La marea feminista expande sus olas hacia la ruta, por eso, el próximo sábado, el camino a La Plata tendrá también la caravana de motoqueras feministas que por primera vez marcharán todas juntas para participar del 34 Encuentro Nacional de Mujeres.

Hace un tiempo ya, estas mujeres comparten la pasión que les genera la moto como vehículo de transporte y como parte ya de una identidad propia. Armaron una convocatoria y así se concretó la primera reunión donde se determinaron puntos operativos de esta gran columna motoquera que partirá este sábado a las 7 de la mañana de avenida Independencia y 9 de Julio.

Lía Ghara y Victoria Irene son dos de las mujeres que motorizaron la convocatoria para la caravana. Ambas tienen la moto como un medio de transporte cotidiano. Sus primeros recuerdos con el vehículo vienen de experiencias diferentes. “Mi primer contacto con la moto era ver a mi mamá que se iba a trabajar. Una madre soltera que la usaba para ir a los diferentes pueblos a dar clases”, recuerda Lía. Mientras que Irene cuenta, “yo vengo de la Patagonia. Recuerdo ir a ver las carreras de motos enduro y desear muchísimo estar ahí manejando esas motos”.

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(Foto: PEDRO PEREZ)

Sin embargo, ellas hoy están unidas por la idea de la moto y el uso del espacio público con perspectiva feminista, lo que implica también el cuidado permanente al otro.

“Tenemos en claro que hay ciertas prácticas ligadas al patriarcado y eso se nota en las rutas, en las calles, se nota cuando circulás. Cuando nos encontramos y éramos 15 nos empezamos a contar anécdotas y vimos que a todas nos pasa lo mismo con algo que puse ser más gozoso y más disfrutable simplemente cuidando al otro, cuidando con quién circulás. Hay chongos que ni les importa la otra persona y entonces, sentimos que teníamos que cuestionar esto en otro ámbito, porque hoy la ruta y la calle es una espacio relacionado al estereotipo de masculidad cis, violenta”, analiza Lia Ghara.

Cuando se piensa en la ruta, se piensa en hombres. Esa mirada es la que estas chicas están deconstruyendo. Un paso más dentro del revolucionario movimiento feminista.

Repensarnos en la rutas es poder pensar al feminismo como una forma de vida y como una respuesta ética política y propositiva. Es decir, no sólo poder reconocer lo que no queremos, lo que no deseamos, lo que no queremos sostener, que sufrimos, que padecemos, es reconocer también lo que sí. Y queremos una apertura maravillosa al futuro, a qué mundo querés para andar día a día”, expresa Irene. “No sólo pasa con las motos, pasa con todas las expresiones sociales, culturales y artísticas que fueron siempre apropiadas por un universo masculino cis y patriarcal. El espacio social siempre fue ocupado por los varones, y nosotras estamos muy disciplinadas en eso. La calle es sobre todo un territorio de disputa”, afirma.

Y agrega, “Hay algo que tiene la moto y es lo adrenalínico que está siempre, eso que da la corporalidad, el viento, el andar, el cuidado de uno y otro en un país donde la segunda muerte son los accidentes de tránsito. Nosotras como motoqueras feministas, qué proponemos. Son prácticas que tienen con el ver con el compromiso de cómo querés convivir en la sociedad de un modo más contemplativo. Pensando en cómo estas corporalidades salen con las motos y habilitan el andar. La moto tiene un riesgo plus al del auto pero para nosotras y nosotres se pone en circulación todo otro sentido de la percepción, de los riesgos, de cómo cuidarnos entre nosotras, de la seguridad, de los saberes. El intento es ese, cómo podemos compartir lo que sabemos para cuidarnos, para protegernos y para querernos”, detalla.

Por su parte. Lia Ghara agrega, “Andar en moto es poner el cuerpo, porque hay algo del cuerpo disponible. El cuerpo expuesto que exige otro cuidado y exige el contacto con el otro, implica otro cuidado, de cómo llevás a la otra persona. Si algo nos enseñó el feminismo es esta dimensión del cuerpo ocupando otros espacios. Siento que hay ahí una salida del closet, una ocupación de la identidad”.

Rumbo a otra identidad motoquera

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(Foto: PEDRO PEREZ)

Cuentas las chicas que cuando ponen “motoqueras” en el buscador de Google, aparecen chicas en vikinis arriba de la moto, o chicas caucásicas en motos gigantes y carísimas.

“No tienen nada que ver con nuestros cuerpos latinoamericanos”, dice Lía. “Además, acá no te podrías comprar una Harley Davison. La moto no deja de ser un medio económico de transporte, una respuesta a una necesidad. Pasa en el interior, pasa en el Conurbano, no es sólo el viaje en la ruta en cuero”, destaca Lía.

“Para nosotras tienen que ver con la señora yendo al súper y llevando los chicos al colegio, si nosotras nos preguntan a quién nos interesa interpelar más y es a esas señoras, porque la moto es una independencia, es autonomía… Si viajás lejos te ahorrás tiempo, plata, espera. Y obvio que tiene otras cosas porque implica un mayor cuidado”, dice Irene.  

Tanto Irene como Lía destacan que existe una instancia en la que cada una de las chicas que el sábado viajarán al Encuentro construyeron a su manera su vínculo con la moto, “sin embargo, todas entienden que la mejor forma de de potenciar esto es colectivizarlo. Cualquiera de nosotras puede viajar sola, sin embargo decidimos encolumnarnos tras una moto más pequeña, con una lógica de caravana invertida, la más chica adelante y no la motaza adelante”, coinciden. “El feminismo tiene que tener perspectiva de clase”.

 Varias de las chicas que van a viajar el sábado ya hicieron sus experiencias en ruta. “Queremos transmitir eso también. ¿Existe la posibilidad de irte de vacaciones en tu moto? Sí, existe. ¿Es más económico? Sí, lo es. Entonces, por qué no ocupamos ese espacio, por qué no nos sumamos a los lugares de talleres mecánicos, por qué no aprendemos de respuestos? Hay toda una constelación alrededor de la moto que está invisibilizada”.

Otro punto que les inquieta a las chicas motoqueras desde su lugar de militencia feminista tiene que ver con la cantidad de accidentes. “Yo vivo afuera de Capital y veo un montón de accidentes donde por lo general está involucrada una moto. Pasa todo el tiempo y es terrible, puede ser que no te pusiste casco o lo guapeás, también que el vehículo es más pequeño y hay una relación asimétrica con otros vehículos. Esperamos que se habilite ese lugar necesario para generar una perspectiva feminista incluso de enseñanza y cuidado a esos otros que sientan que tienen que circular como locos. No quiero que se muera más gente arriba de la moto. La moto tiene adrenalina pero la masculinidad tiene todo un fogueo, una necesidad de mostrarte más hombre de ese modo”, dice Irene.

Lía desde su experiencia reclama. “Hay mucho qué hacer al respecto. Sobre todo en materia de políticas públicas. Discutir también a un Estado, por ejemplo, acá en la ciudad de Buenos Aires donde hoy hay un vacío legal con respecto a las motos. No hay donde estacionar, donde circular, no hay nada para las motos, cuando es uno de los transportes más utilizados”.

“La moto tienen una impronta de clase y las políticas represivas hoy criminalizan a las personas que circulan en ella. Si no llevás chaleco sos motochorro. Cuando te piden papeles, son más duros con quienes andan en moto, que en general son quienes las usan para ir a trabajar. Todo lo que rodea a la moto es punitivista y está diagramado de manera tan perversa que cuando te la sacan tenés que pagar por lo menos 10 mil pesos por haberla estacionado en la vereda cuando no está previsto en la ciudad un lugar donde dejar la moto”.

La convocatoria

El sábado a las 7 de la mañana será el gran encuentro para partir en caravana. “Me motiva saber que a una movida de motos puedan acercarse personas de distintos sectores sociales. Porque no es lo mismo el feminismo que vive una persona de clase media acomodada a la que tiene pelear muchísimo para llegar al mango. Ojalá puedan sumarse las doñas que sea algo rico y diverso”, expresa Irene. Y Lía agrega, “me parece hermoso que arranque en un Encuentro Plurinacional de Mujeres y disidencias, porque el feminismo está disputando la forma de hacer política”.

La caravana de motoqueras feministas partirá este sábado a las 7 desde la Shell de Independencia y 9 de Julio.