Para el Cirque Du Soleil Soda Stéreo era un planeta nuevo, virgen, con todo para explorar. La más famosa compañía de circo del mundo se metía de lleno en el universo del grupo más popular de Latinoamérica. Este viaje iniciático dio como resultado Sép7imo día – No descansaré, espectáculo que tuvo su estreno mundial el jueves y tiene previstas funciones hasta mediados de mayo en el Luna Park.

Promocionada hasta el hartazgo y con entradas agotadas para varias actuaciones, la fusión de estas dos marcas registradas era infalible, al menos en convocatoria.

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¿Qué fan de Soda no quiere escuchar durante una hora y media la música de la banda con mash ups y tomas de voz inéditas incluidas? ¿Qué fan del Cirque no quiere ser parte de la construcción de la obra, por fuera de la rigidez de la platea, en un acto colectivo?

Sép7imo día – No descansaré cumple ambos deseos, aunque la creación de Michel Laprise no esté ni a la altura de la obra de Soda ni a la altura de la obra del Cirque.

La premisa del show, anunciada desde el inicio, es la de hacer partícipe al espectador de este viaje por el universo Soda. Por primera vez en su historia el Cirque permite la interacción del público (en el campo) con la artística y varias de las escenas suceden en el medio del estadio.

“Hay encuentros mágicos que hacen que cada uno sea mejor persona, lo mismo pasa entre una banda y su público”, se escucha en off cuando se apagan las luces. Este encuentro entre Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti (los dos últimos porductores musicales del show) es el que permitió el nacimiento de Soda Stéreo, banda que ahora ostenta su Cirque como sucedió con The Beatles y Michael Jackson. Esta vez, este triángulo indestructible que conformó el grupo se ampliará para incluir al público, para que los fans puedan ser parte activa del universo. Y, la promesa se cumple. La música de Soda envuelve la escena durante todo el espectáculo, apelando a la emotividad y a la euforia en partes iguales. El espectáculo convoca por un lado a los fans de la música de trío, por el otro a los que año tras año gastan unos buenos pesos para asistir al Cirque. Para los primeros, que en la despedida definitiva del grupo agotaron siete River, será una fiesta y la posibilidad de, además de cantar y bailar los temas del grupo, jugar al juego de buscar referencias, algunas más obvias que otras, que recrean el universo Soda durante el show; para los segundos, probablemente, sea una decepción.

Quien guía el viaje es L’Assoiffé, personaje que inaugura la escena, y desde una jaula en el centro, se eleva al escuchar con sus auriculares el riff de “En el séptimo día”. Él, conducirá la travesía onírica y celebratoria de Soda.

Aquí hay cuadros, por momentos muy desconectados de la aventura espacial y futurista, impactantes creaciones audiovisuales, destrezas físicas y con elementos individuales (diábolo, contorsión, apnea, técnicas de aro y trapecio, gimnasia deportiva) pero, sobre todo, sostenidos en la emoción del público, quizá el ingrediente fundamental para que el conjunto funcione. La compañía hace foco en la infalible obra de la banda, dejando a un lado, por momentos, lo que la hizo única en el mundo: el trabajo en grupo, las coreografías de riesgo en altura, la utilización original de elementos de uso cotidiano, las acrobacias extremas y el uso del espacio aéreo.

El final con “De música ligera” es a pura energía y euforia. Para los fans de Soda una merecida celebración, para los fans del Cirque, tal vez sea este número el que les recuerde a cualquier escena inicial de alguna de las obras más trascendentes de las 40 que ya ideó la compañía. «

¿Cuándo?

Con entradas que van desde los $ 680 a los $ 3950, Sép7imo Día tiene funciones en el Luna hasta el 14 de mayo.