Cuando en aquel lejano 2001, una bestia gigante de pelo azul y una criatura verde diminuta de un solo ojo se convirtieron en objeto de adoración para el público infantil, incluso el más severo de los críticos no pudo dejar de admitir que Disney lo había hecho otra vez. Cambiando las reglas del campo de la animación, la película Monsters, Inc. había logrado lo impensable: erigir como héroes a unos monstruos que tenían por ocupación permanente asustar a los niños humanos mientras dormían y con sus gritos alimentar la energía de Monstruópolis. Cuando hacia el final de la ficción, los adefesios ogros se amigaban con las infancias y se percataban de que era más beneficioso para la ciudad provocarles risas (energía positiva) que terror, casi que firmaban el certificado de defunción del hombre de la bolsa, el cuco y tantas otras atrocidades salidas del armario –y de las mentes perversas de familias poco influidas por Piaget– que habían traumado a generaciones de niñeces a fuerza de terror y pesadillas. 

Sin dudas constituye un verdadero acierto que en la primera serie producida para Disney+, Monsters at Work, Pixar apueste a esa fórmula consagrada por el público y por la crítica. Y un acierto mayúsculo y casi inaudito que aquellos monstruos memorables apodados respectivamente Sulley y Mike –ahora en roles secundarios– vuelvan a tener las voces de sus intérpretes originales: los prestigiosos y archifamosos John Goodman y Billy Cristal. De esa manera y con el regreso de otros adorados personajes como Celia, la gorgona con un ojo y tentáculos, se apela a la nostalgia –sin dudas agudizada por la pandemia que tiende a reforzar la idea de que todo tiempo pasado fue mejor– para volver a capturar de público aquellas infancias e incluso sus familias que se vieron fascinadas por el estreno de la película original. Porque uno de los méritos de la saga –que tuvo su continuidad en una precuela cinematográfica, Monsters University, en 2013– es un humor con matices y capas que pueden ser apropiadas por el público infantil y el adulto. Monsters at Work insiste con el recurso a la diversión en una serie casi ininterrumpida de gags que les dan un ritmo trepidante a los 25 minutos que suele rondar cada episodio. 

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Situada en el día posterior al final de Monsters, Inc., la narración se centra en Tylor Tuskmon, un atlético monstruo violeta de cuernos largos recién graduado con honores en la Universidad de Sustos y dispuesto a ocupar un lugar gerencial. El problema es que ahora la empresa monstruosa –con Sulley como nuevo director– no se aboca a los sustos sino a las risas. De manera que el galardonado universitario debe resignarse a ocupar un lugar en el sector de mantenimiento o formarse en el difícil arte de hacer reír en una capacitación laboral permanente.   

En el sector de mecánica, Tylor se encontrará con una persistente enamorada, Val Little (¡una pareja que promete ser de antología!) y con un grupo de encantadores perdedores: los “raritos”, peones que trabajan en el subsuelo y representan a esos seres invisibles olvidados por la Historia, pero cuyo trabajo suele ser fundamental en cualquier comunidad.   

Con recursos animados que no tienen nada que envidiar a las versiones cinematográficas, canciones divertidas y guiones hilarantes con reminiscencias profundas –donde se cuelan referencias filosóficas sobre la risa que involucran nombres como los de Lucrecio, Aristóteles o Nietzsche, entre otros–, la serie animada suscita entusiasmo y presagia un nuevo boom –en merchandising, popularidad y rating– del universo Disney. 

Porque si bien Tylor, el nuevo personaje principal –cuya voz en original es de Ben Feldman– aún no logra imponerse del todo, la ficción serial cuenta con un recurso que no cuentan las películas: tiene más tiempo para componer y darles diferentes tintes y complejidades a los caracteres. 

No es ajeno al espíritu de la ficción el rol subversivo de la risa en las sociedades. En El nombre de la rosa, Umberto Eco postulaba que la ley y el poder se imponen a través del miedo y que el mejor remedio contra el miedo –y por lo tanto contra el poder– era la risa. En las páginas cúspides de la novela escribió: “La risa libera al aldeano del miedo al diablo, porque en la fiesta de los tontos también el diablo parece pobre y tonto, y, por tanto, controlable. (…) Cuando ríe, mientras el vino gorgotea en su garganta, el aldeano se siente amo, porque ha invertido las relaciones de dominación”. Eco, que solía descreer tanto de las posturas apocalípticas como de las integradoras al analizar la cultura de masas, quizás hubiera encontrado elementos positivos en esta saga de Monsters, Inc. centrada en la clase obrera y en la cual la risa reemplaza al terror. «


Monsters at Work

Estrena nuevo capítulo cada miércoles, por Disney+. Ya están disponibles los dos primeros.