La comunidad internacional mira con atención la posibilidad de que el activista informático y periodista internacional Julian Assange pueda ser asilado en México, luego de que el presidente Andrés Manuel López Obrador pidiera al gobierno de Joe Biden una “actitud humanitaria”, y a pocas semanas de que el Tribunal Supremo británico habilitara el camino a su extradición a los Estados Unidos, donde le espera una posible sentencia de 175 años de prisión. En una de sus conferencias de prensa matutinas de esta semana, AMLO reveló incluso que, en su momento, le había enviado una carta sobre el caso al presidente saliente Donald Trump, apelando a la facultad de otorgar indultos al final del mandato. «Si usted accede a mi petición, el gobierno de México está dispuesto a ofrecer las facilidades necesarias para que el señor Assange viaje de inmediato a mi país en donde sería recibido en calidad de asilado», le había escrito el mexicano a Trump, sin obtener respuesta, como informó recientemente.

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Este miércoles se cumplieron 1000 días de la detención de Assange en la prisión británica de Belmarsh, desde que fue apresado en las puertas de la embajada ecuatoriana en Londres, tras el levantamiento del asilo otorgado en 2010 por Rafael Correa y retirado por su sucesor, Lenin Moreno. Tomando los días en que empezó a ser perseguido por la revelación de los Wiki Leaks y una causa por abuso sexual iniciada en Suecia y desestimada en 2017, lleva 11 años privado de su libertad. Su entorno asegura que las condiciones en Belmarsh son de “tortura”. En diciembre pasado, su pareja y madre de sus dos hijos menores, Stella Moris, denunció que Assange sufrió un derrame cerebral leve. El declive de su salud fue muy visible en los últimos años. Las imágenes vienen mostrando al activista de 50 años demacrado, envejecido, con una barba tupida y alborotada, signos del deterioro físico y anímico y lejos del rostro juvenil y el cabello prolijo y platinado que ilustraba, entre otras tapas, la de la revista Times.

Durante los últimos días de su estadía en la embajada se decía que solía deambular semidesnudo, que no se aseaba y tenía un humor irascible. La administración de Lenin Moreno utilizó esos síntomas como parte de las excusas ofrecidas para abandonarlo a su suerte, acaso para ganar el favor del poder del Norte, con el que decidió alinearse una vez que arrió las banderas del partido de Correa, con el que llegó al poder.

Tras la declaración de López Obrador, el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, informó que los abogados de Assange están enterados de la oferta de asilo, aunque no la pueden tomar en el corto plazo «por razones procesales». Varios organismos y activistas se manifestaron a favor de esa posibilidad, como el Grupo de Puebla, y por su libertad en general, desde Noam Chomsky y Oliver Stone a la Coalición por la libertad de prensa, integrada por una docena de organizaciones civiles como Anminstía Internacional, Reporteros Sin Fronteras y Human Rights Watch. Este conglomerado denunció que el mes pasado detectó un plan de la CIA “para secuestrar y asesinar” a Assange.

La situación se complicó tras el fallo que habilitó la extradición. Esta había sido bloqueada por una jueza en primera instancia, al considerar que el periodista corría riesgo de suicidarse por su frágil salud mental. Pero los abogados de Washington apelaron y el pasado viernes el tribunal de apelaciones de Londres les dio la razón, pasándole el caso al organismo que tiene la última palabra en estos temas: el ministerio del Interior británico. Los jueces aseguran que el peticionante proporcionó “un paquete de garantías» sobre la integridad de Assange, incluso accediendo a trasladarlo a Australia, su país de origen, si es condenado por los 18 cargos que le imputan, entre ellos espionaje, por haber filtrado información sobre crímenes de guerra cometidos por los Estados Unidos en las misiones en Irak y Afganistán.

Quien no tiene mayor simpatía por Assange es el actual presidente estadounidense. Joe Biden era vice de Obama cuando estallaron los Wikileaks. Entonces llamó a Assange “terrorista tecnológico” y un “conspirador”.  «