“‘¿Se llama Fidel, usa mi camiseta azul y bautizaron al caballo El Che? ¡No puede fallar!’, me dijo el Diego”, recuerda Mario Verón sobre el momento en el que le acercó su Fidel niño valiente, el documental que ya se exhibe en el Cine Gaumont, al mismísimo Diego Maradona.

“Yo estoy en Ensenada y, cuando él estaba acá (en Gimnasia Esgrima de la Plata), estaba acá el bosque, era Nápoles, y se la llevé y el Gordo, que estaba relindo, todo afeitadito y ese día hablaba bien –tenía sus días, ¿viste?–, me dijo eso.”  Verón dice que ese momento le significa más que la presentación que la película tuvo en Cannes, porque además “Fidel tiene mucho de Diego: era un virtuoso como montaba (corría descalzo), era distinto, los campesinos se paraban a mirarlo, se parecía en la pobreza y soñaba con eso de Diego; tenía esa cuestión romántica e incluso, cuando se cae de boca y se disloca el brazo, igual corre con ese dolor, como Diego en Italia. Hizo cosas épicas”.

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Fidel migra de Paraguay a la selva de Misiones de niño; en el monte encuentra a un caballo apodado El Che por los campesinos por su gran hidalguía. Así que Fidel piensa que con ese caballo –corriendo con ese caballo, con la 10 azul (la de la Selección) de Maradona– puede ganar plata en la improvisada pista de turf edificada sobre la tierra que reclama Alto Paraná SA, empresa multinacional que posee el diez por ciento del territorio misionero y que se encuentra en conflicto con los campesinos del lugar.

“Yo creo que Fidel retrata la humanidad, corporiza todo aquello que nos puede salvar. Ese amor, la entrega, el sacrificio y también la esperanza. Eso es lo que me hizo pensar a Fidel como un vehículo narrativo y sobre todo esto que tiene que ver con el universo de los débiles, de los nadies, que pese a diferentes dificultades se van reponiendo una y otra vez. Fidel un poco representa la cultura del trabajo y el sacrificio de aquellos que son invisibilizados, y es ese espíritu el que quería retratar”. Un amor que incluye decisiones difíciles, como “dejar ir al caballo porque no se tiene plata para el veterinario: aquella frase romántica de un amor sin límites hizo mucho daño, el amor tiene que tener límites, a veces hay que dejar ir”.

La referencia a Alto Paraná no es caprichosa: Verón tuvo que meterse en el monte y ser cuidado y atendido por los mismos a quienes filmaba. Por eso no se trataba solo de formar un vínculo con sus protagonistas, sino también “una relación fraterna para transmitir su mirada, antes que la que marcaba mi ego. Uno puede ir y trabajar sobre el ego frágil del artista, yo traté de trabajar esa mirada para darles la bienvenida a las opiniones y a lo que ellos querían mostrar. Y hay momentos en el relato que hay mucho de ellos”.

Seguidor de las enseñanzas de Raymundo Glayer y Jorge Prelorán, asegura que vivió tres meses en el monte “haciendo un trabajo emic/etnográfico sin dispositivos en el Páramo Nueva Libertad (Misiones), junto a los y las Sin Tierra. Y si bien vengo de la clase trabajadora como mucha gente, estamos acostumbrados a tener nuestros derechos, que a veces sentimos como privilegio, porque no hay agua caliente, agua potable, electricidad, ni comer todos los días; la pasé mal. No fue algo de pleno goce”.  «

Fidel niño valiente

Dirección: Mario Verón. En Cine Gaumont, Espacio INCAA (Av. Rivadavia 1635).