Cuatro veces se le cayó el desodorante en su casa la mañana de la entrevista. Tres veces puteó y a la cuarta quiso romper todo. Es que “el ser humano es indomable”, dice asumiendo lo difícil que es darle a cada cosa la importancia que se merece. Sin embargo, el paso del tiempo a Enrique Pinti lo acomoda. “Uno sabe que tiene muchísimo menos futuro que pasado y que presente”, afirma a los 77 años y, aunque lidiando con dolores de piernas y diabetes, con la alegría de subirse al escenario del teatro Liceo con nuevo espectáculo, Otra vez sopa, a decir lo que se le canta, con el respaldo de un público fiel a su estilo y a su verba.

-¿Por qué te seguís subiendo al escenario?

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-Los problemas en las piernas no me llegaron a la cabeza y, además esto lo va a decir cualquier actor grande, al subir al escenario –salvo que tengas algo serio- se van los dolores. En el escenario rejuvenecés, revivís, es absolutamente sanador. Yo creo que los actores se empiezan a retirar cuando tienen problemas de memoria, sobre todo los que no son autores de su propia letra. Pero mientras la memoria esté, uno está ahí parado. Yo tengo la ventaja que voy armando los espectáculos de acuerdo a lo que puedo hacer, entonces la gente no se da cuenta. Y me gusta hacer todo tipo de teatro, no solamente esto de actualidad o de crítica, por eso en los últimos años he alternado con obras como El burgués gentil hombre, Los productores o Hairspray.

-¿La historia es cíclica? ¿No se aprende más?

– Sí, es exactamente eso. Yo le iba a poner «¿Qué hay de nuevo viejo?» pero era de Bugs Bunny y tenía miedo de que ese conejo de mierda me hiciera juicio. Después de tantos años de vida en el mundo, lo que yo veo es que el hombre parece no entender las lecciones de vida que da la historia.

-Si chocamos siempre con la misma piedra, ¿cuál es esa piedra?

– Son varias. Una es la violencia, otra es la ambición, otra la prepotencia. Todo tiene que ver con la violencia, el egoísmo, el poder, eso que lleva a los de arriba y a los de abajo a confundirse, a equivocarse, a desatar guerras, odios, espantos. Parecería que con las experiencias horribles que ha tenido la humanidad no se aprende. Las guerras pasan como un tanque, matan al 80% de una generación y al otro 20% lo dejan loco. Esa gente se puede salvar al principio porque de pensar lo que dejó atrás no quiere volver pero cuando esa misma gente es viejita o se va muriendo desaparecen los testigos oculares y se vuelve a meter la pata en el mismo agujero. Los que tenemos nuestro trabajo y todo fenómeno y no tenemos que preocuparnos porque nos echan con la manta de plaza Once o porque se vive en una casilla. Los que tenemos las necesidades cubiertas, que somos una minoría privilegiada, tenemos el lujo de decir “voy a hacer historia y ver que pasó”. La gente metida en el quilombo, ¡qué se va a estar acordando de que por el hecho de ahondar en los nacionalismos de forma violenta se desataron tantas guerras! Entonces cuando empiezan a ver extranjeros en su país creen que les están sacando su trabajo y empieza a haber una especie de odio y de xenofobia. Y aparece (Jean-Marie) Le Pen diciendo: “Voy a devolver Francia a los franceses” y destila odio con todos los extranjeros que formaron la nación de toda la vida y muchas veces formaron parte hasta de prepo porque los franceses fueron a invadir lo que no les correspondía. O sea a esos “negros de mierda” los dejaste entrar porque primero entraste a su país y les sacaste todo y después ellos mismos dijeron “ya que estoy, en lugar de estar en la sucursal me voy a la casa central”.

-¿Y cuál sería tu piedra? ¿En qué errores volvés a caer?

– Yo vuelvo a chocarme permanentemente con la falta de carácter para frenar cosas cuando están por venir. Cuando empieza un mal o algo que vos considerás que no está bien hay que pararlo de entrada y yo siempre doy oportunidad. Después la vida me va enseñando que la primera impresión era la que valía, que esa persona me iba a traer problemas. A veces la educación progre te tira para atrás porque creés que todo el mundo tiene que tener su oportunidad, que la gente tal vez cambia.

-¿Pero vos tuviste una educación progresista?

– No, una educación re conservadora y casualmente los que tuvimos educación conservadora nos hacemos progresistas después. No voy a ser tan inflexible como mi mamá y mi papá. Hay que encontrar el término medio y creo que ese es el trabajo más arduo, de peor prensa. El término medio siempre indica tibieza, falta de definición, y últimamente en los períodos de mucha crisis la definición es lo que vale. ¿Qué sos? ¿Dónde estás? ¿De qué lado estás? ¿Cuál es tu posición? Y vos decís a veces: “no la tengo tan clara, qué se yo, esto me gusta, esto no me gusta.” “Ah no, así no, blanco o negro.” Y el blanco o negro a veces nos lleva a tener problemas graves.

Pinti resume en un minuto el argumento de El viejo doctor de Mario Soffici que acaba de ver por canal Volver. Mira compulsivamente cine argentino, italiano, programas de espectáculos. Habla de todo y de todos como en su obra en la que está solo frente a la platea exponiendo su punto de vista y alternando con algunas canciones. Recuerda la del hospital y dice “otra vez sopa”, lo que contó Soffici en el ’39, sigue vigente. Falta de insumos, médicos comerciantes, médicos con vocación, medicina privada y pública. “Ahí repito lo que todos los gobiernos tratan de ocultar permanentemente, no sé por qué; porque ya que no lo saben hacer o porque son ladrones o porque son inútiles o imbéciles o por lo que sea. No digan fue el gobierno anterior, siempre la misma historia, la pesada herencia. Asuman que los hospitales públicos de la República Argentina son para volver loco a cualquiera. Cada gobierno viene con su librito pero tanto unos como otros siempre cagan a los jubilados con la salud. Por uno o dos que se salvaron y agradecen el resto se fue a la mierda. Siempre faltan 20 pa’l peso y la frazada siempre es corta”, dice de corrido, entre enojado y resignado pero con su gracia habitual, algo más o menos similar a lo que sucede en su espectáculo.

“¡Anjelica Huston!”, da un golpe sobre el apoya brazos de la butaca y uno puede imaginarlo en el sofá de su casa repasando con papel y lápiz uno a uno los nombres de los ganadores al Oscar como Mejor actriz de reparto y ese nombre que se escapa hasta que aparece. Y ahí la euforia. “Siempre me olvido de Angélica Huston”, reconoce el actor que no pasa un día sin ejercitar la memoria. ¿Y si no se acuerda busca en Internet? “Nooo, nunca jamón”, retruca como si fuera un sacrilegio y lentamente se prepara para regresar a su mundo de teatro, ese que lo deja desplegar su vertiginosa mirada del ser argentino. «

«El sistema penal juvenil no existe, son depósitos de gente»

Enrique Pinti para todo parece tener respuesta pero, dice, a ciertas cosas no le encuentra explicación, no las comprende. Eso no lo deja mudo, pero sí perplejo.

-¿Qué te quita las palabras?

-Más que nada la crueldad y la violencia, no lo puedo entender. La violencia, tal vez más, porque todos tenemos un grado de violencia más o menos oculto. Aunque nunca fui físicamente violento, lo pude haber sido verbalmente. Pero me deja sin palabras que la gente necesite matar para robar, eso no tiene explicación alguna. Y no soy de los viejos que dicen “antes tenían código”. Ese asunto de si ya te di lo que querías, estoy en la calle, ¿de dónde carajo querés que saque más plata? Me pasó en dos o tres oportunidades esto de salir de un restaurant y que me insulten porque no tenía más plata encima, con navaja, acá en Plaza de Mayo.

-Se debate mucho el tema de la baja en la edad de imputabilidad, ¿Qué pensás?

-Es una tontería porque el problema no es ese. El tema es crear un sistema penal juvenil que no existe. Los reformatorios de la República Argentina desde la época de Y mañana serán hombres, película del ’39, fueron escuelas de crimen, escuelas de castigo donde el chico entra a los 12 años porque robó un pan y sale a los 18 violado y violando y armado. El sistema penal argentino está en crisis y el sistema penal juvenil no existe, existen depósitos de gente. Entonces da lo mismo 14, 15 o 16, el tema es tener un régimen penal juvenil que pueda separar la paja del trigo, pero para eso se necesita plata. Hay que separar a los chicos que tienen un entorno terrible y no han hecho nada grave, de los que están metidos en el paco, la droga, violaron, mataron. Separarlos para que uno no altere al otro, pero para eso se necesitan instituciones, reglamentos, inspecciones, gente que sepa. Acá todos los puestos son compromisos políticos entonces cualquier bestia que te ayudó en la campaña, cualquier puntero que repartió 40 panfletos es mañana ministro o asesor de un ministro. Por eso hay que devolverle un favor al rabino Bergman y cuando viene el quilombo dice “recen chicos que viene ‘la’ apocalipsis”. Eso lo podría decir él como religioso ¿pero que lo diga un ministro? ¿Cómo ponen a un señor que contesta eso? Porque tienen que quedar bien con alguien que los ayudó mucho durante la campaña. Y vos te das cuenta, hay un montón de funcionarios que uno ha visto a lo largo de todos los gobiernos que no saben hablar, no saben qué decir. Son favores que se agradecen y a mí eso me deja sin palabras.