No todos los casos de violencia institucional llegan a la agenda pública ni a la Justicia. Muchos son dejados afuera por los medios hegemónicos y quedan invisibilizados. Pero dejan huella allí donde ocurrieron: en un mural en la plaza del barrio, en un altar en la casa de la víctima, en un grafiti o una pancarta. En busca de esas marcas surgió la iniciativa “Memorias del territorio”, que apunta a crear un registro colectivo de las imágenes que quedan plasmadas en en el espacio público de las luchas contra la violencia institucional.

Impulsada por Memoria Abierta, el Conicet, la Red de Investigaciones en Derechos Humanos, la Campaña Contra la Violencia Institucional y la Comisión Memoria, Verdad y Justicia de Zona Norte, la propuesta insta a familiares, amigues y organizaciones sociales locales de todo el país a enviar fotos “de murales, altares, movilizaciones, placas, homenajes, afiches en la calle, stencils, pintadas, pegatinas” que permitan registrar casos de violencia policial y otras formas de la violencia institucional, que suele ensañarse con jóvenes pobres.

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“En tantos años de democracia no hemos podido superar la violencia institucional. Muchos casos llegan a sede judicial y sentencia, pero muchos otros quedan en el olvido. O porque quedan encajonados por algún actor judicial o ni llegan a eso, por distintos motivos. Entonces se nos ocurrió tener memorias de los territorios, donde las familias sí sostienen la memoria de quienes vivieron. Altares, murales. Hay muchas huellas en el territorio que hablan de esas muertes invisibilizadas o escondidas”, remarcó Raquel Witis, quien se convirtió en referenta de la lucha contra la violencia institucional luego de que su hijo Mariano fuera asesinado el 21 de septiembre de 2000 -junto a Darío Riquelme- por el ex cabo Rubén Emir Champonois.

El archivo colectivo ya está en marcha. Empezaron a llegar imágenes de murales en San Martín, de marchas con la mamá de Nehuén Rodríguez –atropellado por un patrullero de la Policía Metropolitana en La Boca-, señalizaciones en homenaje a “los chicos de La Cárcova”, entre otras. “Hay dos personas a cargo de recibir el material. La idea es tener registro de quién manda la foto, quién la impulsa, quién es el fotógrafo”, detalló Witis. El objetivo es que el archivo colectivo reúna casos de todo el país y el material se puede enviar a [email protected]

“Lo importante es que las familias envíen fotos, afiches, banderas que hayan hecho por su familiar asesinado. Es importante que se visibilicen estas muertes que pasan desapercibidas para muchos sectores de la sociedad, o que las ven con indiferencia. Es importante poner en agenda este tema y poder pensar políticas públicas que permitan erradicarlas”, destacó la luchadora por los derechos humanos. Y recordó que hay un proyecto en discusión en la Cámara de Diputados para avanzar contra esas prácticas: fue presentado en diciembre por la presidenta de la comisión de Seguridad Interior, Paula Penacca; el presidente de la Comisión de Derechos Humanos, Hugo Yasky, y el diputado Leonardo Grosso, y establece pautas de acción frente a las denuncias, para que se realicen a través de un mecanismo “transparente y eficaz”.

“El movimiento antirrepresivo nunca paró. Los familiares siempre salieron a reclamar con distintas estrategias y como pudieron en su territorio. Algunos pudieron alcanzar justicia, otros no”, repasó Witis. Y destacó que “Memorias del territorio” busca contribuir a esa lucha para “terminar de criminalizar a nuestros pibes”.

Un mural por Franco Cardozo

Este lunes se inaugura en Don Torcuato, Tigre, un mural por Franco Cardozo, quien murió tras la golpiza policial por parte de efectivos del Centro de Operaciones Tigre (COT) y la Policía Bonaerense durante un operativo de detención. El mural fue pintado en la Plaza Estrada, en el marco del reclamo de la familia del joven para que avance la investigación y se califique la causa por el delito de aplicación de tormentos seguida de muerte.

“Hay solamente un detenido del COT, pero son más de 10 los que le pegan. Ese es el reclamo. Que esas personas estén detenidas. Con eso estaríamos más tranquilos. Lo mataron a patadas, injustamente, y se quieren lavar las manos”, denunció Gabriel, hermano de Franco. Y lamentó: “No puedo entender que alguien que ya está en el piso con esposas lo sigan pateando. Lo velé a mi hermano desfigurado. La boca hinchada, la frente, la cabeza, lleno de patadas en la cabeza. No sé por qué le pegaron tanto”.