Santiago Grassi saca al mismo tiempo los brazos del agua. La presión recae sobre los hombros. Las patadas también deben ser simultáneas: los pies abajo y arriba de la superficie. “Es -dice- el estilo que más cansa”. Grassi -24 años, santafesino, plata en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015- es el dueño del récord argentino en los 100 metros mariposa (51:88). Graduado en Marketing y Gestión de Información de Sistemas en la Universidad de Auburn, de la que aceptó una beca deportiva hace cuatro años, Grassi es el único nadador argentino ya clasificado a Tokio 2021, los que serán sus segundos Juegos Olímpicos luego de Río de Janeiro 2016.

-¿Qué es nadar?

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-Es la forma en que me expreso y vivo mis días. Llegué a un punto en el que la natación se volvió mi trabajo. En un año tan raro por la pandemia, y después de graduarme en la universidad, me encuentro de golpe y porrazo sólo nadando y me pregunto: “¿Es esto lo que quiero hacer?”. Y sí, tomé la decisión de convertirme en ese nadador profesional que soñé de chiquito, y que no fue nada fácil.

-¿El disfrute no está exento del sufrimiento?

-Es un trabajo que demanda mucho física y mentalmente. Cada año que pasa queremos estar en un nivel más alto, y eso implica apretar el acelerador. Entrenar no es sólo presentarse en la pileta, mojarse, y listo. Hay veces que llego a vomitar, porque la presión me hace quebrar, o que me largo a llorar. Quizá te das cuenta que estás haciendo lo que amás, pero también a 15 mil kilómetros de tu familia. En la preparación, al final, son cosas secundarias.

-¿Se piensa cuando se nada?

-No hay pensamiento. Es el concepto del flow, de estar en el presente sin pensar nada más. Cuando se llega a eso se siente que estás flotando, viviendo el momento en su máxima expresión. Cuando camino hacia el cubo de partida no estoy pensando en la carrera, sino en el momento: la tribuna, los rivales. Cuando te estás por tirar al agua, o durante la carrera, igual. No es fácil. A ese flow se llega cuando la mente está preparada, no el físico. La mente es el corazón de la natación. El disfrute viene de estar en el presente, no de pensar en lo que puede venir.

-¿Cómo se entrena la cabeza?

-Como sociedad, no sólo en el deporte, pensamos que la mente está ahí y hay que escucharla y hacer lo que nos dice. Hasta el año pasado, nunca había ido a un psicólogo ni había hecho algún tipo de entrenamiento mental. Pero la cabeza no hay que trabajarla cuando uno se siente mal. Empecé a trabajar con una mental coach en generar pensamientos que me ayuden: vos creas los pensamientos que te hacen bien, no es dejar que la cabeza piense por sí sola. Aprendí que la mente genera más de 60 mil pensamientos por día. De esos 60 mil, solo el 10% tiene algún significado para uno. Lo demás es “estoy cansado”, “mirá qué lindo día es”, “uy, me duele la espalda”. Eso no nos sirve para nada.

-¿Cuánto cuesta una centésima en natación?

-En 2015, cuando exploté a nivel internacional y gané la medalla de plata en los Panamericanos de Toronto, hice 52:09. Seis años después, mi mejor tiempo es 51:88. 21 centésimas en cinco años. Lo que trabajé físicamente y mentalmente para bajar esas 21 centésimas, viéndolo en retrospectiva, no lo comprendo, no lo creo. Pero también hay otro punto: muchas veces pensé que ser exitoso en una carrera es bajar los tiempos. Hoy no: lo importante al competir es tocar la pared primero.

-Simone Manuel, primera nadadora negra campeona olímpica, es parte del Black Lives Matter (“Las vidas de los negros importan”). Y Klete Keller, nadador campeón olímpico, asaltó el Capitolio en defensa de Trump. ¿Cómo se vive en Alabama, uno de los estados del sur racista de Estados Unidos?

Como deportistas y referentes, un desafío es mostrar las cosas que están bien o mal, lo que verdaderamente importa, como el racismo. De Black Lives Matter es algo histórico. Es muy feo lo que viven los negros en Estados Unidos. Cuando un deportista pone algo en las redes sociales, que tienen un gran poder de influencia, se toma de otra forma. Muhammad Ali no tenía redes sociales, pero tenía sus conferencias de prensa. En Auburn hay muchos campos de tiro, y una vez una nadadora negra nos contó que fue a pasar la tarde, a disparar, y la gente de ahí le recomendó que se fuera… Lo que pasamos todos los días con el tema de los policías todavía no lo logro entender, y se sigue viendo a policías ejerciendo un poder con los negros que no debería ser así. Alabama es un estado muy conservador, que votó a Trump.

-¿Cómo se enmarca el reciente triunfo de la selección argentina de natación en el Sudamericano de Deportes Acuáticos tras 55 años?

-Lo que lograron habla por sí solo, y se logró en Buenos Aires. Nosotros somos los primeros en saber que Brasil no fue con sus figuras, pero algunas críticas me parecieron irrespetuosas. Argentina no le pidió a Brasil que vaya con su equipo C. En marcas y medallas, la natación argentina está lejos. Pero no entiendo el bien que hizo Clarín, uno de los medios grandes de comunicación de Argentina, sacando un artículo menospreciando después de un logro histórico de un deporte amateur. Es triste. ¿Qué consideramos éxito? Una medalla no significa el éxito. Hay que mostrarle eso a los más chicos. ¿Quién va a querer ser nadador el día de mañana si les están dando por atrás por no ser medallistas olímpicos? ¿Qué es el éxito? La experiencia, los momentos vividos, los amigos.

-“Veo la posibilidad de ser medallista olímpico”, dijiste en 2017. ¿Cuál es el objetivo para Tokio?

-Ser mi mejor versión. Empecemos por la semifinal. Cuando esté en la semifinal, quiero estar en la final. Y cuando esté en la final, voy a ir por la medalla. Pero quizá se tome que si no llego a la final no fui exitoso. La pandemia trajo muchos problemas mentales. Algunos nos pudimos entrenar durante el encierro. Otros, se suicidaron. Lo dijo Michael Phelps, que pensó en matarse, y es el máximo medallista olímpico en la historia. Es nuestro deber cambiar la mentalidad, y pensar qué es el éxito en el deporte. Si empezamos desde los chiquitos, que van a divertirse, a hacer amigos, a aprender a ganar y a perder, a ser compañeros, quizás entendamos que eso ya es éxito, igual que dar todo en una competencia. El resultado es secundario. Parece que es la coronación del esfuerzo, pero no. Si dejáramos de poner el resultado primero, los deportistas podríamos ser mucho más felices.