En su primera visita oficial a Medio Oriente, el presidente Joe Biden intentó recomponer relaciones en un difícil equilibrio por no complicar los vínculos con Israel. Es que la guerra en Ucrania trastocó el juego diplomático y, ante el nuevo escenario internacional, los recursos naturales de la región vuelven a ser claves en Occidente.

Así, el jueves, aseguró que no pretende revertir el reconocimiento estadounidense de Jerusalén como capital de Israel que había tomado Donald Trump, pero luego pidió esclarecer «por completo» la muerte de la periodista palestino-estadounidense Shireen Abu Akleh cuando cubría una operación militar israelí en Cisjordania ocupada.

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A continuación, el viernes señaló, en una conferencia de prensa junto con el presidente palestino Mahmud Abas en Belén, su voluntad de que “el pueblo palestino pueda realmente ver o al menos sentir un horizonte», y agregó que “Palestina merece un Estado propio”.

En una cumbre en Yedá, Arabia Saudita, dijo este sábado que «no nos alejaremos ni dejaremos un vacío para que lo llenen China, Rusia o Irán». Durante su campaña presidencial Biden había cuestionado al príncipe heredero Mohamed bin Salmán, al que agencias estadounidenses consideran responsable del asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Biden calificó de “indignante” al crimen y dijo que advirtió a Riad ante “nuevos ataques a disidentes”. Familiares de la periodista palestina como del reportero saudita expresaron su disgusto la posición del inquilino de la Casa Blanca ante ambos casos.

En concreto, en el cierre de su gira, con los seis gobernantes del Consejo de Cooperación del Golfo (Baréin, Kuwait, Omán, Catar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos) y representantes de Egipto, Jordania e Irak, dijo que esperaba «establecer una nueva era de cooperación conjunta (…) para servir nuestros intereses comunes y mejorar la seguridad y el desarrollo en esta región vital para todo el mundo».

Biden logró 18 acuerdos en energía, espacio, salud e inversión, la promesa de que Arabia Saudita aumentará su producción petrolera hasta 13 millones de barriles diarios.  Al mismo tiempo, Riad anunció el levantamiento de restricciones de sobrevuelo para aviones hacia y desde Israel, algo que celebró el primer ministro israelí, Yair Lapid, como «primer paso oficial en la normalización con Arabia Saudita».