Una película entretenida pensada y confeccionada en base a las modernas ideas corporativas, que hoy, aunque no parezca, está a la vanguardia de la innovación en la mayoría de las prácticas del entretenimiento y del quehacer cotidiano. Por eso es dinámica y divertida, aunque no muy sustanciosa.

 

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Se trata de la llegada de un bebé que lleva traje y maletín a la vida de un niño de siete años que vive enamorado de su vida en familia con sus padres, que están totalmente dedicados a él. El nuevo integrante familiar tiene, en realidad, una misión que excede el disputar el amor de esos padres. Está en lo mundanal para detener el complot planeado por el CEO de la compañía Puppy Co.

Así, lo que se va viendo es cómo la primera oposición del niño mayor y real se convierte, a partir del castigo de sus padres por no aceptar al nuevo miembro de la familia, en una alianza estratégica contra Puppy Co. Juntos irán pasando por las vicisitudes de las relaciones fraternales hasta su consolidación, y una vez consolidada enfrentarán juntos al malvado CEO y su plan.

Con altibajos (aunque más altos que bajos), la película llega al consabido final de que tener un hermano es mejor que no tenerlo (al menos en esa temprana etapa de la vida); algo que termina por redondear, a la manera de los manuales para los empleados de una gran corporación, tips para que los chicos pasen sus días sin aburrirse. Un jefe… aporta, a su manera, a esa tendencia que de a poco deja atrás los modelos de películas infantiles con moralejas, en las que la aventurera historia intentaba enseñar que el aburrimiento era parte del combo de la diversión, y no un obstáculo a eliminar al precio que sea.

Un jefe en pañales (The Boss Baby. Estados Unidos, 2017). Dirección: Tom McGrath. Guión: Michael McCullers, Marla Frazee. Voces originales: Kevin Spacey, Alec Baldwin, Steve Buscemi, Lisa Kudrow, Tobey Maguire, Chris Miller. 97 minutos