Están presentes en nuestras vidas, desde lo que leemos hasta lo que compramos. Pero no es sólo individual. El accionar de las redes sociales y los gigantes de Internet (las GAFAM) ya son un factor de peso en la política internacional. Este año el Congreso de los Estados Unidos las convocó para que expongan, mientras Europa avanza en regulaciones, por un lado las impositivas (suelen tributar en paraísos fiscales), y por el otro las de acceso a la información: Reino Unido anunció que las regulará, Francia les cobrará 3% de impuestos, y además le ordenó a Google que pague a los medios por “derechos de autor”.

Martín Ariel Gendler, doctor en Ciencias Sociales, becario del Conicet y docente en la UBA y la UNPAZ, se refiere a estas plataformas como “editoras y mediadoras a la vez, mostrando en algunas ocasiones más una cara que la otra. Pero siempre inciden en cómo y qué leemos”.

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–¿Cómo analiza los intentos europeos de regulación?

–El contexto cambió, y la mirada sobre Google y las grandes plataformas también. El foco de todas las miradas se posaron sobre las GAFAM tras Cambridge Analytica, llevando a sus creadores o CEOs al banquillo, cosa antes impensada. La visión de que estas plataformas representaban “el progreso” está siendo puesta fuertemente en cuestión entendiendo que gran parte de las situaciones actuales son efecto de haberles dado carta blanca anteriormente. Si bien económicamente es incluso más poderoso que en 2014, Google a nivel social y político entiende bien que la situación está caldeada y que lo más conveniente es ir mostrando pequeñas muestras de “buena voluntad”. Además, el acuerdo en Francia que se está gestando dista de ser perfecto. Google estaría de acuerdo con pagar a un “determinado número de publicaciones”, pero a los grandes medios. Los claros perjudicados podrían ser los medios pequeños y medianos que no entren en ese trato. Todo este asunto es fundamental ya que el caso francés podría ser el precedente para el mundo.

–Este año, incluso Estados Unidos avanzó sobre ellas.

–Con Cambridge Analytic, tras las elecciones de 2016 de los EE UU, el Brexit y el triunfo de Bolsonaro en 2017, por primera vez se caía en la cuenta de que los mismos mecanismos algorítmicos empleados para venderte un yogurt o sugerirte ciertos amigos para charlar también podían tener algún grado de influencia en la opinión pública y en la intención de voto. Si bien estas plataformas tuvieron un cierto grado de incidencia, esto pasó a ser en muchos casos exagerado viéndolas casi como únicas responsables de que “aquello que era imposible que pasara pueda pasar”. Esto se ve reflejado en el documental de Netflix El Dilema de las Redes Sociales. Por eso días previos a la última elección varias empresas, especialmente Facebook y Twitter, anunciaron que tomarían diversas medidas, sin embargo el martes 17/11 tanto Zukerberg como Dorsey tuvieron que compadecer en el Senado de los EE UU acusados de un “mal manejo” en la gestión de contenidos durante las elecciones. Lo interesante es que fueron atacados de ambos lados: los republicanos por sus prácticas de edición de contenidos conservadores o pro Trump y por censurar información del New York Post sobre el hijo de Biden, y los demócratas por “no hacer suficientes esfuerzos” para controlar la desinformación. Pero la normativa vigente en ese país las trata principalmente de intermediarias: disponen de una “bahía segura” ante violaciones o problemas legales generadas por contenidos de terceros, poco o nada se dice de su accionar como editores.

–¿Qué uso hacen de nuestros datos?

–Las GAFAM están en la cima de las empresas más valiosas del mundo, así como en la oligopolización de los flujos de datos y atención de los usuarios. La pandemia consolidó y aceleró esta tendencia: el uso de Internet aumentó un 35% en Latinoamérica. Las plataformas de redes sociales pasaron a ser “esenciales”. Si bien podría pensarse que su principal sostén es la publicidad o los abonos mensuales, la realidad es que su principal factor de ganancia se vincula con el tratamiento de los datos, tanto los directos (aquellos que cedemos intencionalmente) como de los indirectos (fruto de nuestra actividad e interacciones). Crean perfiles generales que se sienten como individuales teniendo la sensación de una experiencia personalizada donde aquello que vemos, con quién nos relacionamos, la fuente con la que nos informamos, se encuentra orientada hacia lo que hemos demostrado (nosotros y los similares a nosotros) que nos interesa o que es más adecuada para nosotros. Ojo, no implica una lógica totalitaria donde somos dominados por el algoritmo, como muestra el documental de Netflix, sino que se nos seduce, se nos conduce hacia cierto tipo de contenidos e interacciones. Nadie nos obliga a quedarnos con los primeros resultados de Google o con las películas que nos recomienda Netflix.

–¿Qué sucede entre EE UU y China con TikTok?

–Para China una de las estrategias centrales de penetración global está focalizada en las tecnologías y telecomunicaciones. Tik Tok es la primera plataforma por fuera de Silicon Valley en crecer de forma exponencial a nivel global, tanto que hoy tiene más usuarios que Twitter y Snapchat, y durante la pandemia se convirtió en la de mayor crecimiento. Pero por detrás de la disputa entre ambas potencias, además de una feroz guerra comercial, está la seguridad informática y la capacidad de obtener datos vitales de un país rival. Y también están los datos de los ciudadanos, dónde se almacenan y quiénes pueden hacer uso de ellos.

–¿La próxima «guerra» será por los datos?

–Hoy los datos son en gran parte “el nuevo petróleo” pero con diversas diferencias. El petróleo no solo es un bien escaso sino material. Con los datos se da otra lógica, ya que al estar materializados en BITS estos se pueden replicar de forma idéntica con costes cercanos a cero. Es en este sentido que no sólo una empresa o un gobierno puede detentar una base de datos. El dificultar acceder a los datos de tus ciudadanos es una de las armas que un Estado puede tener contra otro pero es justamente eso, una táctica dentro de las miles que se piensan y despliegan en un conflicto. «