy difícil de cotizar, la que usaron los pibes que en 1975 ganaron el primer título de River en 18 años: “En la etiqueta se lee ‘A’, de Amateur, porque eran camisetas de las inferiores”.

Además de Sotheby’s, otra casa especialista es Julien’s Auctions, de Estados Unidos, que en 2020 subastó la curiosa número 1 que Norberto Alonso usó en el Mundial 78 ante Hungría: el comprador pagó 15.625 dólares, el equivalente a 1.800.000 pesos al cambio oficial. También en esa casa fue vendido otro de los mantos azules que Argentina vistió ante Inglaterra en 1986, la número 2 de Sergio Batista: el martillo virtual se bajó en 11.520 dólares. «El mercado creció mucho en los últimos años», confirma Giralt, un experto en el tema.

Esa prenda, en verdad, no estaba en poder del “Checho” sino de Jordi Cruyff, el hijo del mítico Johan, ex futbolista devenido en coleccionista. Algunos campeones de 1978 y 1986 conservan sus camisetas, otros las regalaron a familiares o amigos y también hay quienes las vendieron, pero por lo general entre 2003 y 2010, por lo que se quedaron al margen de la reciente explosión. “Hodge hace algunos años pensó en vender la camiseta de Maradona por 300 mil dólares. Esperó y le salió bien”, explica Giralt.

En el catálogo de Julien’s Auctions se pueden ver los precios en que fueron subastadas otras camisetas -siempre usadas en partidos-. Cuanto más viejas y exclusivas (propias de prendas más artesanales y difíciles de conseguir), el precio será mayor: se pagaron 51.200 dólares por la de Maradona contra Brasil en 1990 y 28.125 por unos botines que Alfredo Di Stéfano usó en la Copa América 1947 . En cambio, el combo de camiseta y botines de Lionel Messi en un partido de la selección en 2012 fue vendido por 3.840 dólares, mientras que una camiseta de Enzo Francescoli en River de 1997 se canceló en 896 dólares y una de Juan Román Riquelme en los Juegos Olímpicos de Pekín cerró en 123.

La gran referencia de Boca es el coleccionista Guillermo Delbene. Tiene de Maradona en 1981 y 1997 pero su debilidad son los modelos excepcionales, discontinuos. «Sólo en dos partidos de 1978 usamos Adidas, y tengo la de Vicente Pernía ante el Cosmos. En 1989 jugamos con la alternativa blanca contra Central y la amarilla ante Japón, que me encantan. Me ofrecieron  4.000 dólares por la amarilla de Alfredo Graciani pero dije que no», dice Guillermo.

La fascinación por las camisetas llevó a que Daniel Goldfarb, hincha de River (@millonariocamisetas en Insgram), consiguiera dos veces un récord Guinness por tener la mayor cantidad de camisetas de un mismo club: 863. Semejante conjunto, único no sólo en Argentina, derivó en la publicación del libro «Mantos, la colección de camisetas más grande del mundo», en el que muestra su obra que arranca en 1918. Daniel también tiene camisetas de tiendas, aunque la mayoría fueron usadas por jugadores. Residente en Miami, Golfard es el hilo entre un récord ya constatado y el que seguramente se batirá esta semana, con la subasta de Maradona. La cultura de las viejas camisetas sólo acaba de nacer.