La curiosidad fue siempre un motor para Nano Stern. Desde que comenzó su carrera musical con el violín a los tres años, bien entrados los ’80, siempre le gusto descubrir sonidos e inventar estrofas imaginando asuntos de las más diversas índoles para retratar lo que sentía. Por aquel entonces cuando Nano era aún Fernando Stern Britzmann, fue formando su espíritu viajero y trabajando la sensibilidad artística para luego, con el correr de los años, ir haciendo un camino, sin apuro, parsimonioso, hasta destacarse en lo que ama: la música.

Hoy a sus 33 años es convocado permanentemente por los festivales de World Music más destacados del mundo. En el 2015 fue Consagración del Festival de Viña del Mar, el más importante de su país y logró un camino más que interesante mezclando un estilo rockero con las canciones de su tierra. Pudo con los años tocar  con artistas de la talla de Joan Báez, Susana Baca, Marta Gómez, Inti Illimani, Quilapayún, Pedro Aznar, Jorge Drexler, entre otros nombres. «Es que compartir es la clave de todo esto. Nada en la música es individual, uno es solista, pero tiene grupo, tiene equipo y amigos que van tendiendo redes para poder seguir», dice el autor que el años pasado lanzó su último trabajo, ‘Lucero’. Hace muy poquito fue parte de Cosquín y de festivales como el de La Chaya, en La Rioja, donde consiguió muy buenas repercusiones por su labor en escena.

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«Yo llevo visitando la Argentina más de diez años y tocar en su festival más importante fue un honor. Fue algo muy gradual y muy natural, que se fue dando, no fue porque un productor nos llamó y nos quiso mostrar, sino que fuimos armando un camino propio. El resultado de muchos conciertos pequeños en muchos lugares, muchas peñas y muchos amigos hechos, nos puso allí. La música y la industria musical son dos caminos muy diferentes, tienen otras lógicas. En ese camino se han cruzado muchos nombres y situaciones que nos pusieron en Cosquín», reflexiona Stern, que estudio Jazz en Ámsterdam, para luego iniciar un camino por toda Europa. «Estar en Cosquín fue una gran vidriera, pero  fue un concierto de 25 minutos, quedamos felices pero nos quedamos con ganas de más. Fue poco, entiendo que había tiempos de televisión, pero queremos mostrar lo que podemos hacer en un show», dice el músico chileno.

–¿Por qué te declarás admirador de la escena argentina?

–Creo que hay muchos artistas que dan una nueva prestancia a la música de raíz, con estilos nuevos y hermosos. La Bruja Salguero, Luciana Jury, o  los mismos Raly Barrionuevo y Bruno Arias, son artistas únicos. Me gusta el encuentro espontáneo y sincero con las personas y con ellos se dio, como se dio con todos los que pude compartir escenarios o grabar, como Pedro Aznar, un consagrado u otros, como Loli Molina, Paula Paz, Juan Falú, Juan Quintero o Teresa Parodi. Gente maravillosa con la cual nos conectamos desde lo musical y por casualidad, nunca de manera forzada. Se van también tejiendo lazos dentro de una estela de cariño, y es lindo ver cómo los países se hermanan a través del canto de manera desinteresada, simplemente nace que así sea.

–¿Con muchos hay algo en común?

–Cada uno tiene su estilo y sus influencias, pero hay algo. Tenemos un pie en la raíz, pero el otro en lo contemporáneo, donde muchas músicas caben y se mezclan, y donde nace un nuevo cancionero que se está escribiendo.

–¿Cosquín marcó un antes y un después para vos?

–Obviamente, tenía un poco de nervios por la envergadura del festival, por la historia, pero en particular por ser un festival muy apegado a la tradición. Lo que noté es que se está abriendo un espacio muy legítimo a músicos de nuestra generación. El público estuvo muy abierto, muy cariñoso. Nos quedamos con la certeza de que fuimos bien recibidos. Al margen de la Plaza Próspero Molina, en todas las peñas y en La Chaya (La Rioja) también, hubo un cariño inusitado. Hay ahí una conexión que se está profundizando, un lazo que se está estrechando cada vez más entre nosotros y la Argentina. Queremos aprovechar ese vuelito y la energía que nos dejó esta visita a este festival viniendo todo lo que podamos, cada vez que haya oportunidad.

–Tocaste mucho por el mundo ¿Qué idea hay de la música de acá?

–Afuera hay mucho desconocimiento de la variedad musical de Latinoamérica. Hay muchos que creen que acá es solo salsa, cumbia y reggaetón. Es interesante mostrar cosas del cono sur autóctono, porque es mostrar otra manera cultural. Todos estamos atravesados por estilos de todos lados y de nuestra formación, pero hay algo que siempre sorprende. Nos juega a favor ir a tirar prejuicios, ser frescos y nuevos. Porque al no conocer nos permite sorprenderlos. Mi vida fue bendecida por los viajes constantes, la música me ha llevado a muchísimos lugares a tocar. Festivales y encuentros de los más variados, en todo el planeta. Desde la costa del Pacifico de Rusia hasta Canadá, pasando por Marruecos, China, Japón y toda Europa. La música es, en esos casos, una herramienta de comunicación humana que trasciende barreras culturales. Suena a cliché pero es cierto. La música, sea cual sea, tiene la capacidad de emocionar. Parte del oficio de ser músico es estar abierto a esas manifestaciones.

–Tu poesía es directa pero con vuelo literario: ¿A qué le cantas o sobre qué le escribís?

–Los seres humanos llevamos milenios hablando más o menos de las mismas cosas. La vida, la muerte, los miedos, el odio, el amor, las injusticias y todo lo que nos pasa en colectivo, a nivel social y político. Creo que siempre se mezcla todo y una canción nunca habla de una sola cosa. Yo aspiro a que se tome lo positivo, pero no es un asunto que es blanco o negro: hay grises, porque cada uno toma lo que quiere. Pero lo que se nota es cuando uno habla con honestidad. Cuando uno es verdadero y no interpreta algo que no es, todos se dan cuenta. Hoy en día las poses, o si alguien te habla de una fachada, son algo notorio. Esquivo las palabras o sonidos que no me representan. Vivimos en un mundo extremadamente superficial en el cual se valoran muchas cosas de espíritu pasajero, como la imagen y el entretenimiento. A mí me interesan otros ejes, cuestiones sensibles que intento plasmar en cada canción, para compartir con otros eso que me sucede a mí. Por suerte hay muchos como yo.

–¿Es la música algo útil en un mundo injusto y cruel?

–Creo que sí, porque es algo que logra lo más importante que tenemos las personas: la comunión, el encuentro de unos con otros en una misma frecuencia, las vibraciones en colectivo, la resonancia de mucha gente junta, que es lo único que puede cambiar algo. El individualismo y el egoísmo son lo contrario a todo lo que la música representa para la humanidad. Al menos es como yo veo al planeta este que nos tocó. Creo que juntarse vale más que cualquier discurso o bandera, porque es sincero: te pasa o no te pasa. Viajé por todo el mundo con la música y me di cuenta de que tiene poder, porque te acerca y permite conocer a otros.

Nano Stern

Sábado 16 de marzo en La Plata, junto a Duratierra en Guajira (calle 49 entre 4 y 5) a las 21. El domingo 17 de marzo en Usina del Arte, Caffarena 1, La Boca, junto a  La Bruja Salguero, Luciana Jury, Micaela Vita. A las 20.