Corría marzo de 2020 y todo indicaba que se venía un año inolvidable para Las Pelotas. El sexteto acababa de editar el álbum Es así y el 25 de abril lo presentarían con un show multitudinario en el Hipódromo de Palermo. La banda comandada por Germán Daffunchio se acercaba a los 30 años de existencia con vitalidad creativa y convocatoria renovada. Pero un virus descubierto en Wuhan (China) puso patas para arriba al mundo y buena parte de los planes de Las Pelotas fueron a parar a la papelera de reciclaje.
La pandemia condicionó casi todas las actividades y la música padeció el parate con particular énfasis. La era del streaming impuso que los discos se venden poco y nada, y que bandas y solistas deben vivir de los shows en vivo. El Covid cancelaba esa posibilidad. Así las cosas, Las Pelotas quedó con un disco “atragantado”, un megashow suspendido indefinidamente y la incertidumbre como pan de todos los días. El cuadro poco auspicioso se completaba con las dificultades que impone de la distancia geográfica que separa a los integrantes de la banda –algunos están radicados en Córdoba y otros, en la Ciudad de Buenos Aires–. Nada está resuelto, claro. Pero una idea fugaz creció como una bola de nieve y propició la aparición del flamante Versiones desde casa, el segundo disco de Las Pelotas en un lapso de poco más de un año. La música, otra vez, era la respuesta para enfrentar a un mundo que no da respiros.
“Primero se nos ocurrió hacer una versión de un tema de Es así. La idea sólo era ponernos en movimiento, grabar a distancia y subirlo a las redes. Resultó tan terapéutico y lo disfrutamos tanto que naturalmente se nos ocurrió hacer un disco entero. Pero no queríamos cualquier disco. Le buscamos la vuelta para ofreciera una idea, un concepto que tuviera que ver con lo que estamos atravesando todos. Creo que lo logramos”, confiesa Germán Daffunchio, cantante, guitarrista, compositor y líder de Las Pelotas.
Versiones desde casa reúne ocho temas del repertorio pelotero reinterpretados con espíritu de fogón, cierto tono reflexivo y del otro lado de la vida del concepto de unplugged/grandes éxitos. De esta manera, Daffunchio, Sebastián Schachtel (teclados), Gabriela Martínez (bajo y coros), Tomás Sussman (guitarra), Gustavo Jove (batería) y Alejandro Gómez Ferrero (vientos) encontraron una forma personal de sobrevivir y de abrir una puerta a lo que vendrá.

–La pandemia le pegó fuerte a todos. Pero a ustedes los agarró con Es así recién editado y a semanas del show en el Hipódromo de Palermo.
–Sí, fue un golpe muy duro. Este virus hizo mierda a todo el mundo. Generó mucho sufrimiento y penurias económicas. En todos los rubros. No quiero ser egoísta hablando sólo de la música. Pero con la imposibilidad de tocar también quedó muy complicada mucha que trabaja en los shows. A nosotros nos pegó a la semana de editar Es así, con toda la producción lanzada para el show del Hipódromo y muchos planes más. Le habíamos puesto mucho trabajo al disco, quedamos muy orgullosos y de repente ni lo podíamos tocar.
–Pero lograron sobrellevar la incertidumbre, ponerse en movimiento y poco más de un año después lanzaron Versiones desde casa.
–Sí, Versiones desde casa nos permitió reconectarnos con la música mientras esperamos el milagro de poder volver a hacer lo que hicimos siempre. Durante la pandemia pudimos hacer algún show con protocolo, distanciamiento y una cantidad de público reducida. Y es muy raro. Porque querés hacer un show de rock eléctrico y la gente está casi congelada. Nosotros no actuamos de músicos de rock. Necesitamos retroalimentarnos de lo que pasa abajo del escenario y lo que pasaba abajo estaba condicionado por una lógica distinta. Lo hablamos con colegas amigos y les pasaba algo similar. Eso también influyó en el tono de Versiones desde casa, que nos va a permitir una nueva forma de presentación en vivo, por lo menos mientras duren los efectos de la pandemia.
–El disco tiene un tono muy de Las Pelotas, no es ni un grande éxitos y ni un unplugged. ¿Salió naturalmente?
–Es lo que buscábamos. Los unplugged de MTV funcionaban con una gran producción, muchos arreglos y hits. Nosotros queríamos otro clima y escapar de las fórmulas. Surgió en un momento que nos encontramos totalmente vacíos y tratamos de llenar nuestros días conectándonos otra vez con la música. Funciono y fue muy divertido. Muy relajante, casi te diría. Lo hicimos para sentirnos otra vez como una banda y para que la gente se sienta acompañada en este período tan oscuro. De los clásicos de nuestro repertorio sólo están “Bombachitas rosas”, en una versión casi melancólica; y “Víctimas del cielo”, con un arreglo de harpa. El disco quedó muy bien. Cada uno de los chicos grabó desde su casa y en Traslasierra armamos todo. Fue difícil porque no somos músicos megamillonarios ingleses o estadounidenses con megaestudios en sus casas. Pero con mucho trabajo logramos muy buenos resultados.
–Hace poco se cumplieron 30 años de Corderos en la noche, el primer disco de la banda. Una reflexión posible es que mantuvieron una identidad, pero cambiaron siempre. Tampoco se engancharon con el estereotipo de juventud eterna en la que se encierra gran parte del rock.
–Me gusta que veas eso. Me acuerdo que cuando empecé a tocar me juntaba con tipos más grandes, de poco más de 30 años, y ellos mismos daban casi por terminada su carrera por la maldita creencia de que el rock es solo para los jóvenes. Nuestra generación ayudó a cambiar eso. En muchas cosas pienso muy parecido a cuando tenía veintipico de años. Pero quizás las expreso de otra manera o encontré otros matices. No tengo complejos y no me interesa hacerme el pendejo arriba de un escenario.
–Hoy Las Pelotas es una banda consagrada. Pero cuando murió Luca y se separó Sumo tuviste que empezar casi de cero. ¿Cómo recordás aquellos momentos?
–Fue muy difícil. De eso y lo que vino después da para que escriba un libro. Es una posibilidad. Nadie se puede imaginar lo que fue. En aquel momento las compañías discográficas vivían un ajuste y la que tenía contrató con Sumo decidió quedarse con Divididos y dejarnos de lado. Armamos todo muy a pulmón, con muchísimo esfuerzo. Yo sabía que la fantasía del rock era mentira y tuve que pensar mucho antes de largarme otra vez. Afortunadamente pensé, pero también fui bastante inconsciente (risas). Generalmente cuando muere un cantante tan carismático los restantes miembros del grupo no logran armar carreras importantes. Foo Fighters sería uno de los ejemplos contrarios, ponele. Pero curiosamente después de la muerte de Luca surgieron dos bandas importantes y con una carrera muy larga.

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–¿Cómo te llevas con haber vivido en estos años momentos tan dolorosos en forma pública?
–No es fácil. Viví cosas muy difíciles. Ver partir amigos, sufrir la frustración de no haber podido salvarlos… Uno se enfrenta a un montón de cosas que no querría vivir y quizás lo único que queda es tratar de aprender de eso. Trato de aprender del dolor que me tocó vivir. Hay gente que no logra aprender, que vuelve a chocar con las mismas materias pendientes y esas materias se lo llevan. Es muy triste. Y después hay muchos boludos sueltos que opinan sin saber, pensar ni nada. Hay mucha mediocridad. No olvidemos que en este país muchas personas le decían pecho frío a Messi.
–¿Cuándo empezaste a sentirte cómodo y consolidado como cantante?
–Imagínate que crecí artísticamente al lado de un demente como Luca y la vara estaba muy alta… Nunca quise ser un frontman o algo parecido. Nunca hice música para que la gente me mirará. Hay cantantes que viven de eso. Nosotros lo teníamos al Ale (Sokol), así que al principio ni me planteaba cantar. Pero Ale empezó a tener problemas muy tempranamente y con el tiempo se agudizaron más y más. Se hizo difícil trabajar con él y empecé armar directamente las canciones con las melodías. Cuando Ale me decía que no las podía cantar, comencé a hacerlo yo. Esa forma de trabajo se inauguró ya en el segundo disco de Las Pelotas. Lo mío como cantante fue por necesidad. Ahora me encanta, toco cada vez menos la guitarra y el apoyo de mis compañeros de la banda me hace mucho bien. Pero surgió de una necesidad.
–En la vida cotidiana los amigos se distancian, las parejas se separan y quienes conforman proyectos de laburo toman otros caminos. Pero en el rock parece casi una herejía. ¿Sentís que parte del público no entendió qué pasó con Sokol?
–Se dicen muchas boludeces. Hay mucha gente que habla al pedo. También existe la prensa amarilla. Por nuestra forma de ser nosotros no salimos a aclarar nada. Y está perfecto. No le debemos explicaciones a nadie. El círculo que rodeó a Alejando en los últimos tiempos tuvo que ver directamente con que no formara más parte de Las Pelotas. Salió un libro que se alimenta de los testimonios de un montón de impresentables que por supuesto dicen que ellos eran los buenos y nosotros los hijos de puta. Dicen cosas increíbles… Pero eso está lejos de ser la verdad. No me interesa dar explicaciones. Me alcanza con estar en paz con mi consciencia. Hicimos lo imposible durante toda la vida de Ale para tratar de ayudarlo. Pero pasó eso de chocar con la misma materia y Ale no la pudo superar. Sé que mucha gente se sintió decepcionada porque no puedo bailar ni tengo el carisma de Alejandro. Pero realmente no me importa. Mi vida es hacer música y escuchará el que quiera escuchar. No me interesan los homenajes públicos ni la hipocresía del rock.

¿Dónde?

Las Pelotas presentará Versiones desde casa el 4 y 5 de septiembre en el Teatro Gran Rex.


Optimismo, pesimismo y realismo

El cantante de Las Pelotas es reconocido por sus comentarios severos y cierto pesimismo. No se trata de una pose. Es su forma de sentir y transitar la vida.
“En realidad no me considero pesimista –puntualiza–. Hay montones de cosas en la vida que te empujan a eso, pero no. Yo soy realista. No me gusta hacerme el boludo. ¡Hay gente que cree que donando tapitas de gaseosas se resuelve la desforestación del Amazonas! (risas). Es ridículo. El optimismo falso me causa rechazo. Yo no creo que todo va a mejorar porque sí. Soy un convencido de que en la vida hay que hacer. No da quedarse sentado quejándose. Y es muy probable que pierdas porque los que manejan este mundo son pesados. Pero por lo menos peleaste, no sos cómplice y no te quedás con la frustración de que nunca te animaste. Y quizás, alguna vez, hasta conquistes alguna pequeña victoria.”


Un palo, una pelotita y la cabeza

Daffunchio vive en Traslasierra (Córdoba) desde hace décadas. Su pasión por el golf no es mucho menos longeva, pero surgió casi por casualidad. “Estaba saturado por la obsesión de laburar en el estudio para los discos de la banda. En ese contexto, un médico me recomendó que saliera a caminar varias veces a la semana y así lo hice. Pasaba siempre por una cancha de golf, veía a la gente pegarle a una pelotita con un palo y me parecían medio boludos. Hasta que de tanto verlos me dio curiosidad, me acerqué, jugué y me hice adicto casi inmediatamente. Es el mejor deporte creado por el hombre”, señala el cantante y compositor.
–¿Por qué?
–En mi caso, casi que me salvo la vida. Me ayudó a parar un poco la cabeza. El golf te obliga a competir con vos mismo. Expone tus fortalezas y, sobre todo, tus debilidades. Tu estupidez y algún acierto. Con la pandemia casi que tuve que suspender todo. Pero espero volver pronto.