El martes 21, despedimos a la querida Chicha Mariani, fundadora de Abuelas, en el Rectorado la Universidad Nacional de La Plata. A cien metros, trabajadores del Astillero Río Santiago se manifestaban en defensa de los puestos de trabajo y de su empresa, un emblema de la industria nacional. Fueron reprimidos. Sólo 24 horas después, una multitud abrazaba a la UNLP; abrazo al que se sumaron los trabajadores del astillero que volvían a manifestarse el miércoles 22; manifestación a la que de inmediato se sumó la comunidad universitaria. Miles y miles. Obreros, docentes y estudiantes juntos.

A 100 años de la Reforma, la Universidad Pública debate su subsistencia y su rol histórico. Desde 2016, la precarización castiga al sistema público universitario. Con la restauración liberal-conservadora la transferencia de recursos de los sectores vulnerables hacia el decil más concentrado impacta en el funcionamiento de nuestro sistema. Hasta 2015, el 80% del presupuesto universitario se destinaba a salarios, mientras que con el otro 20% se pagaban servicios generales. Pero el sideral aumento de los servicios públicos y el plan macrista de hundir los salarios debajo de la inflación causó un desequilibrio por lo que de las 53 universidades públicas nacionales, 20 ya se declararon en emergencia presupuestaria.

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Nada indica que la situación mejore. Por el contrario. Nuestros estudiantes y sus familias sufren la peor parte del ajuste macrista. El aumento del costo de vida se refleja, además, de manera inmediata e inexorable en la caída de los niveles de ingreso y egreso de estudiantes en el sistema educativo universitario.

La debacle es resultado del desfinanciamiento de las políticas públicas que entre 2006 y 2015 generaron una mejor distribución del ingreso y democratizaron como nunca la Universidad Pública. Como “no fue magia” el crecimiento de aquella década, el deterioro actual no es una “tormenta”. Fueron antes y son hoy decisiones políticas. Antagónicas, por cierto.

Lo que está en juego va más allá del presupuesto universitario y la paritaria docente; más allá del paro y las aulas vacías, algo invisibilizado en los medios hegemónicos cómplices de tantas calamidades. Se juega el derecho de millones a una educación pública, libre, gratuita y de calidad, un derecho humano inalienable.

Las universidades son patrimonio de sus pueblos. Ahí radica su fortaleza, fuerza como la que expresó la unidad de obreros, docentes y estudiantes la tarde que despedimos a Chicha en La Plata a pesar de los gases lacrimógenos y las balas de goma.