Su música, su voz y su carisma eluden el olvido y siguen más vivos que nunca. Se trata de una de las cantantes más queridas de nuestra música popular y día a día es más reconocida y valorada. Este martes 7 de septiembre se cumplirán 25 años de la muerte de Miriam Alejandra Bianchi, más conocida como Gilda, la mujer que cambió para siempre la movida tropical en su corta pero influyente carrera.

Gilda falleció en 1996, a los 34 años, en un incidente vial (que también le costó la vida a su madre, a su hija y a tres de los músicos de su banda) mientras transitaba una ruta de Entre Ríos en el marco de una intensa gira. Podría decirse que desde ese instante dejó de ser una cantante exitosa para elevarse a otro plano de las preferencias del pueblo. Su carrera comienza cuando es elegida para hacer coros en diversas producciones de cumbia, pero fue con la salida de su primer álbum (De corazón a corazón, editado en 1992) cuando su impronta como cantante comenzó un despegue imparable. Más tarde vendrían más discos (el último de ellos, Corazón valiente, de 1995), cientos de shows, grandes hits (“Fuiste”, “Se me ha perdido un corazón”, “La puerta” y “No me arrepiento de este amor”, entre otros) y la mirada de muchos sobre su encanto inconfundible en una escena repleta de hombres.

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Es por eso que no son pocos los que en la movida tropical le adjudican a Gilda la responsabilidad de haber creado un espacio diferente para la mujer. Mucho tuvo que ver su imagen de mujer normal (a contrapelo de muchas de sus contemporáneas) y las canciones que le cantaban al amor con sinceridad. Muchas de esas canciones no son solamente parte de las fiestas de diferentes estratos sociales, también llegaron a las canchas y a las marchas multitudinarias del movimiento feminista. Su prematura muerte y el cariño de sus fans también favorecieron que adquiriera un estatus de santa popular. 

Antes de ser Gilda

El productor Toti Giménez la conoció desde sus primeros pasos en la música. En septiembre de 1990 Gilda acudió al llamado de un aviso en un diario que buscaba cantantes de cumbia. Fue en esa situación que el camino de Toti y Gilda se cruzó por primera vez. “Un amigo estaba armando un grupo y como en esa época no todo el mundo tenía teléfono, me pidió recibir en mi casa a las que llamaran porque yo era uno de los que tenía teléfono. Ella llegó a probarse, cantó unas canciones y lo hizo muy bien. Más tarde fuimos tomando confianza y me enteré de que había trabajado de maestra jardinera y que quería cambiar su vida. Pero lo que más me llamó la atención de esa primera vez es que noté que tenía todas las condiciones para ser cantante. Por ella dejé de tocar con Ricky Maravilla para producirla, así que pasó el tiempo pero me alegra no haberme equivocado”, reflexiona Giménez.

Haber estado junto a Gilda en esos primeros pasos le permitió a Toti haber conocido el crecimiento de una artista en formación. “En los comienzos recuerdo que todo fue difícil, pero de tanto insistir la pegamos con nuestro estilo y se fueron quebrando barreras. Eso se dio porque ella era diferente, tenía mucho para dar por sus condiciones innatas. Pero también su estética era diferente y se destacó frente a otras cantantes de su tiempo. Logró lo que logró porque triunfó en las radios, no en la televisión, pero no fue hasta 1995 en que la clase media la aceptó y la quiso como propia. Desgraciadamente al otro año pasó lo que pasó, así que ella nunca fue testigo de su estallido y éxito. Antes de morir, un día me preguntó cuándo sería una artista popular. ‘El día que la hinchada de Boca cante tus canciones’, le dije. Y eso pasó después del accidente, cuando ella ya no estaba entre nosotros. Seguro que esté donde esté vio y disfrutó todo eso”, resume el productor.


Más allá del género

Con el punk rock siempre entre los dientes, Attaque 77 supo reversionar a Gilda a finales de los ‘90 para cosechar uno de los grandes hits de su historia. Fue la mirada de la banda sobre “No me arrepiento de este amor” lo que posibilitó en 1998 que el –en aquel entonces– cuarteto llegase a otro público, multiplicara sus ventas y repercusión. Al mismo tiempo, Gilda entraba a la cultura rock. “En ese entonces estábamos preparando un nuevo disco y teníamos muchas ganas de hacer algo distinto, provocativo, algo que nadie esperase de nosotros. En medio del proceso creativo nos topamos de casualidad con un tema que incluimos a último momento, pero fue el que más pegó después. Ese tema era el de Gilda, algo que salió de casualidad, pero terminó siendo algo mágico. Muy cumbieros nosotros no somos, pero en el medio de la preproducción fuimos al casamiento del baterista de 2 minutos. Ahí, en pleno cachengue, sonó esa canción y nos surgió la idea de grabarla. Fue por accidente o el destino, pero en plena euforia de la fiesta vimos lo que nos provocaba y lo que generaba en todos los que estaban ahí. La voz de Gilda era como la de una sirena: te transportaba, te hacía sentir bien”, rememora el guitarrista y ahora cantante, Mariano Martínez.

¿Y qué pasó más tarde cuando Attaque 77 decidió encarar la grabación en estudios? El guitarrista recuerda que todo se dio de la mejor forma: “Salió fácil, fluyó tal cual lo sentimos y funcionó inmediatamente. Y no solo eso, se trasformó en un clásico de la banda que hoy no podemos dejar de tocar. En su momento más de uno saltó y protestó porque una banda como nosotros no podía tocar ese tema, pero la canción se puso por encima de estos prejuicios. Gilda ya es parte de todos nosotros. Hay que disfrutarla de todas la maneras posibles”.

Cultura popular

Con una mirada particular sobre el fenómeno Gilda, el sociólogo Pablo Alabarces sostiene la necesidad de pensar a la cantante desde varios puntos de vista. Así lo observa: “Su condición de mujer, teniendo en cuanta la época de su aparición y la postura del ambiente de la música donde trabajó, es también un aspecto a tener en cuenta. Sus canciones estaban bien escritas y producidas, ella cantaba muy bien, con afinación y matices, cosa que no es tan habitual en el mundo de la cumbia. Con su repertorio les hablaba a las mujeres de una manera distinta, con canciones diferentes. Pero lo hizo también rompiendo el esquema dominante: el ambiente profundamente machista de la cumbia ponía a las mujeres en un lugar de objeto (como a Lía Crucet o Gladys La Bomba Tucumana). Ella era alguien que contaba historias de amor y de vida, más allá de su apariencia. Era una flaquita nacida en Villa Devoto, alguien de clase media que había encontrado en la movida tropical la manera de poder hacer música. Sociológicamente significó un cambio ‘demográfico’ porque alguien de la clase media urbana encontró en los sectores populares la manera de comunicarse y se transformó en la reina de la cumbia”.

A modo de cierre, el sociólogo reflexiona sobre las apropiaciones culturales. “Macri y Michetti en 2015, con la utilización de ‘No me arrepiento de este amor’, demostraron cómo las clases dominantes pueden apropiarse de lo que se les ocurra. Lo hacen con distancia, con cierto cinismo y con cierto grado de parodia. Es una manera profundamente irrespetuosa de tomar lo popular y hacer que lo aceptan como propio. Por eso produce escozor verlos bailar y cantar algo que, claramente, les es ajeno. Pero la cultura es así, no son compartimientos estancos, autónomos e intocables. La cultura también funciona con apropiaciones, con usos, con desplazamientos, con expropiaciones, con afanos”, finaliza Alabarces. «


La santidad de Gilda

Por Pablo Semán, doctor en Antropología Social

Hay varias cuestiones a considerar en la santidad de Gilda. La primera tiene que ver con el porqué de su consagración en ciertos espacios sociales en los que esa santidad toma energías de forma primaria. La segunda se relaciona con la forma en que desde ciertos sectores de clase media se aprecia, valoriza esa figura.
Gilda Santa en primer lugar porque la suya fue una muerte trágica y ese es un elemento común en las santificaciones populares en que la injusticia de una muerte joven y las circunstancias de esa muerte joven parecen dejar en el aire un espíritu potente liberado al que los devotos pretenden invocar y de cierta forma poner a su favor.
También, en segundo lugar, es Santa porque expresa a través de su trayectoria vital valores que pueden vincularse a los de un espíritu bueno. No todas las santificaciones tributan a esa idea, pero muchas sí. Gilda es una mujer de bien entregada a su profesión, a su familia, a su trabajo expresivo e incluso la “tragedia de la separación” de un marido que no aceptaba su dedicación artística no construye una desgracia sino la oportunidad de presentar sus dones, su vista al frente, su compromiso vital. Y Gilda también es Santa en tercer término porque desde el inicio la música puede ser contemplada como un vehículo a través del cual lo sagrado y un sujeto se comunican. No debemos olvidar que, al menos en muchas sociedades, la música está inicialmente al servicio de los rituales religiosos antes que al del divertimento. La emoción musical vehiculiza siempre la posibilidad de lo santo. «


Biografías y homenajes

No es un secreto que el fenómeno Gilda explotó en mayor escala con su desaparición física. Discos, libros, una obra de teatro y hasta una película se cuentan como algunos elementos de su sobrevida artística. Fueron 13 los discos que se editaron después de su muerte –conformados por lados B, remixes y compilatorios– y gozaron de una muy buena recepción comercial. En 2012 se publicó el libro Gilda, la abanderada de la bailanta, una biografía de 200 páginas publicada para dar a conocer a la cantante a otras generaciones. Pocos años más tarde llegó Gilda, una obra teatral escrita y protagonizada por Florencia Berthold que transitaba la meteórica carrera de la cantante en formato teatral y que inclusive el año pasado fue repuesta de manera online. En 2016, al cumplirse 20 años, Natalia Oreiro protagonizó No me arrepiento de este amor, una película que volvió a instalar mediáticamente la figura de Gilda. Por último, desde este martes un seleccionado de cantantes (entre las que encontramos a Soledad, Natalie Pérez, Rocío Igarzabal y Chita, entre otras) le dieron forma a Por siempre Gilda, un álbum homenaje producido por Lito Vitale –que tendrá nueve videos– que refleja de manera contemporánea muchos de los éxitos de Gilda a 25 años de su muerte.


Bajo su influencia

“25 años después de su muerte, Gilda se hace más poderosa. Siento que todo lo que aportó sigue muy vigente y su música sigue sonando en todos los géneros por diferentes artistas. Fue una pionera, sobre todo en géneros como el de la cumbia y el folklore, donde siempre hubo machismo. Por eso siento que ella fue una mujer empoderada que sin enojos, con amor y carisma, luchó y logró muchos de sus objetivos.”

Soledad, cantante.

“El legado de Gilda tiene mucho que ver con la alegría que le daba a su público y la humildad que a ellos les trasladaba. Hay un amor incondicional y una entrega en ese trato. Por eso creo que nos deja un gran aprendizaje, como si nos estuviese diciendo que no hay que perder esa esencia y simpleza para conectar con los demás desde el corazón. La gente es la que recibe lo que damos y ellos lo hacen algo propio.”

Rocío Igarzabal, cantante.

“Las temáticas que tocaba Gilda son muy cercanas a muchas mujeres y por eso es fácil sentirla como una amiga. A ella hay que decirle gracias por la música y por la alegría que nos dio. Por eso espero que le guste este disco que hicimos en homenaje a sus canciones, y creo que desde alguna parte del cielo ella eligió a quienes participamos de Por siempre Gilda, un álbum hecho con el corazón.”

Natalie Pérez, cantante.