El 15 de mayo de 2011, en la madrileña Puerta del Sol, se reunieron alrededor de 20 mil. En el resto del país, decenas de miles salieron a protestar en medio de una crisis económica grave, denuncias de corrupción, crecientes tasas de desempleo, crack del sistema bancario y lo fundamental: caída brutal de representación de la clase política española. Restaba una semana para elecciones locales y autonómicas.

Surgían los “indignados”, un fenómeno replicado en muchas otras experiencias, que en España significó la irrupción de sectores impulsados a izquierda y derecha de los tradicionales PP y PSOE, que en poco tiempo crearon nuevas organizaciones como Podemos por un lado, y Ciudadanos, que ya en 2015 obtuvieron más de ocho millones de votos, además de nuevos dirigentes, sin historia en las consideraciones mayoritarias, que ocuparon importantes lugares en la última década. Luego vendrían otras formaciones: VOX, neofranquista, y Mas Madrid, un desprendimiento de Podemos.

Uno de aquellos líderes, claramente, fue Pablo Iglesias, cuyo ascenso resultó sostenido a pesar de las crisis internas con otros dirigentes de su formación partidaria, hasta forzar una alianza de gobierno con el PSOE y ocupar una vicepresidencia que representaba ministerios clave. Pero dimitió para intentar robustecer la posibilidad de desplazar al PP de la Comunidad de Madrid. No tuvo el eco esperado, al punto que dijo “cuando uno no es útil tiene que saber retirarse” y abandonó la política. Esta semana apareció con un nuevo look y corte de pelo. Todo un símbolo.

“El 15-M pone encima de la mesa una agenda de discusión de cuestiones políticas que hasta entonces no estaban tan politizadas. Abrió grandes cuestionamientos sobre las bases del sistema político español”, sentenció hace unas horas el politólogo Juan Ignacio Estévez, de la Universidad Complutense de Madrid, de donde proviene Iglesias y otros referentes de aquel movimiento. Concretamente, logró un cambio generacional, no sólo por la integración juvenil de las filas de los nuevos partidos sino en los tradicionales. El presidente socialista Pedro Sánchez camina por los 49 años e Isabel Natividad Díaz Ayuso que acaba de retener la presidencia de Madrid, por el PP, lleva 42. No fueron los únicos logros institucionales, y de calidad democrática, a partir de aquellas banderas de “no nos representan”. Pero el bipartidismo parece volver a consolidarse en los últimos tiempos. Aunque la debacle de Unidas Podemos junto a la más pronunciada de Ciudadanos, mientras cobra vuelo Vox, marcaran el rumbo en el futuro cercano.