Delfina Pignatiello no ve: las antiparras le nublan la vista. Tampoco respira ni escucha bien: la nariz y las orejas entran y salen del agua sin parar. Es el invierno de 2018, son las seis de la mañana, y está en la pileta climatizada debajo de una carpa en el Campo de Deportes N° 1 de Béccar. En un alto, se acerca al borde, toma agua, y le dice a Juan Carlos Martín, el Gallego, su entrenador desde los 11 años, que no durmió bien, que se despertó un par de veces. Es el primer turno de entrenamiento. Tiene 18 años. Transita el tramo final hacia los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires.

Pignatiello ganará las medallas de plata en 400 y 800 metros libres en los Juegos de la Juventud. Y en junio de 2019, en el torneo Mare Nostrum en Barcelona, logrará las mejores marcas de su carrera: 4 minutos 6 segundos 61 centésimas en 400 (aún hoy récord argentino), 8:24:33 en 800 (récord sudamericano) y 15:51:68 en 1500 (récord sudamericano y, en aquel entonces, mejor marca mundial en el año y séptima en la historia).

Tres años más tarde, Pignatiello anunció su alejamiento del alto rendimiento: “Jamás usé la palabra retiro, porque no lo sé. Doy un paso al costado, porque hoy siento esto y es lo que me hace feliz”.

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Su explosión adolescente de talento, los medios que le atribuyeron el poder de “convertir el agua en oro”, un cambio de entrenador clave, el parate por la pandemia, el resultado en los Juegos Olímpicos de Tokio, una nueva generación de deportistas que prioriza decisiones personales como la salud mental y el hostigamiento de los haters en las redes sociales alimentaron un combo cuyo desenlace es llamado de atención más que sorpresa.

El torneo Mare Nostrum en Barcelona, el de los récords, coincidió con el alejamiento del Gallego Martín como su entrenador. Pignatiello pasó a entrenarse con Gustavo Roldán, el técnico de la selección argentina de natación. Roldán recibió a Pignatiello, pero nunca había entrenado a un nadador de fondo. Dos meses después, Pignatiello ganó las medallas de oro en 400, 800 y 1500 metros en los Juegos Panamericanos de Lima 2019. Fue la primera nadadora argentina en ganar tres oros en la historia de los Panamericanos. Pero el quiebre ya había sonado: Pignatiello ganó los 1500 en 16m16s54c, 25 segundos por encima de su marca en el Mare Nostrum, una pérdida de dos segundos cada 100 metros, una diferencia de ritmo abrumadora en un deporte donde una centésima define un resultado. En Lima, además, Estados Unidos se había presentado con un equipo C: no había competido Katie Ledecky, récord mundial en 1500 con 15:20:48, oro en Tokio 2020. El Gallego Martín cuenta que se desconectó de Pignatiello después de que dejara de ser su entrenador. “Era la promesa de la natación mundial -dice Martín-. Viendo la involución en sus tiempos, era previsible que algo podía pasar: que cambie su mentalidad, que cambie su forma de plantearse la natación, que deje de nadar”.

Osvaldo Arsenio fue nadador, entrenador y director de Alto Rendimiento Deportivo en Argentina. “La natación es un deporte muy previsible -explica Arsenio-. No hay oposición, fricción ni combate, tampoco creatividad del deportista. Hay una sinfonía biológica y técnica. La biológica viene con el deportista, y la técnica, si la tiene, le fue inculcada a temprana edad por sus maestros. Pignatiello es una nadadora extraordinariamente talentosa, dentro de las cinco mejores de la historia argentina. Lo demostró como se demuestra en natación, logrando una marca, no ganando. Y el talento, si no tiene conducción y dirección, puede naufragar”.

Pignatiello y Roldán rechazaron después de Lima 2019 viajar a perfeccionarse a Brasil, Australia o Estados Unidos. Y en marzo de 2020, la cuarentena obligatoria por la pandemia de coronavirus: cuatro meses sin poder entrenarse en Argentina, hasta la excepcionalidad más que tardía del gobierno con los atletas olímpicos. Pignatiello sólo descansaba de la pileta una semana en el año. La nadadora italiana Federica Pellegrini, medallista olímpica, se entrenaba en plena pandemia en un centro acuático de Verona, mientras por la puerta desfilaban los cadáveres. “La pandemia sacó de eje a Roldán -cuenta una fuente cercana a los involucrados-. Enloqueció a todos por la imposibilidad de entrenar. En Argentina se hizo demasiado largo todo. Hay versiones de que la hacía entrenar a escondidas con permiso de circulación trucho. O que pagaron fortuna para poder abrir una pileta. Lo que sea que haya pasado, era una energía muy pesada la que había a su alrededor”.

Como miles, y en especial adolescentes, Delfina descubrió un mundo durante el confinamiento: Twitter, Twitch, Instagram, YouTube, TikTok. Una veta artística, un mundo sin exigencias como la natación, mientras los Juegos Olímpicos eran una incertidumbre. Pero también un espacio cada vez menos virtual que afecta la realidad, un boomerang inmanejable. Críticas disfrazadas de ataques, insultos, maltratos. Sexualización. Violencia. Y sufrimiento. “Y cuando finalmente llegué a mi sueño, a un Juego Olímpico, terminé inmersa en una guerra en las redes sociales, donde me atacaban sin impunidad detrás de un perfil en Internet. Donde me llegaron a decir ‘fracasada de mierda’ y, lo peor, es que yo me lo creí”, dice Delfina en su charla Ted, en diciembre de 2021.

En Tokio 2020, pospuestos un año por la pandemia, terminó 29° entre 33 nadadoras en los 1500 metros libres, con un tiempo de 16:33:69, 42 segundos por encima de su marca clasificatoria a los Juegos. Era esperable: en el Sudamericano de Buenos Aires 2021, en marzo, había continuado alejándose de su mejor marca: fue plata en los 1500 con 16:25:68. Pero el desconocimiento mediático de la natación y los odiadores de las redes ya habían hecho lo suyo. Y su carrera en Tokio fue la primera mala de la siempre “niña prodigio”.

“En la natación, apenas te descuidás, chau. A pesar de que el entrenamiento es muy difícil, hay una competencia feroz, nadadores talentosos y masoquistas, dispuestos a entrenarse a límites infrahumanos, y entrenadores dispuestos a hacer cualquier cosa”, dice Arsenio, el exdirector de Alto Rendimiento Deportivo en Argentina, y se lamenta: “Un talento extraordinario como el de Pignatiello merecía otro tipo de contención y oportunidades en todos los sectores. Psicológico, técnico, ambiental. Y extremar todas estas posibilidades, que pueden fallar, pero poder decir: ‘Hicimos lo posible’”. Roldán, el técnico de la selección argentina, su último entrenador, se encuentra ahora en el Campeonato Nacional de cadetes y juveniles en Santiago del Estero. “A Delfina -dice Roldán- hace un año no la veo, después de Tokio nos tomamos un café. Ahora estoy enfocado en el selectivo para el Mundial juvenil. Estoy enfocado con otros nadadores, ya quedó a un costado el tema”.

Pignatiello es parte de una nueva generación de deportistas, que habla de temas tabú, como la sexualidad y la salud mental. Y que pueden cortar sus carreras más allá de que estén en lo más alto. Lo hizo en marzo pasado la tenista australiana Ashleigh Barty, a los 25 años. Era la N° 1 del mundo. “Estoy agotada -explicó Barty-. No tengo ni la fuerza física ni emocional para enfrentarme a todos los desafíos. No quería que mi felicidad dependiera de mis resultados”.

La natación es un deporte pionero entre las mujeres en Argentina. En Berlín 1936, Jeannette Campbell, primera mujer argentina en participar en un Juego Olímpico, ganó la medalla de plata en los 100 metros libres. Se la entregó Joseph Goebbels, ministro de propaganda de la Alemania nazi. Campbell tenía 20 años. Era la única mujer entre los 51 atletas de la delegación argentina en Berlín, segundo Juego con participación femenina. Se había entrenado durante 24 días en la pileta de dos metros del barco Cap Arcona: atada a una cuerda, nadaba hacia adelante y la cuerda la tiraba hacia atrás. Como Pignatiello, Campbell dejó de competir rápido, a los 23 años, tras el Sudamericano de Guayaquil 1939. “Luego -le dijo en 2000 a Juan Mascardi, en una crónica publicada en Ni tan héroes, ni tan locos, ni tan solitarios– nadé por placer”. Georgina Bardach, segunda nadadora argentina medallista olímpica (bronce en 400 medley en Atenas 2004), se retiró en cambio a los 29 años después de Londres 2012, su cuarto Juego.

Delfina dijo que explorará en la fotografía. Una vez le preguntaron al fotógrafo brasileño Sebastião Salgado por qué trabajaba sus fotos en blanco y negro. “Mi gris -dijo- tiene muchos matices, está lleno de colores”. La vida de Pignatiello, también.